Voy a hablar de mi caso, más allá de
lo que me he atrevido nunca, pero me habéis hecho reflexionar
mucho.
Hace diez años dejé la Administración por la
empresa privada. Encontré el trabajo de mis sueños (modestos,
no tengo estudios). Pero año y medio después, debido
al traslado de mi marido tuve que dejarlo. Sin embargo, conseguí
volver al mismo sitio, definitivamente, ya en el 95. Imaginad lo agradecida
que estaba a mi jefe, que además, se portaba maravillosamente
bien conmigo. Con el tiempo empezaron a correr rumores, sin fundamento
real, sobre la relación que manteníamos. Tanto, que
su mano derecha se permitía el lujo de "rogarle"
que me dejara en paz, que yo tenía mucho trabajo, cada vez
que él se paraba a charlar conmigo.
Capítulo 2
Lo cierto es que me sentía aislada del grupo. Casi todo el
mundo me miraba más o menos mal. De todas formas tenía
tanto trabajo que llegó a desbordarme. El me explicaba que
tenía que defenderme mucho ya que cometía muchos "errores"
(para el mismo trabajo hoy hay cuatro personas con menos del doble
de facturación) Finalmente puso otra persona para echarme una
mano, pero a los dos meses me ofreció un cambio de puesto que
acepté (verano del 97). Ni qué decir lo duro que fue
enfrentarse a unos compañeros que pensaban que había
obtenido la mejora gracias a "otro tipo de servicios". Aquí
mi aislamiento creció, por que a pesar de ser comercial, no
se consideraba necesario mi asistencia a las reuniones de ventas;
de hecho yo no dependía del director comercial, si no de él
directamente, el gerente. Y tampoco era administrativo, aunque la
mayor parte de mi trabajo lo realizara en la oficina. Con el tiempo
y mucho esfuerzo, recuperé el respeto de la mayoría
de mis compañeros e incluso mantengo buenas amistad con alguno
de ellos. Conseguí integrarme en el departamento comercial
y empecé a ver a mi jefe con otros ojos, más críticos.
Hasta entonces él habías sido casi mi único punto
de apoyo: No conocía todos sus comportamientos, pero sí
me vendía muy bien sus razones y argumentos cuando le pedía
explicaciones por algo que no me parecía correcto
Capítulo 3 y última entrega.
Descubrí lo ruin, mezquino y cruel que podía llegar
a ser, con lo cual mi actitud hacia él cambió. Yo ya
no le "adoraba" ya no aceptaba sus explicaciones. Seguí
haciendo mi trabajo mientras me lo permitió. Empezó
con las críticas absurdas (finales de 2000), a responsabilizarme
de los problemas de otros departamentos de la empresa, le quitó
trabajo a un compañero para dármelo a mí (06/01:
en ese momento mi compañero se había reincorporado al
trabajo después de una depresión), sin formación
alguna sobre los productos que me tocaba llevar. Los problemas que
habían quedado pendientes durante la larga baja de mi compañero,
me llegaron a mí, pero esta persona tenía expresamente
prohibido hablar sobre el tema conmigo o con mi compañera:
en febrero, finalmente, obtuve ayuda para el trabajo administrativo
debido a las quejas de mis clientes, ya que yo no podía atender
al teléfono y visitar al mismo tiempo.
No voy a seguir, por que ya me he pasado de fase. Pero después
de leer lo de la seducción, me preguntaba si no empezaría
mucho antes de lo que yo pensé nunca. Después de la
vuelta a casa, mi marido y yo pasamos una mala época de pareja
y mi jefe lo sabía. Ahora me pregunto, sobre todo por que ha
iniciado una relación con una compañera en vías
de separación, si sus atenciones no serían algo distinto
a muestras de amistad. Si mi actitud agradeciendo sus gestos, no hizo
otra cosa que halagar su ego. Si mi casi incondicional apoyo hacia
todo lo que iniciara, solo propició mi caída actual.
Si él era consciente (yo lo era) de la rumorología y
no hizo otra cosa que alentarla.
Con todo, no me arrepiento de haberme mostrado como
soy: de haberle ofrecido un café, cuando he pensado que lo
necesitaba; de haberle sonreido y haberle hecho reir... De ese montón
de cosas que haces con y por las personas que quieres, por que te
salen de dentro. Son un regalo, y no esperas agradecimiento. Pero
tampoco que te roben la vida.
No me llameis pesada, pero es que quiero contribuir
y espero que leyendo mi relato alguien más se anime.
Capítulo 4
Es difícil responder esa pregunta.
Un día el director comercial me cuenta que en realidad, cuando
el antiguo gerente se fue, la "empresa madre" les ofreció
a él y al actual gerente llevar la empresa a medias: uno la
parte administrativa y el otro la comercial y que por eso el gerente
no es su jefe. Esta explicación se me dio cuando ya el gerente
(mi jefe directo) había percibido mi buena relación
con mis compañeros comerciales, incluido el director y había
empezado a criticar el que tuviera "nuevos amigos". Entendereis
los enfrentamientos que hay entre ambos, hasta el punto que decisiones
comerciales son paralizadas por la parte administrativa, rara vez
ocurre al contrario.
