LAGRIMAS QUE AHOGAN

por Nereida Cuenca

Chantaje emocional LÁGRIMAS QUE AHOGAN

Las relaciones humanas no son precisamente un camino de rosas. Entre flor y flor se esconde alguna espina que nos desgarra la carne. El pinchazo se agudiza cuando proviene de personas con las que mantenemos un intenso vínculo que deseamos conservar. Pero este anhelo es aprovechado por muchos, titiriteros de los afectos, empeñados en hacer sombra hasta que el amor se marchita y muere.


-M.M.M.-
Prácticamente todos nosotros conocemos a personas que se valen de mil ardides para que hagamos lo que quieren. Se trata de un chantaje en toda regla y utilizan los sentimientos como valor de cambio. Pero lo que nos deja indefensos es que estos extorsionadores son nuestros padres, hijos, parientes o amigos. Por eso nos quedamos muy aturdidos cuando nos plantean una exigencia como condición para seguir en buena armonía. Sin embargo, acceder a sus caprichos nos produce un malestar profundo que poco a poco se va enquistando hasta transformarse en rencor. Algo nos dice que somos víctimas de una manipulación intolerable, pero nos resulta aún más insoportable negarnos a sus pretensiones por miedo a levantar su ira, provocarles ese silencio helador que tanto nos angustia, o que lleve a cabo sus reiteradas amenazas.

Julia, administrativa de 45 años, se hunde cada vez que su marido apela a la sentencia: «“Con todo lo que yo he hecho por tí”. Llevo diez años casada –dice–, cuando conocí a mi marido, yo atravesaba una etapa muy difícil, y él me ayudó a superarla. Lo que nunca imaginé es que su apoyo me iba a resultar tan caro. Ahora siempre que tomo una decisión que a él le disgusta, zanja la discusión con su típica frase “Julia, qué egoísta eres, con todo lo que yo he hecho por ti, y ahora tú vas y me lo pagas de esta manera” . Él sabe que ese recuerdo me derrumba y acabo cediendo a sus deseos. Tampoco soporto que me diga lo de “Tú verás”. Cuando le anuncio que voy a quedar con unas amigas para ir al cine y luego, si se tercia, tomar algo por ahí, él sólo contesta: “Tú verás lo que haces, eres mayorcita” . Como el tono que utiliza me desagrada, intento cerciorarme de que de verdad no le importa que salga; pero él vuelve a repetir; “Ya te he dicho que tú verás...”. No sé por qué pero esas palabras me hacen sentir culpable y acabo quedándome en casa aburrida y rencorosa.»

No todos los extorsionadores tienen el mismo estilo, asegura Susan Forward, autora del libro Chantaje Emocional. Algunos son pasivos y otros muy agresivos; algunos son directos y otros extremadamente sutiles; algunos revelan las consecuencias exactas que padeceremos si los disgustamos y otros recalcan lo mucho que les hacemos sufrir, pero todos tienen algo en común: su comportamiento manipulador. Además, el chantaje emocional suele producirse en el contexto de una relación con muchos elementos positivos. Sabemos como es el otro en su mejor momento y permitimos que el recuerdo de las experiencias agradables eclipse la sensación de que algo no funciona.

Fátima, estudiante de arte dramático de 23 años, es otra víctima de chantaje emocional. Como en los últimos tiempos se notaba demasiado triste ha decidido poner fin al apagón. “Yo tengo dos madres, la biológica y la mujer que me ha cuidado durante veinte años. Mi madre biológica ha tenido una vida desdichada y cuando nací ella se sintió incapaz de sacarme adelante, así que buscó a una persona para que me atendiera. Desde los tres meses viví con una familia normal, es decir, compuesta de padre, madre y cuatro hermanos. Mi nueva familia, a la que quiero mucho, se ha desvivido por mí y me ha enseñado muchos valores, sobre todo el de lucha y aprecio por la vida.

