Autoestudio

Para el Estudiante Serio de la Individualidad:
Una Caja de Herramientas para el Autoestudio
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por Craig Chalquist
Traducción de Cheryl Harleston

Nunca jamás des por hecho que te conoces a ti mismo o que estás completamente familiarizado con determinadas facetas de ti mismo.

Esta grandiosa suposición mata la investigación: ¿Para qué explorar lo que ya "conoces"? Quizás también sea el factor disuasivo más importante para averiguar acerca de ti mismo.

Sé brutalmente honesto contigo mismo.

De entrada, puedes dar por hecho que tienes algunas ilusiones que perder —ilusiones acerca de ti mismo, de tus seres amados, creencias y valores, preceptos y normas— y que te resistirás a verlas como lo que son. Todo el mundo se resiste a averiguar demasiadas cosas demasiado pronto. La resistencia es un problema sólo cuando no es temporal. Si te encuentras aferrándote a algo, defendiendo una vulnerabilidad, o perdiendo interés en el trabajo interno, entonces date cuenta de que podrías estar acercándote a un área sensible de tu vida. Date permiso de proceder con precaución. (Quizás también sea una buena idea conseguir una lista de los mecanismos de defensa Freudianos, los dispositivos que usamos para esconder las cosas de nosotros mismos.)

Confía en tus impulsos.

Tienes buenas razones para sentir, pensar, imaginar, actuar de la manera en que lo haces. Si algo dentro de ti te mueve a intentar algo y no le hará daño ni a ti ni a nadie más, ¿entonces por qué no intentarlo? Tales impulsos son intentos por enseñarte algo a ti mismo. Hacia afuera, ciertas acciones deberán restringirse si existe alguna posibilidad de causar daño —pero hacia adentro cualquier cosa está permitida.

Evita a las personas que invaliden tus esfuerzos por conocerte a ti mismo.

Todos los grandes maestros espirituales concuerdan en que es mejor evitar a las personas que sutil o abiertamente atropellan a quien estás intentando llegar a ser. El mundo está lleno de vampiros emocionales infelices, envidiosos y abrumados por la rutina, que vengan sus fracasos personales degradando tus esfuerzos. Todos son cínicos, aunque algunos andan por ahí como idealistas superficiales que rápidamente te dan la espalda cuando deseas hablar de tu enojo, tu soledad o tu azoramiento espiritual. Evítalos a todos ellos. Habiendo renunciado secretamente a sí mismos, no tienen nada que ofrecer al buscador.

Pasa tiempo con personas que apoyen tu trabajo en ti mismo.

Esto incluye buscar personas con quienes puedas compartir tus dudas y expresar tus sentimientos de manera segura. Búscalos con ojos de tigre hambriento: quienes se esfuerzan seriamente en explorarse a sí mismos son pocos y esparcidos, y es casi imposible hacer este tipo de trabajo sin tal apoyo.

Lee libros buenos.

Busca los libros que parezcan tener algo que decirte. Usa tus propios sentimientos para guiarte hacia ellos. Por lo general serán libros que desarrollan temas "profundos" —identidad, crecimiento personal, curación interna, espiritualidad, significado contra insensatez. Bastantes personas han transitado por el sendero de la individuación antes que tú: lee lo que hayan escrito acerca del viaje.

Anticipa que será doloroso.

Las personas que comienzan a escucharse a sí mismas usualmente se encuentran con esas emociones dolorosas que yacen justo debajo de la superficie de la consciencia: enojo, vergüenza, culpa, soledad, depresión, tristeza, confusión... Esto es normal, así que no dejes que te asuste. Ten bien presente que los sentimientos son estados temporales que se encargan de sí mismos cuando encuentras maneras apropiadas de expresarlos. Y que tú siempre eres más que tus sentimientos. Cuando mucho te indican en dónde necesitas crecer.

Lleva un diario personal.

Aunque sólo sea para escribir lo que aprendes de ti mismo de tal forma que no lo olvides. Algunas personas coleccionan cualquier cosa que les "hable": pinturas, fotografías, plantas, rocas, tierra, canciones, recortes de revistas, objetos de la infancia, lápices de colores, caracoles... Prácticamente cualquier cosa puede ser parte de tu registro de viaje.

