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Dra.
Josefina Ramírez Velázquez
Investigadora de la Dirección de Antropología
Física del INAH
josefinaram@prodigy.net.mx
La
investigación realizada como tesis doctoral enfocó
el tema del estrés laboral entre un grupo de operadoras
de la empresa telefónica más importante de México.
En 1999 un grupo de mujeres trabajadoras aglutinadas en la
Red de Mujeres Sindicalistas difundió en distintos
medios sindicales la idea de que existen diversos problemas
de salud cuyo peligro es negado tanto por las empresas como
por la legislación y, entre los cuales se citaba al
estrés como uno de los padecimientos más comunes,
extendido entre una gran variedad de ramas y oficios (maquila,
manufactura, conductoras y taquilleras del metro, empleadas
bancarias, operadoras telefónicas) sin que la ley lo
reconozca más que en el caso de los pilotos aviadores.
Este grupo de mujeres se dio a la tarea de buscar un reconocimiento
legal para que el estrés fuera considerado enfermedad
profesional.
Desde mi perspectiva, tal postura constituyó en sí
misma un hecho social de suma importancia que requería
ser descifrado.
¿Qué significa este reconocimiento?, ¿qué
significa el estrés y para quién? Fueron las
primeras preguntas que formulé y que orientaron la
intención de entender el estrés desde una perspectiva
teórica y además desde la propia experiencia
de un grupo de operadoras telefónicas.
La presente tesis da cuenta de un proceso de elaboración
teórica, conceptual y metodológica que pondera
la importancia de descifrar la enfermedad desde el significado
social y desde la experiencia de un grupo de operadoras que
consideraron sufrir de estrés.
Para ello realicé una copiosa revisión bibliográfica
que permitió ubicar el problema teórico-conceptual,
consolidando con ello la base de mi propia argumentación
para fundamentar el estudio del estrés desde una perspectiva
sociocultural. Conjuntamente elaboré un modelo interpretativo
para el estudio del estrés considerando claramente
la perspectiva de los propios actores sociales que, para el
caso, se concentraron en 12 operadoras de la empresa Telmex.
Su experiencia, sus nociones, sus valoraciones sobre el estrés
fueron captados aplicando una metodología variada que
igualmente puso atención en la realización de
una etnografía del centro laboral y las formas de trabajo,
en la aplicación de un cuestionario para captar de
manera central ciertos tópicos de salud-enfermedad-atención,
en la entrevista semiestructurada cuyo objetivo fue articular
lo individual, familiar y laboral y, en registros fotográficos.
Todas estas estrategias metodológicas se lograron durante
casi un año de trabajo de campo realizando en un centro
laboral de dicha empresa telefónica.
Más allá de enumerar los diversos y complejos
resultados que obtuve en esta investigación me gustaría
sintetizar las imágenes con las que me quedo para hablar
de mi trabajo de tesis doctoral.
En la trama compleja del ámbito laboral, el estrés
se manifiesta a través de dos metáforas en aparente
contradicción. Ó da estatus, dado que en nuestro
mundo neoliberal la idea de trabajo y logro de metas asociado
a éxito, pulsa la de productividad contra la holgazanería
que refiere a improductividad, a valores perdidos, donde no
hay futuro, no hay progreso, no hay incremento ni económico
ni cambio de condición social; ó bien se desdibuja,
en la medida en que en el medio laboral toda enfermedad se
encuentra bajo sospecha y, el estrés, considerado desde
el saber profesional como una reacción corporal de
sujetos con determinada personalidad, se convierte entonces
en un estigma a partir del cual se puede iniciar un proceso
de exclusión.
En el moderno proceso de la telefonía asistimos, desde
la mirada y experiencia de un grupo de operadoras, a un paulatino
proceso de degradación de la persona hasta despojarla
de sus más caros anhelos de asistencia social y expresividad
lúdica y emotiva. "Leer para no ser comida por
la máquina", "hacer crucigramas", alegar
la violencia de los clientes y las llamadas obscenas que minan
la autoestima, y llorar como respuesta ante el hostigamiento
cotidiano de las supervisoras que arremeten con la idea de
desaparición de la categoría de operadora telefónica,
son metáforas de resistencia que muestran a plenitud
diversas emociones como característica esencial del
lado humano.