Mi madre biológica siempre se ha mantenido en contacto conmigo y nos veíamos a menudo. Aunque a ella le gustaba fantasear con cuidarme, nunca se atrevió a dar el paso. Cuando cumplí veinte años me propuso que nos compráramos un piso y recuperásemos el tiempo perdido. Me despedí de mi familia con mucho dolor, pero a la vez me resultaba estimulante el reencuentro con ella. Sin embargo la experiencia no ha resultado todo lo bien que imaginábamos. Mi madre se pasa el día lamentándose por haberme dejado al cargo de otras personas. Ahora para compensar, sólo quiere retenerme y dispensarme atenciones propias de niño pequeño. Me hace sentir culpable cada vez que salgo con mis amigos porque, dice, les prefiero a ellos antes que a ella. Tampoco aguanta que hable y visite a mi otra familia, debido a sus celos. Me chantajea con la comida: si yo no estoy en casa, no prueba bocado, algo que me saca de quicio por su endeble salud. Mi deseo es que tengamos una convivencia agradable y vivir el presente en lugar de los años perdidos, como ella pretende. No soporto que sufra, por eso he acudido a un terapeuta que me ha enseñado algunas formas de tratarla. Me parece que ella sigue sintiéndose igual, pero yo he conseguido liberarme de la culpa, y eso, es mucho”.

El chantajista emocional es una persona insegura, llena de miedos, que teme perder nuestro cariño. Sin embargo, en lugar de aceptar sus temores, se las apaña para hacernos creer que somos nosotros los necesitados, los que sin ellos andaríamos perdidos por el mundo, en definitiva, llegan a convencernos de que todo lo que nos imponen es por nuestro bien. Para conseguir que acatemos sus deseos, han aprendido a provocarnos la culpa y hacernos dudar de nuestras decisiones. Se aprovechan de la inquietud que nos produce estar a malas con ellos, aunque accedemos a sus exigencias para aplacar nuestro malestar, nos quedamos con la mosca detrás de la oreja; es como si estuviéramos obligados a “pagar” para obtener el amor y el respeto de las personas que apreciamos. Con nuestra sumisión, logramos que la tormenta no estalle, sin embargo se trata de una calma que hace aguas por todas partes, ya que el resentimiento va llenando de números rojos una cuenta que debería rebosar de afectos. Si no queremos caer en la bancarrota del amor, debemos poner límites a esas relaciones tan abusivas.

Una de las claves para liberarnos de la manipulación, aseguran los expertos, es determinar dónde empiezan y terminan nuestras responsabilidades hacia los demás. La solución pasa por crear relaciones nuevas y sanas no sólo con los chantajistas de nuestra vida, sino con uno mismo. Como dice Manuel J. Smith en su libro Cuando digo NO me siento culpable podemos complacer a alguien temporalmente haciendo lo que desea, pero esa persona deberá cargar sobre sus propios hombros todo el esfuerzo, el sudor, el dolor y el miedo al fracaso necesarios para ordenar su existencia con miras a la salud y la felicidad.

Nereida Cuenca

 

¿ERES VíCTIMA DE CHANTAJE EMOCIONAL?

Para saber si eres blanco de un chantajista, previene Susan Forward, observa si las personas que consideras importantes:


• Amenazan con volverte difícil la vida si no haces lo que quieren.
• Amenazan constantemente con poner fin a la relación si no haces lo que quieren.
• Te dicen o dan a entender que se abandonarán, se harán daño o se deprimirán si no haces lo que quieren.
• Siempre quieren más por mucho que les des.
• Habitualmente ignoran o no hacen caso de tus sentimientos y aspiraciones.
• Hacen generosas promesas que están supeditadas a tu comportamiento y rara vez las cumplen.
• Te tratan de egoísta, malo, interesado, insensible o descuidado cuando no cedes.
• Se deshacen en alabanzas cuando cedes y las retiran cuando te mantienes firme.
• Utilizan el dinero como arma para salirse con la suya.

Para saber más, los libros:
Chantaje Emocional, Susan Forward. Editorial: Martínez Roca.
Cuando digo No me siento culpable, Manuel J. Smith. Editorial: Grijalbo.

Extraído de http://www.map.es/gobierno/muface/o176/bien.htm


Fase Seducción

Acoso Moral