Descifra tus sueños.

Los sueños no son ondas cerebrales aleatorias o los restos de la cena de anoche. Son fotografías informales de tu estado mental —pero fotografías desde el punto de vista del inconciente, el cual te habla en imágenes en lugar de palabras o lógica lineal. Si te formas el hábito de dormir con papel y pluma junto a tu cama, tu habilidad para recordar tus sueños crecerá de manera continua. Cuando tengas un sueño, escríbelo (o nárralo a una grabadora, si eso te funciona mejor) para que al día siguiente puedas hacer lo que Freud llamó libre asociación con cada símbolo. Las asociaciones indican a qué aspectos de ti mismo representan dichos símbolos —por ejemplo, en mis sueños la lluvia simboliza una liberación de tensión emocional, las plantas significan crecimiento, los autos representan maneras conscientes de avanzar. Como Jung descubrió, los sueños posteriores te corregirán si interpretas mal los símbolos de un sueño en curso.

Construye un árbol familiar de "salud mental".

Patrones psicológicos sorprendentes surgen cuando dibujas un árbol familiar y luego añades quién estaba deprimido, quién era adicto a algo, quién fue abandonado por un padre, quién era un enfermo crónico, quién era violento y otros detalles similares. (Consulta también mi artículo "Twelve Characteristics of a Family System".) (N. de T.: "Doce Características de un Sistema Familiar", aún sin traducir.)

Mira los eventos a través del ojo de la iniciación.

El "ojo de la iniciación" es un término de Michael Meade que se refiere a ver las cosas desde la perspectiva de la iniciación en la individualidad. Las viejas heridas, un divorcio, un despido, la muerte de un ser querido, una enfermedad, una discusión dolorosa: cuando son entendidos apropiadamente, estos eventos pueden proporcionar materia prima para el crecimiento interno. Velos como lecciones que debes aprender acerca de quien eres.

Cuida de tu cuerpo.

En parte, tu autoestima está basada en tu "ego del cuerpo", la imagen corporal con raíces que retroceden hasta la infancia. El ejercicio, el descanso suficiente y una alimentación apropiada te ayudan a mantener tu autoestima y apoyan el trabajo en tu yo psicológico. Además, un cuerpo sano tiene menos probabilidades de aferrarse a las emociones enterradas.

Reemplaza la actitud de víctima con una actitud de sobreviviente.

Es importante tener consciencia de lo que algo o alguien te ha hecho y cómo te sientes al respecto, pero también es importante adueñarte del hecho de que tienes opciones, y que siempre puedes elegir qué postura tomar. La actitud de víctima crea una "fuga de responsabilidad" que drena tu vida de energía y tus actividades de sinceridad. Como a menudo les digo a mis clientes, tener alguien a quien inculpar es la mejor manera de quedarse atorado. Enfócate en lo que harás con los hechos pasados y presentes de tu vida —incluyendo el protegerte asertivamente de las situaciones opresivas o de abuso en la casa, el trabajo o cualquier otro sitio donde ocurran. Llegar a ser tú mismo es incompatible con permitir que alguien te trate mal.

Siéntete cómodo con ser diferente.

Erich Fromm alguna vez lo expresó muy bien: el hecho de que millones de personas crean en una mentira no la convierte en verdad. Y Abraham Maslow solía discutir "la patología de la normalidad". El hecho de que te explores a ti mismo más que otros, que vistas de manera diferente, que no consideres entretenida a la charla inútil, que no sigas los caprichos de la moda, que desprecies la televisión, o que no respetes la "opinión pública" (términos contradictorios, si es que existe tal cosa), podría significar que vives, no por debajo de la pauta de normalidad, sino por arriba de ella. Y créeme, hoy en día esa pauta es bastante baja. Ser considerado extraño por conformistas crónicos que temen sobresalir de la multitud, cuestionar a las figuras de autoridad o formarse sus propias opiniones, puede ser una marca de distinción. También puede significar que perteneces a la perenne comunidad de quienes valientemente están intentando ser su verdadero yo.

© 1998 por Craig Chalquist

. Extraído de Rincón de Sabiduría

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