Realmente no vi venir el conflicto, pero sí me di cuenta que
si no volvía al redil, se agravaría. Yo ya entonces
no estaba dispuesta a hacerlo.
Besos, voy a seguir con la siguiente fase.
Capítulo 5 ¡qué empacho vais
a pillar!
Mi jefe es conocido por sus cambios de humor. Lo
mismo es realmente encantador, como la persona más desagradable
que puedas echarte a la cara. De hecho, cuando algún compañero
quiere hablar con él lo primero que hace es preguntar "¿Cómo
está el niño hoy?" Pero, evidentemente, puede ser
siempre desagradable con una persona. Y me tocó a mí.
Al principio eran críticas. Después se negó a
firmarme documentos. Más tarde nunca tenía tiempo para
hablar conmigo, ni siquiera cuando eran cuestiones imprescindibles
para mi trabajo. Me echaba la bronca por cosas que yo desconocía,
me convocaba a reuniones en el momento de su inicio, obviamente, sin
tiempo de prepararlas. En la primera reunión de ventas del
año, ignoró mi presencia, e incluso cuando se habló
de los resultados y nuevos objetivos de cada uno de los comerciales,
a mí me pasó por alto. Llegó a convencerme de
que quería que me fuera.
Un día, después de soltarme una fresca, me llamó
mi marido y no aguanté más: empecé a llorar diciéndole
que no podía más, que yo me quería ir de allí,
que me estaba haciendo la vida imposible........... Al final, conseguí
calmarme relativamente. Estando en mi mesa, una de mis compañeras
me preguntó y le dije lo que había pasado y que además
estaba convencida de que quería que me fuera, pero no entendía
a quién iba a poner en mi lugar. Y ella me dijo: ¿De
verdad no lo sabes? y se me encendió la luz. Más tarde,
la compañera que cumplía los requisitos me preguntó
también, y aunque yo no tenía demasiada relación
con ella, un sentimiento de lealtad o por franqueza (no quería
que le llegasen rumores), me obligó a decirle lo que pensaba,
incluyendo mi convicción de ser ella la candidata. Pobrecita,
no sabía donde meterse, ni como salir de esa situación.
Al final me dijo que era imposible por que estaba saliendo con mi
jefe. ¡Qué peazo de metedura de pata! Firmé mi
sentencia de muerte, por que encima, tonta de mí, traté
de advertirla: si estás casada......no, me estoy separando........
pero si es un inmaduro y un egoísta...... A partir de aquí,
mi jefe ya no se dignaba ni a mirarme. Quedaba con mis clientes sin
decirme nada y si me lo decía era para luego poder decirme
también que iba a ir él solito. Cada vez que discutía
con su novia me llamaba para comprobar que más le había
dicho (jamás volví a hablar con ella del tema).
A mediados de junio me llamó para decirme que
la situación era insostenible, que él no podía
compartir su espacio físico conmigo. Curioso, yo tampoco: ya
sabes lo que tienes que hacer...dinerito encima de la mesa y hablamos.
Pero no volví a saber de él.
A finales de junio descubrí también como me había
estado tomando el pelo con el sueldo. Me cogí una cogorza de
esas que hacen historia. Había dejado a mis hijos con mis suegros
y ni siquiera avisé que iba a llegar más tarde. Mi marido
me llamó: ¿estás borracha? Puez zí, y
máz que pienzo eztadlo.......
Al día siguiente encontre la página mobbing.nu y reconocí
mi problema. Empecé mis vacaciones y me di tiempo; sin embargo,
un día después de incorporarme mi jefe se presentó
cuando no lo esperaba: sufrí un ataque de pánico, en
cuánto salió de la habitación me fui al baño
a vomitar y cuando volví a mi mesa permanecí quieta
escondida tras la pantalla para no verle ni que me viera cuando tuviera
que pasar por delante.
Esa fue la gota que colmó el vaso: acudí al médico
de cabecera y desde entonces estoy de baja. Y gracias a mi psicóloga,
y a toda la gente del foro de la PAM, puedo contar mi historia sin
hundirme en ella.
Gracias Marina, por este nuevo espacio. Por el apoyo
que me has prestado hasta ahora. Por el que vas a prestar a tanta
gente con ésta tu página.

A ver Luna, que hoy eres tú la que me hace meditar. Yo paré
al llegar a esta fase, por que el entorno en mi trabajo es de lo más
complicado. En una ocasión escuché a mi jefe que iba
a despedir a una persona, pero con testigos y pruebas que demostrasen
su incapacidad (yo pensé que se refería a la suya propia).
