Cuidado con los criminales emocionales
Por Wanda E. Vázquez / Especial El Nuevo Día
Alerta
con el acoso sicológico, se pudiera convertir en
un juego muy peligroso.
A
veces las personas que pasamos por etapas de negación,
obsesión y frustración en las metas, objetivos
y propósitos que teníamos para obtener algo
de otra persona iniciamos un juego de poder. Asimismo,
un juego de manipulación. Un juego
de intelecto. Un juego de valor personal.
¿Por
qué no un juego sexual? ¿Y hasta
un juego de maltrato físico, sicológico
y espiritual? Un yo puedo ser mejor que tú o que tu
rival, o tu pareja de fantasía, o que el recuerdo de
tu fantasma. Simplemente, lo que te excitaba, emocionaba y
estimulaba a morir se convierte de repente en tu pesadilla,
condena, infierno y ruina existencial el tiempo que decidas
jugar este juego...
Podría
ser más peligroso que jugar con fuego.
¡¡¡Pues sí!!! Lo es
Es como
una ruleta rusa y el tiro final de muerte, lo quieras o no
es para ti. ¿Qué te parece? Nada divertido.
No,
no es diversión, ni placer, ni alegría, ni felicidad,
ni emoción la que te produce este juego de idiotas,
donde el más tonto es el que juega a ganar con un apostador
de la mentira, engaño, traición, falacia, pero
más que nada patología de la mejor calidad,
hasta lograr matarte sin que te des cuenta que el cuchillo
o espada mortal apunta a tu corazón.
¿Cómo
funciona esta mente maquiavélica perversa? ¿Qué
le atrae de tu persona? ¿Por qué te escogió
a ti y a otros como tú? ¿Qué te mantiene
emocionalmente apegado a un ser así? Y lo mejor, ¿por
qué es tan divertido para el criminal emocional
hacerlo y salir airoso sin mancha de pecado, culpa o remordimiento?
Daño
permanente
En una relación entre víctima y victimario por
acoso sicológico existe un daño permanente en
la autoestima, autoconfianza, automérito y autocontrol
de la víctima.
En
todo momento se le ha hecho creer que no vale nada y que,
por lo tanto tampoco podría hacer nada sin su acosador.
Es vital y necesario el proceso de ayuda física si
es que la persona ha caído en un enfermedad ocasionada
por el maltrato tales como migrañas fuertes, dolores
de espaldas, reumas, mareos, dolores de oídos, garganta,
dolores de pecho o hipertensión, etc., etc.
Si
es mental o sicológica su enfermedad entonces estará
generalmente sumergida la persona en una depresión
grave, severa o crónica, no tendrá deseos
de vivir y pensara que lo mejor es no estar en este mundo.
Necesitará y será esencial el apoyo y la ayuda
sicológica, siquiátrica o de algún
experto de la conducta.
Si
su mal es espiritual es posible que sea un ser humano triste,
agresivo, desconfiado, incrédulo y que Dios o la
Fuerzas Superiores Supremas no representen nada en su vida.
Es
aquí que es recomendable la lectura de superación
personal, La Biblia si cree en Dios y los textos de autoayuda
más la visita a algún centro religioso o espiritual,
aun cuando no sea una iglesia.
Víctimas
vulnerables
A grandes rasgos las víctimas son muy estudiosas,
trabajadoras, excelentes visionarias de cambios organizacionales,
culturales y sociales. No les gusta perseguir, acosar, mentir,
engañar o traicionar a otros.
Y
lo mejor que tienen las víctimas vulnerables es que
son tan leales, fieles, perseverantes y conservadoras en
sus principios y valores morales, que no creerían
jamás que alguien que te quiere te podría
matar lenta y silenciosamente... y disfrutarlo. Ahí
radica su mayor error, equivocación y estado de enajenación.
¡Qué barbaridad!
¿Cómo
creer que él te escuchó hablar tanto tiempo
de todo lo que te gustaba, motivaba, interesaba, valorabas
y creías, ciegamente compatible contigo, era tu asesino?
Esto es imposible de entender con la razón, con el
corazón, con el alma. No puede ser.
¿Cuántas
veces les dijiste a tus familiares, amigos o consultores:
No, están mal. Eso no es así. Ustedes,
no lo conocen, yo sí, sé que es un ser muy
noble. Duele aceptar la realidad.
¿Cómo
no te va a doler? Si te han clavado un puñal en el
centro de tu corazón. Si te han robado el alma. Si
lo peor es que le serviste en bandeja de plata -como le
sirvieron a Salomé la cabeza de Juan Bautista- tu
corazón y le diste todo, todo lo que necesitaba para
cometer un crimen emocional perfecto. Sin sangre, sin manchas
o huellas del delito, sin evidencias de su maldad.
La autora es investigadora educativa.
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