VIENTOS DE OTOÑO, FRIOS DE INVIERNO

Ha llegado el frío. El otoño va llegando a su fin, otra estación más que se agota. Y el frío se instala en los huecos que las hojas caídas han ido dejando en nuestras vidas. La hojas que han ido cayendo, mansamente a veces, mecidas por suaves brisas, atolondradamente otras, traídas y llevadas por vientos más firmes, o arremolinadas en los torbellinos intensos de violentas tempestades…
Los árboles desnudos… como desnuda tantas veces se nos queda la vida, tras la pérdida de tantas y tantas hojas, de tantas y tantas vivencias… el otoño nos abandona y la fría realidad del invierno, poco a poco, se asienta en nuestros días… hoy más frío que ayer, y mañana, más aún que hoy… Los vientos que sin compasión nos arrebataron nuestras hojas nos traen hoy, con la misma falta de conmiseración, los gélidos aires que nos envuelven y perturban.
Siento un frío especial. Frío en el cuerpo, el invierno que llega. Frío en el alma, la añoranza de lo que ya no está, de lo que ya no es, del invierno que nos embarga… Tantas cosas que el viento se ha ido llevando, y tantos fríos que se han ido instalado… el amigo que nos deja, la frialdad de esa fría ausencia… las ilusiones que vuelan, la terrible desazón que deja ese vacío en nuestro ánimo… las confianzas depositadas y mutiladas por desidias o engaños, yaciendo y formando a nuestros pies una triste alfombra de hojas muertas… ¿qué calor podrá llenar nuestras carencias?
Quiero hoy, con la modesta acción de mis palabras, si es posible, llevar con ellas algo de calor a quién sé que en este otoño está sufriendo ausencias.
Hoy una gran pérdida aflige a una compañera de fatigas y desengaños… Una mujer a la que el otoño le ha arrebatado una importante hoja en su vida, a la que el otoño le ha quitado, estos días atrás, inesperadamente, al padre de sus hijos. Y ante el frío que se le viene encima por la falta, sólo cuenta con su fuerza interior y con un corazón realmente cálido que espero y deseo no pueda helar ese invierno gélido que la amenaza. Una mujer marcada por una dura vida que la ha ido golpeando con duras garras, pero una mujer entera y que hoy, ante la pérdida, se muestra generosa. Generosa con los suyos y con sus recuerdos. Teresa ha sufrido muchos tristes otoños y muchos duros inviernos. Un escandaloso acoso en su puesto de trabajo la llevó, como a tantos, a la desesperanza más desoladora. Cuando apenas empieza a levantarse de la cruel experiencia vivida como ave Fénix que resurgiera de las cenizas en las que se hallaba inmersa, el viento otoñal se lleva con él al que antaño fuera su compañero. Ese viento cruel que tantas veces es la vida y que ya antaño le arrebató tantas cosas. Y dadivosa que es, entrega sus recuerdos y su dolor más sentido a aquel, en un tiempo, su compañero. Tus amigos y los que te apreciamos y sabemos de tu gran corazón, cercanos a ti nos sentimos. Porque aunque tantas veces uno pueda sentirse solo, sabes, Teresa, que nos tienes, para lo que necesites. Hoy estás en mi corazón.
Hoy, también, quiero que llegue mi calor a Carmen, pues también ella se debe de enfrentar a un duro invierno. Ella, también a consecuencia de otro doloroso acoso en su trabajo, el cual, desafortunadamente, hubo de abandonar, quedándose en una situación económica y personal más que difícil, ha perdido, entre otras cosas, hasta el cálido techo que la cobijaba. Y hoy las paredes donde habita ya no son las suyas, hasta éstas le resultan extrañas, hostiles y frías. Pero Carmen, como Teresa, tú también lo sabes, el calor de tus amigos no ha de faltarte.
Y hoy, charlando con Juan, también víctima de acoso laboral, me decía "nada vale la pena". Escapa; él escapa de un triste pasado y de una dura experiencia… desengañado, "quiero olvidarme de todo"… otro otoño que llenó de hojas muertas otra dura historia…

Pero no, Juan, hay cosas que realmente sí valen la pena. Vosotros: Teresa, Carmen, tú mismo, Juan… Piensa que incluso la más oscura noche termina dando paso al esplendoroso sol de la mañana… Cada uno de vosotros valéis la pena, en vosotros puede estar esa luz de la mañana. El invierno se avecina duro y frío, pero seguro que no es más que la estación necesaria que prepara la llegada de una primavera exultante de luz y buenas nuevas. Así os lo deseo.

Publicado en 14/12/06 en el Diario de El Ferrol

 

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