Esta persona está sufriendo un verdadero calvario. Es un hombre
mayor que no se acerca al ordenador ni por error. Le pasé la
NTP476, el test de Piñuel y la dirección de mobbing.nu,
para que lo hablase con sus hijos y pudieran darle más información.
He hecho lo mismo con una compañera a la que sus "compañeros"
hacen el vacío y alguno se permite el lujo de insultarla y
alguna compañera me ha contado que en su momento estuvo a punto
de ser agredida físicamente. Esto además de lo que hayáis
podido concluir de lo que he contado hasta ahora.

La mejor manera de definir el entorno en mi caso
es decir que todo el mundo vigila su espalda. Nadie sabe de dónde
ni de quién vendrá el golpe. Y todos temiendo perder
su trabajo antes de haber encontrado otro
Hablo siempre de lo que conozco. En mi empresa somos
unas 30 personas. Hay x tipos
a) Los omisos. Estos son los que no están.
Van, hacen su trabajo, procuran pasarlo lo mejor que pueden, y ante
la injusticia miran a otro lado, mientras no vaya con ellos y a veces,
incluso llendo contra ellos.
b) Los despotricadores. Estos hacen su trabajo, y
publicidad de que lo hacen. Realizan comentarios malintencionados
sobre los compañeros/jefes por los que se sienten perjudicados.
Sin embargo, muestran la mejor de sus sonrisas cuando el blanco de
sus disparos está enfrente. Generan un mal rollo impresionante.
c) Los sufridores. Los que están siendo sometidos
a vejaciones, llegando incluso a mostrar síntomas de ansiedad,
depresión, etc. pero no reconocen el problema o no quieren
reconocerlo (todo el mundo tiene problemas en el trabajo), pero la
edad de jubilación está cercana, esperan encontrar otro
trabajo........... Y cada uno que se busque sus habichuelas, que yo
ya lo hago.
d) Los avestruces. Estos son conscientes del problema,
pero les faltan agallas para enfrentarlo. Hablan, se desahogan, lo
que me ha hecho a mí es mas gordo que lo que te ha hecho a
ti, pero cuando planteas "movimiento" cambian de tema, por
que están en situación de "cambiar de escenario"
y eludir así el problema.
e) Los profesionales. Los que se mantienen al margen
de toda relación interpersonal. Se muestran tan distantes que
a nadie se le ocurre explicarle nada, hasta que un día se topan
con la realidad y su respuesta es aún más profesionalidad:
El jefe siempre tiene razón y cuando no la tiene se aplica
lo anterior.

Hay que reconocer que la situación del mercado
laboral no es ni siquiera buena. Comprendo a muchas de estas personas.
A determinadas edades es muy difícil encontrar un trabajo en
el que te paguen tan bien, al fin y al cabo, llevas aquí muchos
años y las cosas no han sido siempre igual, mientras puedas
resistir, resistes, aunque eso signifique llevar una venda en los
ojos, mirar para otro lado, o esconder la cabeza. Al fin y al cabo
tú eres un simple currito y no vas a poder hacer nada (sobre
todo si no lo intentas). Y después de todo, si no están
a gusto conmigo, pues que me echen, con mi indemnización correspondiente
y mi paro.
Lo cierto es que iniciar una "guerra" conlleva
el riesgo de perderla. Y no se puede culpar a nadie por intentar conservar
lo que tanto trabajo le ha costado obtener.
Por ahora, ya basta, os dejo. Besos a todos
Hay una cuestión sobre lo que comentas del
coordinador: su opinión respecto al diagnóstico. Yo
he pedido a mi psicóloga que modifique el mío y que
incluya ciertos aspectos. Va a incluirlos, pero tiene que asesorarse
para realizar modificación del diagnóstico. Ayer, visité
el Centro Asesor de la Mujer. Después de contarle mi historia
a alguien, me han citado para el 29, aunque con la promesa de llamarme
si hay un hueco antes. La cuestión es que también le
planteé lo del diagnóstico, y su respuesta es que el
acoso laboral no está reconocido en el DSM-IV, por eso es estrés
laboral. Yo no sé como has obtenido tú un diagnóstico
distinto. Pero ya sabes por qué opina así tu coordinador:
No se contempla, no existe. Y por otra parte, Isis, no seas cruel
con él: a lo mejor está en la etapa de la seducción.
A veces te entran ganas de tirar la toalla y salir
corriendo hasta que revientes. Yo hoy me he pegado una gritada en
la ducha que espero no haya oído nadie.
Luego he visto a la psico de la Mutua, que se alinea al lado de los
profesionales. Por lo menos me ha dicho que cree que sigo el tratamiemto
correcto para mi problema, aunque curiosamente ella está allí
para realizar un seguimiento pero no puede hacer un diagnóstico.
Si no diagnostica, ¿cómo puede saber que el tratamiento
es correcto? Estoy encantada, desde luego.
Besos, que estoy empezando a pasar de la depre a
la furia y suele traerme malas consecuencias.