No obstante, en esa compleja urdimbre el silencio de las operadoras
no es pasividad ni conformidad ante un mundo injusto y cada
vez más degradante generado por la productividad, el
control de calidad y el logro de competitividad que requiere
de "máquinas" que respondan eficazmente a
tareas programadas en un tiempo específico. El silencio
es más bien autocontrol, un remedio personal para no
ser "catalogadas" para no ser consideradas incapaces
y débiles en el manejo de las adversidades, dado que,
ser una persona estresada es tener tics, manías, "estar
de malas", "perder el control" y ser culpable
de sus propias circunstancias.
El estallido muestra entonces el punto cumbre de las tensiones.
"Estallar" es manifestar "¡este trabajo
apendeja!", es escupir a las computadoras en un acto
de coraje y rebeldía, es escenificar una riña
por cosas que se creen injustas, es verbalizar el coraje ante
la improductividad de las otras, es llevar los conflictos
cotidianos a las asambleas sindicales para que a modo de catarsis
se logren resolver, es la manifestación de la histeria
colectiva ante la amenaza del 'fin de la operadora', es tener
"comportamientos extraños" como agresividad,
aislamiento, ensimismamiento que se manifiestan también
por medio de cólera, ira o envidia.
Estallar es también llevar las tribulaciones del trabajo
a la familia y gritarle a los hijos y/o al marido, pero también
es aislarse y no estar disponibles física y emocionalmente
para ellos. Y en sentido inverso, es llevar las angustias
de la familia al trabajo y ocultarlas, puesto que las normas
institucionales así lo exigen, aunque en el momento
de la explicación, las preocupaciones y angustias familiares
sean utilizadas para definir el estrés como incapacidad
de las operadoras para lidiar con las exigencias del dominio
familiar y no como un diagnóstico médico.
En esta investigación he dado cuenta de diferentes
metáforas que como vehículos de comprensión
se expresan sobre el proceso de estrés que ha mostrado
a las operadoras en las transformaciones de su cuerpo, de
su yo, y de su vida social en general.
No obstante cualquiera podría preguntarse y eso ¿de
qué sirve? Considero que los relatos que presentamos
en este estudio que tejen un fenómeno muy complejo,
son quizá el mejor aporte para reconocer que el asunto
del estrés no puede explicarse desde la teoría
psicogenética y la de la culpa, que bastante han sido
cuestionadas por responsabilizar únicamente al trabajador
de sus circunstancias de enfermedad, ni simplificarse en los
métodos de estudio tradicionales de la salud en el
trabajo y, menos aún, descansar en la responsabilidad
del trabajador todo lo concerniente a las formas en las que
ella o él van disminuyendo su salud.
La importancia de un estudio como éste que recupera
el significado que para los actores tiene el estrés,
pero explicitando los procesos que implica, y los resultados
que genera, ha cumplido su función al trascender el
nivel individual, colectivizando la experiencia, mostrando
con cierta nitidez cómo desde la narrativa de las operadoras
se advierte una lógica de explicación causal
sociopolítica definida por sentimientos de pérdida,
injusticia social y problema moral. Conjuntamente, el significado
construido de la experiencia laboral, familiar e individual
analizado a partir de la etnografía de un centro laboral
de la empresa telefónica y desde la propia narrativa
de un grupo de operadoras, brinda la posibilidad de no quedarse
en discusiones teóricas sobre si lo que describen las
operadoras es o no estrés o, incluso puede ser mobbing,
toda vez que que lo relevante es dar a conocer la manera en
que hoy en día en los centros laborales se enmascara
la sujeción, las relaciones de poder, la violencia
laboral en diversos ordenes, generada por la competencia y
las formas de organización laboral, concibiendo tales
problemas más como "conflictos individuales entre
personas" o "como problemas de personalidad"
que en problemáticas sociopolíticas y culturales
que como científicos sociales debemos analizar.
.
Finalmente considero que las numerosas metáforas de
estrés evidenciadas desde la experiencia de cada operadora
telefónica ayudarán a no seguir estudiando el
estrés tan sólo como una reacción neurohormonal,
cuya perspectiva contribuye a reafirmar una noción
psicologizada y naturalizada de éste.
Ficha bibliográfica
Ramírez, J. (2005). El estrés como metáfora.
Estudio antropológico con un grupo de operadoras telefónicas.
Tesis de Doctorado en Antropología. Centro de Investigación
y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)
México 559p.
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