Benyi Arregocés Carrere
para Consumer.es
La ayuda de los compañeros, junto con un psicólogo
y un abogado formados, son fundamentales para defenderse
de los ataques
El
"mobbing" o acoso psicológico en el trabajo
es un problema latente en nuestra sociedad, aunque desconocido
todavía para la inmensa mayoría. Se estima que
más de 2 millones de personas sufren psicoterror- término
que utilizan los expertos para definir sus efectos- por culpa
de sus hostigadores en administraciones y empresas españolas.
Para resolverlo, además de la ayuda de los compañeros,
es fundamental dar con un psicólogo y un abogado especializados
en este problema.
Si
no están formados en el tratamiento de mobbing, la
situación del paciente puede incluso empeorar.
Acoso
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acoso
moral
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Los
hostigadores, ya sean jefes o compañeros, emplean diversas
tácticas para aniquilar a la persona. Por ejemplo,
les mandan trabajos que deben entregar en un plazo de tiempo
imposible de cumplir, les asignan tareas de menor cualificación
profesional que la que les corresponde, les insultan y gritan
delante de terceros, ignoran su presencia aunque estén
enfrente, manipulan a los demás con datos falsos, les
ponen trampas, les evalúan de forma negativa... El
listado es inacabable.
"El
acosador actúa por celos profesionales. La víctima
se ha vuelto amenazante por su comportamiento laboral extraordinario
o porque conoce irregularidades, por ello procura la destrucción
psicológica del trabajador", explica Iñaki
Piñuel, psicólogo y escritor de libros como
"Mobbing, manual de autoayuda" (Aguilar) o "Cómo
sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo"
(Sal Terrae). Es habitual que las personas acosadas sean brillantes
en su trabajo y también que los atacantes no tengan
ningún trastorno ni enfermedad. Además, el apoyo
de los compañeros es nulo en estos casos o son inconscientemente
partícipes en el psicoterror. Según el Barómetro
Cisneros, cinco de cada seis personas que sufren acoso laboral
son abandonados por sus colaboradores y la organización
no hace nada por evitar los ataques.
"Quien
acosa busca el perjuicio de la víctima para que falle,
dude, trabaje mal o cometa errores. Entonces, las personas
comienzan a ser sombras de lo que fueron. En ese momento,
el efecto del acoso es presentado por el hostigador como el
hecho que confirma todo lo que afirmaba sobre esa persona",
describe Piñuel. Según datos que maneja
este psicólogo, las mujeres tardan una media de 15
meses en percatarse de que están siendo víctimas
de acoso moral, mientras que los hombres necesitan 18 meses.
José
Luis González de Rivera y Revuelta, Catedrático
en Psiquiatría y autor de "El maltrato psicológico"
(Espasa-Calpe), afirma que se produce un cambio en la personalidad
y manera de entender la vida de los afectados, porque observan
que su esfuerzo para progresar en el trabajo no sirve, lo
que provoca desilusión, desencanto, la pérdida
de la capacidad de superación y una crisis psicológica
profunda. "El acoso sigue un curso crónico:
primero provoca incapacidad psicológica, con cuadros
depresivos, después cambios de carácter. La
persona se vuelve hostil y desconfiada, lo que en lenguaje
popular se llamaría amargada".
En
los dos últimos años, informa Piñuel,
las víctimas de acoso moral han tenido 20 días
de baja laboral más que las personas que no lo han
sufrido. Incluso se dan casos en los que el afectado enferma
físicamente y contrae cardiopatías, infartos
o fibromialgias debido a los momentos de extrema tensión
que vive. "Es una situación de imposibles:
deben trabajar para ganarse la vida pero cuando lo hacen,
les machacan y les hacen vivir como en un campo de concentración",
expresa Piñuel.
Una
víctima
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víctima
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"No
sabes por qué te ocurre y no le das crédito
a lo que pasa. Te preguntas, ¿por qué me está
sucediendo esto a mí? ¿qué he hecho?",
revive María, nombre ficticio de una víctima
real de acoso psicológico en el trabajo. Este problema
es más habitual de lo que se pudiera pensar. Las cifras
indican que, hoy mismo, más de dos millones de personas
en España sufren el mismo ritual de destrucción
personal que padeció María. "El trabajador
no asume que le acosan, porque cree que esa situación
es una parte connatural de su empleo", afirma Dolores
Hernández, representante de uno de los mayores organismos
sindicales españoles.
María
es médico. Todo comenzó cuando la trasladaron
de hospital. Su nuevo jefe decidió relegarla. Primero
la tuvo sin puesto de trabajo, luego le dio uno, pero aparente
porque no tenía ningún papel. Ese fue el inicio
de un periodo de humillaciones, en el que fueron participando
también algunos de sus propios compañeros, mientras
la mayoría se inhibía de defenderla. Narra que
manipulaban en su contra con comentarios falsos por la espalda
y el personal de enfermería le comenzó a faltar
el respeto y a no informarle de lo que debían. No tenía
asignado siquiera un ordenador. "No te agreden físicamente,
ni te insultan en persona delante de otros, pero te intentan
destruir como persona".
