Entre los animales no humanos
matar a miembros del propio grupo es algo que la naturaleza
penaliza. Parece haber un mandato biológico natural:
" No matarás a tu compañero", so
pena a arriesgarte a desaparecer tú también
con el grupo al que pertenezcas.
¿Existen controladores
de la agresividad en la especie humana?. Sí, los
hay. El miedo reflejado en el rostro de la víctima,
constituye una especie de aldabonazo en el inconsciente
del agresor.
¿Cómo es posible,
sin embargo, que si algo caracteriza a la especie humana
sea, precisamente, la transgresión continua del mandamiento
biológico "No matarás" ?. ¿Cómo
es posible que el ser humano haya hecho de la muerte de
un compañero incluso un arte?.
La respuesta se halla en
la clase de animal que es el ser humano. Por una parte,
hemos inventado recursos para realizar nuestra agresividad
sin ver a nuestros agredidos , por ejemplo: las armas y
las ideas. Las armas alejan a la víctima y las ideas
pueden deshumanizarla, excuyéndola de nuestro propio
grupo.
Poner a la víctima
fuera del alcance de los ojos del agresor ha sido una medida
efectiva para acabar con su vida sin posteriores secuelas
de tipo psicológico. Le confiere una cierta impunidad
emocional. Es evidente que, quien no siente el horror de
sus actos, dificilmente puede sentirse culpable de sus consecuencias.
Por otra parte, hemos inventado
recursos que no influyen negativamente sobre esos controladores,
sino sobre los mecanismos biológicos. La violencia
es, precisamente, la alteración del equilibrio, y
esta alteración tiene un origen fundamentalmente
cultural.
En general, la agresividad
del atacante está mediada por una emoción
básica: la ira; y la del atacado lo está por
otra emoción básica: el miedo.
" No se apiadó,
pese a su rostro de terror. No podia apiadarse porque era
un monstruo sin humanidad. Estra razón anestesió
sus emociones y le impidió ponerse en su lugar en
estos momentos, pues le resultaba imposible empatizar con
quien no personificaba para ella más que el mal ".
La agresividad es innata.
Los seres humanos somos agresivos por naturaleza. Y, en
los seres humanos como en el resto de los animales superiores,
la agresividad se encuentra en equilibrio; hay mecanismos
innatos que la promueven y hay mecanismos innatos que la
regulan e inhiben.
La violencia es otra cosa.
La violencia es la agresividad descontrolada. Ese descontrol
nace, principalmente, de la acción de la corteza
prefrontal. La violencia es el resultado de lo adquirido
a lo largo de nuestra historia personal. La razón
puede hacernos ver al otro como inferior e, incluso, como
no humano. La desvalorización del otro es un elemento
clave. Los ojos del agresor están vendados con la
gasa de la intolerancia. Perciben a la víctima difusamente
como algo, un medio para conseguir un fin. Y la empatia
no se da con algo, sino con alguien.
El violento anestesia las
emociones que debería sentir en esas circunstancias,
y eso le hace impune e inmune emocionalmente y le lleva
a verse a sí mismo como un héroe o como un
mártir de una causa superior. Son sus horribles ideas,
no su obscura biología, lo que está por detrás
de su proceder.
El hacer daño es
la característica de la violencia.