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Manipulación del lenguaje y subversión de valores
En los últimos años, estamos asistiendo
a una solapada revolución, la "revolución oculta",
la cual está alterando las escalas de valores. Esta subversión
axiológica no sólamente afecta a concepciones del
mundo, sino que altera nuestra existencia personal.Se abre el volumen
con el primer epígrafe: "Manipular es reducir, envilecer",
en el cual se analizan las palabras "talismán",
en virtud de las cuales se practican todo tipo de manipulaciones,
que llegan a producir una especie de "esclerosis mental".
De igual modo, manipular implica rebajar de rango, es decir, la
reducción de la persona a mero instrumento, a simple medio,
al servicio de proyectos ajenos mediante manipulaciones demagógicas
que simplifican los conceptos. La base de la manipulación
es el reduccionismo, lo cual supone un envilecimiento injusto y
es la fuente de las diversas formas de violencia.El segundo epígrafe:
"¿Para qué se manipula al hombre?", es contestado
por el autor, en el sentido de que para modelar su espíritu
y así dominar a los grupos sociales, previa reducción
de las comunidades de personas a colectividades de individuos, y
éstas a "masas". Se realiza el dominio del pueblo
por vía del asedio interior, a través de la sugestión
y la fascinación, intentando que se pierda la capacidad creadora,
el poder de discernimiento. Así las agrupaciones comunitarias
degeneran en simples grupos de intereses, aflojando los vínculos
de las colectividades, y atomizándolas. Tal masa es manejable
y dominable, y mediante la manipulación se la vence aunque
no se la convenza. Mediante el ilusionismo mental se somete a las
gentes a un vasallaje intelectual, volitivo y sentimental.En el
epígrafe tercero: "¿Quién manipula al
hombre?", se comienza citando a Tocqueville cuando denunció,
en La democracia en América, el sutil y nefasto despotismo
de la mayoría. Y se continua desvelando dos formas de manipulación:
la orientación demagógica de las técnicas publicitarias
o, la más reductora, de imposición de una determinada
ideología. Las ideologías son fuente de violencia,
bien abierta, bien taimada, humillan la razón y escinden
a los pueblos en grupos antagónicos irreconciliables. "La
ideologización de la cultura y la manipulación de
los pueblos se nutren y potencian entre sí, y con su energía
potenciada, fomentan el gregarismo" (p. 47).La segunda parte
desenmascara las técnicas manipuladoras y analiza las estrategias
de subversión de valores. Hay tres fases de manipulación
ideológica: a) La modelación de las mentes; b) El
adoctrinamiento cultural; y c) La configuración de la conducta.
Se detallan los procedimientos estratégicos de la demagogia
manipuladora: el intrusismo profesional; la sustitución del
debate por el monólogo triunfalista o la entrevista sumisa;
el recurso del diálogo trucado e inhibidor; el boicot informativo;
el recurso a las insinuaciones ambiguas y turbias; el ataque precipitado
e infundado; la intimidación o la
explotación del miedo; el rumor, como forma de ataque anónima
y difusa; la valoración por vía de yuxtaposición
arbitraria, o por vía de oposición o rebote; el desvío
de la atención, la insistencia como táctica de persuasión;
la intimidación a través del uso reiterado de un vocablo
de prestigio; el fomento de diálogos trucados para provocar
el relativismo; la mofa, burla o escarnio; la alteración
sinuosa del significado de términos y locuciones; alterar
el sentido de ciertas realidades; la mentira abierta y sin medida;
la utilización del lenguaje emotivo de las canciones; la
división para vencer y dominar; borrar la memoria del pasado;
interpretar el cambio de forma fatalista; y, en fin, cultivar la
zafiedad y descender al plano infracreador. Y como no podía
ser menos, en plena era visual, la utilización de la imagen
como recurso constante de manipulación.En suma, una obra
profunda y valiente de López Quintás, que pone al
descubierto las generalizadas tácticas manipuladoras e invita
a vivir una existencia libre y creativa. Una vacuna contra los lavados
del cerebro que padecen las sociedades desarrolladas.Luis Sánchez
de Movellán
Alfonso López Quintás.
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