VIENTOS DE OTOÑO, FRIOS DE INVIERNO
Ha
llegado el frío. El otoño va llegando a su fin, otra
estación más que se agota. Y el frío se instala
en los huecos que las hojas caídas han ido dejando en nuestras
vidas. La hojas que han ido cayendo, mansamente a veces, mecidas
por suaves brisas, atolondradamente otras, traídas y llevadas
por vientos más firmes, o arremolinadas en los torbellinos
intensos de violentas tempestades
Los árboles desnudos
como desnuda tantas veces se nos
queda la vida, tras la pérdida de tantas y tantas hojas,
de tantas y tantas vivencias
el otoño nos abandona
y la fría realidad del invierno, poco a poco, se asienta
en nuestros días
hoy más frío que ayer,
y mañana, más aún que hoy
Los vientos
que sin compasión nos arrebataron nuestras hojas nos traen
hoy, con la misma falta de conmiseración, los gélidos
aires que nos envuelven y perturban.
Siento un frío especial. Frío en el cuerpo, el invierno
que llega. Frío en el alma, la añoranza de lo que
ya no está, de lo que ya no es, del invierno que nos embarga
Tantas cosas que el viento se ha ido llevando, y tantos fríos
que se han ido instalado
el amigo que nos deja, la frialdad
de esa fría ausencia
las ilusiones que vuelan, la terrible
desazón que deja ese vacío en nuestro ánimo
las confianzas depositadas y mutiladas por desidias o engaños,
yaciendo y formando a nuestros pies una triste alfombra de hojas
muertas
¿qué calor podrá llenar nuestras
carencias?
Quiero hoy, con la modesta acción de mis palabras, si es
posible, llevar con ellas algo de calor a quién sé
que en este otoño está sufriendo ausencias.
Hoy una gran pérdida aflige a una compañera de fatigas
y desengaños
Una mujer a la que el otoño le
ha arrebatado una importante hoja en su vida, a la que el otoño
le ha quitado, estos días atrás, inesperadamente,
al padre de sus hijos. Y ante el frío que se le viene encima
por la falta, sólo cuenta con su fuerza interior y con un
corazón realmente cálido que espero y deseo no pueda
helar ese invierno gélido que la amenaza. Una mujer marcada
por una dura vida que la ha ido golpeando con duras garras, pero
una mujer entera y que hoy, ante la pérdida, se muestra generosa.
Generosa con los suyos y con sus recuerdos. Teresa ha sufrido muchos
tristes otoños y muchos duros inviernos. Un escandaloso acoso
en su puesto de trabajo la llevó, como a tantos, a la desesperanza
más desoladora. Cuando apenas empieza a levantarse de la
cruel experiencia vivida como ave Fénix que resurgiera de
las cenizas en las que se hallaba inmersa, el viento otoñal
se lleva con él al que antaño fuera su compañero.
Ese viento cruel que tantas veces es la vida y que ya antaño
le arrebató tantas cosas. Y dadivosa que es, entrega sus
recuerdos y su dolor más sentido a aquel, en un tiempo, su
compañero. Tus amigos y los que te apreciamos y sabemos de
tu gran corazón, cercanos a ti nos sentimos. Porque aunque
tantas veces uno pueda sentirse solo, sabes, Teresa, que nos tienes,
para lo que necesites. Hoy estás en mi corazón.
Hoy, también, quiero que llegue mi calor a Carmen, pues también
ella se debe de enfrentar a un duro invierno. Ella, también
a consecuencia de otro doloroso acoso en su trabajo, el cual, desafortunadamente,
hubo de abandonar, quedándose en una situación económica
y personal más que difícil, ha perdido, entre otras
cosas, hasta el cálido techo que la cobijaba. Y hoy las paredes
donde habita ya no son las suyas, hasta éstas le resultan
extrañas, hostiles y frías. Pero Carmen, como Teresa,
tú también lo sabes, el calor de tus amigos no ha
de faltarte.
Y hoy, charlando con Juan, también víctima de acoso
laboral, me decía "nada vale la pena". Escapa;
él escapa de un triste pasado y de una dura experiencia
desengañado, "quiero olvidarme de todo"
otro
otoño que llenó de hojas muertas otra dura historia
Pero
no, Juan, hay cosas que realmente sí valen la pena. Vosotros:
Teresa, Carmen, tú mismo, Juan
Piensa que incluso la
más oscura noche termina dando paso al esplendoroso sol de
la mañana
Cada uno de vosotros valéis la pena,
en vosotros puede estar esa luz de la mañana. El invierno
se avecina duro y frío, pero seguro que no es más
que la estación necesaria que prepara la llegada de una primavera
exultante de luz y buenas nuevas. Así os lo deseo.
Publicado en 14/12/06 en el Diario de El Ferrol