EMPIEZA EL CURSO

¡Septiembre ya! ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Si parece que fue ayer cuando terminó el curso! Y otra vez con matrículas, libros, uniformes… Los chavales, nerviosos, deseando volver a ver a los amigos: "A Fulanito que este año ha ido a París, a Zutanito, que ha estado todo el verano en la aldea, a Menganito que se ha ido con sus abuelos al sur…" "¿Habrá algún 'compi' nuevo este año? ¿Quién repetirá?..." Y sin olvidarse de los profes: "¿Quién me dará de 'mates'? ¿y de lengua? ¡Ojalá no me toque Perenganito!..." Una historia que se repite todos los años, los nervios, los anhelos e ilusiones puestas en un nuevo curso…

Sin embargo, no siempre es así. Desafortunadamente hay chavales que viven el principio de curso como un auténtico calvario, para los que el nuevo curso supone volver a un infierno… Chavales que han sufrido, probablemente año tras año, un acoso mantenido por unos compañeros bravucones y unas instituciones excesivamente permisivas, que, como en la mayor parte de casos de acoso, miran hacia otro lado y no se comprometen, que se escudan en aquello de "son cuestiones particulares que han de resolverse en la esfera privada", eximiéndose a sí mismas de cualquier responsabilidad.

Estos chavales no estarán deseando volver a ver a nadie. Probablemente estarán rumiando en soledad sus miedos y angustias. Probablemente avergonzados por su propia historia, sin atreverse a contarla a nadie, en silencio, sufran desmesuradamente ante el nuevo curso que empieza. Y tiemblen ante lo que se les viene encima: interminables clases en soledad y en soledad interminables recreos, humillantes recreos repletos de vejaciones y de insultos, de sutiles amenazas e, incluso, de alguna que otra paliza… Y la incomprensión por parte de los adultos: "no es para tanto, tiene que hacerse duro, la vida es difícil, hay que irse acostumbrando…" O, peor aún, la "bronca" de algún que otro profesor: "es que no te integras; deja de quejarte, que estás todo el día lloriqueando, y ve a jugar con los demás…" o el beneplácito o incluso el aplauso ante el bravucón, que vaya Vd. a saber por qué cuenta con tantas simpatías, por qué se le ríen tanto las bromas y se admira tanto su actitud de "machito". Chavales que, permanentemente se sienten distintos, sabiendo que el grupo no admite las diferencias. Sin entender qué es lo que se hace mal: ¿acaso llevar buenas notas? ¿será que lee mucho y juega poco al fútbol? ¿que es correcto y educado, no faltando nunca al respeto a nadie, o que su vocabulario no está lleno de "tacos" y frases malsonantes? ¿tal vez no viste "a la moda", o no se pone una "cresta" en el pelo? ¿a lo mejor que es más bajito, o que lleva gafas, o que es más gordo, o más delgado, o algo enclenque, o tiene muchos granos? ¿será su poca afición al móvil? ¿o que no canta las canciones de moda?...

Se le hace, cuando menos, el vacío… Y es terrible humillación, tal vez la peor de todas ellas. Con ser un disparate, la paliza o el insulto probablemente hagan menos daño que la indiferencia y el desprecio… la anulación: no existes, no eres…

Porque desgraciadamente es así. Sé que hoy, cuando leas mí artículo, tú que tienes un hijo en esta situación, que sufres día a día el dolor de tu hijo, te sentirás un poco mejor porque alguien te comprende, porque alguien denuncia públicamente lo que tú callas, tal vez por miedo a que se vuelva contra tu hijo, tal vez por no saber cómo o dónde hacerlo… o, tal vez, también tú lo hayas denunciado, pero sin eco ninguno, no te ha llevado a ninguna parte… o, seguramente, lo denuncias abiertamente, a gritos agónicos de dolor, humillación y desconsuelo, pero nadie, o muy pocos, se paran a escucharte, a comprenderte… y, desafortunadamente, menos aún a poner freno.
Hoy escribo pensando específicamente en alguien, con el dolor de saber que no es el único caso, que son muchos los alumnos que sufren una violencia cada día mayor en las aulas. Hoy escribo situándome en un conocido colegio de Ferrol, donde sé que tanto la dirección del mismo como el profesorado son conocedores de un caso de acoso en su centro sin, aparentemente, haber hecho nada por frenarlo. Y hoy escribo solidarizándome contigo que no ves otro camino que cambiar a tu hijo de colegio, porque para él volver es un auténtico tormento.

Publicado en 07/09/06 en el Diario de El Ferrol

 

Volver Indice A. de Querol

Indice art. Éticos

Acoso Moral