SANDRA CORREA: CHIVO EXPIATORIO


 

Sandra Correa: chivo expiatorio

¿Por qué Sandra Correa se defiende en Derecho?

Porque el Derecho Universal, a través de la Carta Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas, proclama la calidad de INOCENTE mientras no se demuestre culpabilidad, como uno de los pilares fundamentales de los Derechos inalienables del hombre y el ciudadano. Porque si bien en el Ecuador no existe seguridad jurídica -respeto a la Ley- ya que el país político despojó al país jurídico, de este elemental derecho humano, lo cual vuelve a nuestra nación peligrosa y sin garantías. No pertenezco al sistema de pactos, donde se tranza, fabrica, y maniobra culpas e inocencias; defiendo el uso del Derecho para la defensa y acusación de todo ciudadano; tengo fe en que la verdad jurídica de mi caso sirva para que impere la justicia; sé que la verdad procesal de los hechos y verdad de esos hechos, no se negocia en detrimento de la Ley. Aunque aprendí que el dinero lo usan para la inhumanidad de ensuciar inocentes, así también, para la inmunidad e impunidad de limpiar culpables.

¿En definitiva Ud. cree que sí existe Justicia en el Ecuador?

No, porque el sistema actual celebra incumplir la Ley; todo se dice con la máscara de papel conque hoy se exhibe la justicia. Si bien todo ciudadano tiene derecho a defenderse en Derecho, estas reglas de juego, violadas, determinan la inexistencia de justicia; la inseguridad jurídica campea; no existen garantías humanas peor constitucionales; barbarie inquisitorial civilizada, que al penalizarlo todo, hizo de la justicia, una mercancía merced al mejor postor. Corrupción que no fomenta el desarrollo de relaciones sociales que sustenten nuevos procesos, sino su decadencia, lo que agudiza el estado de total Indefensión de quienes, por inocentes, no tenemos ni optamos por redes adulteradoras de la Ley escrita, medio en el que prima el interés político de usarla para fines contrarios a su espíritu. Experimento la injusticia de los “buenos de turno” que disparan a matar, sin importarles que el blanco sea inocente; persiguen que la declarada culpable, acepte como verdad su versión de los hechos; usan la “inducción a la culpa”, como método de tortura psicológica.

¿En nuestro país la Justicia está politizada?

También, pero sobre todo la política esta judicializada. Me explico. Se usa la operatividad del sistema judicial, para abrir procesos políticos destinados a no resolverse por la vía del Derecho. Sin opción a Ley ni prueba a favor, se confina al sindicado a la pena máxima, el limbo. Resulta entonces una realidad, que la sana competencia con un rival, ya no existe, porque para deshacerse del rival, se recurre a maniobras no éticas, como por ejemplo cuando se uso la justicia para justificar el golpe contra Bucaram.

¿Lo político es el único escenario para la judicialización de la que habla?

No solo, en mi caso se dio algo más grave, la judicialización de la noticia. Es que en la mentalidad del pensamiento único, ser distinto es visto como un horror y error; defender que el fin está en los medios usados, no que el fin justifica los medios usados, dejó ver que era distinta; pretendí se respete la diferencia; “error” y horror usado en lo mediático, para justificar el deshacerse de Sandra Correa, mediante la campaña de desprestigio gatillada en su contra. Escenarios –ambos- que violan las garantías del debido proceso, y veracidad periodística. En mi caso, no fue el juez competente (Art.24 N.11), sino un juez ajeno al Derecho, quien dictó el, a priori, juicio condenatorio, por una falta que en once años, pedida la precisión legal, ¡nadie sabe cuál es! Ahora, ni el mismo juez mediático que dictó el prejuicio, lo sabe.

¿Por qué no denunció ni se defendió ante este atropello?