"Sentía
extrañeza -recuerda-, no entendía que
me dejaran sin trabajo, aislada, sin participar y comiendo
aparte de mis compañeros". Del estupor pasó
al insomnio y, después, al cansancio extremo. Le abrieron
expediente disciplinario y la dejaron sin empleo y sueldo.
"Continuamente intentaba demostrar que era una persona
normal y que no pretendía hacer daño a nadie".
Durante todo un año, estuvo soportando sola el acoso.
"Una sabe que no ha hecho nada, pero al final acaba
pensando que algo malo habrá hecho", confiesa.
Hoy,
María está en excedencia y bajo tratamiento
de estrés postraumático. El jefe hostigador
emprendió acciones legales contra ella como una táctica
más de acoso, y el asunto se encuentra en los tribunales.
La representante sindical aconseja acudir lo antes posible
a un abogado y a un psicólogo expertos en mobbing para
que los afectados puedan entender lo que les está ocurriendo;
también recomienda no dejar el empleo.
Tratamiento
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ayuda
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Lo
peor que puede hacer un acosado es dejar pasar el tiempo sin
hacer nada. Los expertos afirman que es una situación
que se agrava. Cuanto más tiempo se sufre, más
daño se produce. En la mayoría de las ocasiones,
indica José Luis González de Rivera,
la persona necesita de un tratamiento para recuperar su autoestima.
Incluso cambiando de trabajo, de jefe o de compañeros
de trabajo, la víctima del mobbing necesitará
un tiempo para recuperar su autoestima. Los cuadros clínicos
más habituales son depresión, ansiedad o síndrome
de estrés postraumático, la secuela más
grave que tarda entre tres y cinco años en curarse
con tratamiento.
Es
determinante encontrar un médico que esté preparado
para afrontar casos de acoso moral. Conviene dirigirse a los
colegios de psicólogos locales en busca de un profesional
formado en este tipo de situaciones. "Los que no lo
están cargan sobre el afectado un proceso de victimización
secundaria que agrava todavía más el problema.
Diagnostican, por ejemplo, falta de habilidades sociales de
la persona acosada, cuando lo que realmente ocurre es que
está siendo objeto de una agresión. También
le llegan a recetar medicamentos, cuando lo que necesita es
apoyo para salir de la situación. Estos tratamientos
son de corte culpabilizador y, por no entender bien la auténtica
dimensión de la situación, perjudican en vez
de ayudar", revela Iñaki Piñuel.
El
camino correcto, según los especialistas, es que la
persona sea la protagonista de su recuperación. "No
es un enfermo, sino un trabajador dañado, un "no
paciente", que necesita apoyo y entrenamiento",
señala Piñuel. "Debe entender
el daño que se ha producido, pero sin exagerarlo",
apunta González de Rivera. A grandes rasgos,
estos son los puntos claves que debe tener en cuenta la víctima
de acoso moral para escapar de esa situación, según
informan Piñuel y González de Rivera:
Se debe tener consciencia de la inocencia.
El acoso es indebido. No hay nadie que merezca el hostigamiento
en el trabajo. La víctima llega a creer que se lo merece
y sus compañeros piensan que si es hostigada habrá
motivos para ello. Incluso la pareja llega a dudar de la víctima.
Se
debe realizar una desactivación emocional
para mantener la calma necesaria y transmitir la convicción
de la propia inocencia. Es importante no autoagredirse, no
pelearse con las personas queridas sólo para desahogarse.
Tampoco se deben cometer errores, conviene ser muy cauto ya
que, involuntariamente, se pueden dar argumentos a los hostigadores.
Hacer
frente a quienes le acosan.
No quedarse pasivo frente al ataque, pero tampoco encararse
agresivamente, pues se compromete su posición, porque
los hostigadores proyectan que la persona no vale, que está
fuera de sí, etc. Lo adecuado, dicen los expertos,
es mantener una postura asertiva, autoafirmativa y una respuesta
organizada. Por ejemplo, pedir cuentas de cuál es la
razón por la que se le está maltratando. También
utilizar los recursos defensivos que prevea la organización
de la empresa o acciones legales.
Justicia
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navarrete
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Hasta
el momento, los hostigadores logran sus propósitos.
Dice Piñuel que en el 80% de los casos, la única
salida que tiene la víctima es cambiar de trabajo,
cesar o pedir el traslado. Según el Barómetro
Cisneros, 2.300.000 personas sufren este psicoterror en España,
es decir el 15% de la población activa ocupada. "Muchas
bajas voluntarias son producto del acoso moral, aunque no
se diga. Abandonan el puesto diciendo que no han sido capaces,
que les han dado demasiada responsabilidad, pero lo que ha
ocurrido es que les han hostigado", sostiene Dolores
Hernández, como representante sindical. Y resulta muy
preocupante saber que, según Piñuel, 5 de cada
100 afectados en nuestro país -115.000 personas- piensan
a diario en suicidarse para escaparse de esa situación.
