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Respuesta a las preguntitas desgraciadas


¡Ah, cómo me gusta escucharte hablar así: Refinadamente! Tú, mi amor, me vuelves loca. Esa piel dorada, canela, que tan bien le va al mexicano de facciones finas, perfil recto, labios delgados y cabellera lánguida. Observé, cuando entraste, cómo jugaban las luces en tu cabeza, dándole vida propia a una hermosura varonil que muchas veces, ay, sólo esconde un inmenso vacío mental. Sin embargo, me bastó leer tu mensaje para darme cuenta que eres tan bello por fuera como inteligente por dentro. ¡Y para colmo tienes la barba partida!
Te seré franca, mi adorado Berto: Fuiste el único que abordó el tema con cierta inteligencia. Por eso me digno a contestarte. Pero mírate nada más. Conoces todas las palabras-talismán. Lo peligroso es que crees en ellas. Lo malo es que las dices con convicción. Mi adorado Berto, has entrado a la selva y quieres matar leones sin antes cargar la escopeta. Me lo dijo mi amigo "el maceta sin flores": "Este chico es sumamente inteligente, pero piensa en voz alta. Aún no aprende a ensayar primero lo que va a decir más tarde".

Pero permíteme entrar de lleno al tema, y si no te molesta, discutiremos (siempre civilizadamente, eh), algunos puntos sobre el mito Caín-Abel.
A lo largo de los siglos, los pretextos para inculpar a Abel han sido variados, pero siempre ha sido evidente la falta de veracidad y objetividad de los mismos, además de la debilidad de los acusadores al intentar sustentarlos. El ser humano nunca ha podido, ni podría, probar que la indiferencia de Abel fuera un acto terrorista disfrazado. No mi amigo, estos falsos argumentos se han ido desgastando de forma sistemática con el paso del tiempo, lo que ha llevado, incluso, a mostrar correctamente el pacifismo de Abel.

A partir del siglo pasado, luego de que los Franciscanos de Quaracchi nos ofrecieran los compendios del Seráfico Doctor, todo el mundo sabe que no fue la indiferencia de Abel lo que provocó su muerte. La predisposición al asesinato es la semilla que nace en el alma del asesino desde el momento en que comienza la división del óvulo fecundado. Y aunque, suponiendo, que Abel se hubiera defendido de las garras de Caín, éste lo hubiera asesinado de cualquier modo.

Lo admirable es eso: A pesar de que murió, fue Abel quien salió victorioso y no Caín. ¿Por qué? Por su carácter sapiencial. Abel se dejó matar sin pronunciar una sola palabra injuriosa contra Caín. Y eso, es precisamente lo que lo ha hecho grande a través de todos los siglos, mientras que Caín sigue siendo un barato criminal ante los ojos de todo el mundo.
¿Pero pudo, acaso, en la neutralidad y la beatitud de Abel existir el germen del crimen? Pudo. Claro que sí.

Te lo repito, eres muy inteligente, Bertito. Pero has pasado algo por alto. El destino del hombre exige una opción libre, y su opción se verifica en la actuación perfecta de todas las capacidades humanas, a saber, la práctica de las virtudes cognoscitivas, afectivas y operativas.
Y es que fuera de este camino justo, culto y limpio, no existe para el hombre felicidad alguna que pueda satisfacer sus aspiraciones más profundas. Es cosa de carácter. Entiéndelo. No hay más nada que imaginar.
Fue un gusto volver a verte, Bertito. No me dejes sola por mucho tiempo. Pero si quieres volver a conversar conmigo, hazlo, te lo repito, civilizadamente, porque hay personalidades y hay personalidades. Y yo, lamentablemente, por más que me provoquen no me acostumbro a hablar como los hijo e' putas.

Otro beso

Re : preguntitas desgraciadas -- Vagoberto
de Dama de blanco , May 25,2004,11:47

http://galeon.hispavista.com/razonespanola/re94-ama.htm

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