Lo hice, como documentadamente consta, pero también fue invisibilizado. En mi caso, como fui, a priori, sentenciada, se pasó “del silencio de la Ley, a la ley del silencio”. Mi lucha en solitario, muestra el velo de indolencia corrido. Que desigual defenderse ante un fallo mediático condenatorio dicho con anticipación al proceso, a la par que publicitado en un escenario sin reglas de juego, ajeno al respeto a la Ley y el Derecho; tinglado armado para negar y volver inaudible todo lo que no reprodujera el prejuicio firmado con sello de investigación periodística. Me asistía la razón, las pruebas de descargo, mi inocencia de hecho y en Derecho comprobada. Más, todo estaba ya conculcado por la palabra del juez mediático, quien con carácter de “caso cerrado” dictó su veredicto, al paso, frente a una cámara y micrófono sustitutos de la Ley. Ante ello, todo lo que dijera, era usado en mi contra.

¿Ud. entonces fue condenada por un prejuicio?

Así es, dado que en el supuesto caso no consentido de que haya cometido alguna falta, jamás se usó la Ley; en su lugar, se usó el prejuicio, para legitimar que se me niegue el derecho a ser juzgada por mi juez natural, en un juicio justo, garantizando ejerza mi legítima defensa en libertad, a que me demuestren porque no era inocente, y no al revés, cuando el prejuicio hizo que toda la carga de la prueba de inocencia quede en manos de la parte más débil; mientras la parte acusadora fue relevada de dar ninguna prueba, porque con el prejuicio bastó. Mi juez natural no era el hábil de la comunicación que dictó el fallo mediático en mi contra, a pesar de que, como consta en el proceso, antes y después del 27 de marzo de 1997 (inició el juicio), por escrito y oficialmente, se le solicitó rectifique su error.

¿Por qué cree que este hábil de la comunicación se ensañó contra ud?

No contra Sandra Correa como persona, sino como parte de un gobierno que no era aprobado por un sector dueño de estos espacios. Porque como Ministra de Educación Cultura y Deportes asumí la responsabilidad de trabajar para este sector, y ello, aplaudido en otros momentos, entonces fue imperdonable. Por calculismo electoral, ya que el referido hábil, experto en convertir el rumor en prueba plena, se candidatizó en 1998 a Presidente del Ecuador, lo que desnudó su premeditado interés de campaña, propiciar el linchamiento de una inocente, él lo sabía, más, eso no importó, porque lo que contaba era el objetivo electoral de su sueño presidencial. Muestra visible de su límite mayor, no rectificar el error cometido, ni reparar el daño causado.

¿Qué tan cercano fue el vínculo Bucaram-Correa?

El ser parte de un equipo de trabajo, con posibilidad de materializar una política de educación pública destinada a escolares ecuatorianos de escasos o ningún recurso económico. Más, los peros endilgados a Bucaram, me fueron atribuidos para justificar la violencia perversa desatada en mi contra. “El rumor, herramienta por excelencia para la persuasión de masas, la comunicación manipulativa, y la influencia sobre el pensamiento colectivo”, continuamente repetido, se usó para forjar un vínculo moral, político, ético, sin explicitar las profundas diferencias. Se negaron a ver que Sandra Correa era distinta, a pesar de que apoyó un proyecto político en el espacio de su competencia, tan así, que a propósito se invisibilizó mi rol ejecutor, técnico, pedagógico de coherencia entre concepto, procedimiento y actitud en la educación pública; calidad materializable con apoyo de infraestructura física y didáctica capaz de equipar la red de servicios educativos básicos de mayor cobertura, 1’200 mil educandos beneficiados.

¿Cree que la opinión pública no comprendió su actuación en el Ministerio de Educación?

No solo la opinión pública, sino el Presidente, la Vicepresidenta, el Gobierno todo, porque no bastaba llevar adelante un proyecto y política social intergeneracional en educación, de tanta envergadura, y que tanto bien hubiera hecho, con solo declararlo y firmar un Decreto de Emergencia. La campaña orquestada, muestra su objetivo, hablar de lo que ni hice ni soy, para desviar la atención de lo que sí hice y sí soy, jugarme por la educación, y defender el principio de no violencia, ¡ejerciéndolo!.

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