Según
Hernández, el acoso moral se da con más frecuencia
en el sector servicios y en la función pública,
y también se encuentra muy vinculado a las situaciones
de precariedad laboral, rotaciones de puestos de trabajo y
falta de formación de los trabajadores. Recomienda
que si existe acoso, el primer paso sea ponerse en contacto
con los representantes de los trabajadores, el comité
de salud o los delegados de prevención. "También
conviene hacer intervenir a la inspección de trabajo
de inmediato, ya que el mobbing incluye también riesgos
psicosociales".
El
siguiente paso es iniciar acciones legales, aunque el acoso
psicológico sea difícil de probar. Es fundamental
elegir un buen abogado, preparado para tratar estos asuntos.
Como sucede con el tema de la inmigración en todo el
país, actualmente algunos colegios profesionales emiten
certificados de formación específica. Esto sucede
en el País Vasco, Jaén y Granada. Se está
estudiando implantarlo en Sevilla y en Asturias, y es previsible
que la idea se expanda pronto por toda España.
Cristóbal
Molina Navarrete, Catedrático de Derecho del Trabajo
y Seguridad Social de la Universidad de Jaén, revela
que los procesos judiciales iniciados no sobrepasan el 3%
de los casos que suceden, aunque el número haya crecido
bastante. "Muchas personas no lo denuncian, pero sí
lo plantean a través de acuerdos con las empresas.
Por ejemplo, una persona con 20 años de trabajo se
va con una indemnización superior a la que le correspondería
con el fin de intentar paliar los perjuicios sufridos. En
otros casos, la inspección de trabajo actúa
en labores de mediación y arbitraje, antes de que el
asunto llegue a los tribunales", explica.
De
momento, existen pocas sentencias. Molina Navarrete
dirige un observatorio sobre riesgos psicosociales, que publicará
sus resultados definitivos en el último trimestre del
año. Adelanta que tras el análisis de 200 sentencias
de Cataluña, País Vasco y Galicia, las tres
comunidades autónomas cuyos tribunales han dictado
mayor número -lo que no quiere decir que se produzcan
más casos de acoso-, el 55 % son favorables a la víctima.
El
consejo de Molina Navarrete es que los profesionales
que estén convencidos de que han sufrido un acoso fuerte
y grave durante un tiempo prolongado acudan a la tutela penal.
A través de ellas se pueden imponer penas de cárcel,
aunque por eso mismo las pruebas deben ser muy sólidas.
Si el psicoterror no ha sido intenso, no ha durado más
de 2 ó 3 años, los funcionarios pueden acudir
a la vía contencioso-administrativa, y los que trabajen
en empresas iniciar procesos laborales. En ambos casos se
puede recurrir a la vía civil. "Pienso que
la sanción ejemplarizante debe estar en las indemnizaciones,
no en la cárcel. Y, además, de una cuantía
que resulte no sólo reparadora sino disuasoria. Lo
que le duele al acosador o a la empresa que deja acosar es
que le toquen el bolsillo, no una pena de cárcel que
no va a cumplir", reflexiona el Catedrático
de Derecho del Trabajo.
La
discusión entre los juristas y conocedores del tema
versa sobre si se debe cambiar la legislación para
recoger el delito de acoso psicológico en el trabajo.
Hernández opina que sí y que es conveniente
considerarlo como enfermedad profesional para que el trabajador
tenga más cobertura y se pueda prevenir mejor. En cambio,
Molina Navarrete considera que se debe combatir la
convicción de que no se puede hacer nada sin una normativa
específica. "Se dice que hay indefensión,
pero no es cierto, porque nuestro ordenamiento jurídico
hoy por hoy sí puede abordar el acoso moral. También
sucede que nadie se ha tomado el asunto en serio, ni jueces,
ni fiscales ni abogados, que, por otra parte, no se han formado
en este tema. Se lavan las manos esperando que llegue una
actitud mesiánica que lo resuelva", denuncia
Molina.
El
acoso moral se puede contemplar en el delito de trato vejatorio,
donde está bien descrito, y tiene penas de 6 meses
a 3 años de cárcel, explica el Catedrático
de Derecho del Trabajo. Hace un año, dice el experto
en leyes, se planteó en el Parlamento una Ley Orgánica
para modificar el Código Penal, en la que se proponía
una pena de doce fines de semanas de arresto para los hostigadores,
en línea con otros países donde está
regulado específicamente el acoso moral. "Si
se llegara a aprobar sin modificaciones, sería un desastre
equivalente a incentivar el acoso, porque con la actual legislación
las penas para los atacantes serían mayores",
enfatiza.

http://www.asociacion-nuevaluz.es/mobbing.htm
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