Afrontar la muerte junto a los niños



Por Fernando Frá. Marzo 2004.
Cuando en el seno de la familia se vive una tragedia o en situaciones especiales como la que acabamos de sufrir en España, los niños también son testigos de la realidad. En estos difíciles momentos de la historia de nuestro país hay niños afectados muy directamente por las consecuencias de las explosiones, como víctimas unos, como testigos otros, pero todos los niños españoles han vivido el ambiente de consternación y dolor en su entorno a lo largo de estas largas horas.¿De qué modo viven los niños una situación de tragedia aunque no les haya afectado directamente?

Los niños permanentemente nos están observando. En estas ocasiones nos ven a los mayores preocupados, tensos, estresados, indignados, tristes... Podríamos poner una infinidad de adjetivos sobre nuestro estado de ánimo pero todos ellos reflejarían una situación anormal, atípica. Muchas veces hemos dicho que son pequeños, no tontos. Ellos notan que algo ha pasado, algo ha cambiado. Oyen conversaciones en tono grave, algunas veces incluso exagerado y ven que a ellos se les excluye, no se cuenta con ellos. Se siente inseguros rechazados, amenazados. Si además la situación se ha producido en su entorno cercano "su ciudad, su barrio" lo vivenciaran como un peligro próximo y les afectará en mayor medida a su equilibrio.


¿Cómo lo vivencia los que son victimas directas o testigos?Cuando la tragedia se ha vivido en la familia a todo lo que hemos dicho se añade la falta de un ser querido, sea por fallecimiento o por hospitalización.El más duro es el primer momento, cuando llega la noticia, sobre todo si la víctima, herido o fallecido, está en la primera línea de parentesco.

En los primeros momentos lo pasan especialmente mal porque ven que pasa algo y en muchas ocasiones no saben qué es lo que pasa, incluso vivencian que nosotros tampoco lo sabemos muy bien. En ese momento se sienten como un estorbo porque tenemos que llevarlos con unos amigos o con unos parientes lejanos donde, normalmente ellos no van nunca sin nosotros.

Nos ven a los adultos desencajados, incluso han presenciado alguna escena en la que el padre o la madre, que son los que le damos seguridad, han perdido los nervios y a continuación se sienten abandonados rechazados... Es tremendo. Es una vivencia muy intensa, muy dura y puede tener secuelas si no se atiende adecuadamente desde el principio.

El niño y la muerte.

El eufemismo de la muerte.Hace décadas la muerte y el duelo se vivían en la familia. En muchas familias fallecían niños de corta edad y sus hermanos lo vivían en directo. Se velaba en casa y ellos estaban presentes en el duelo. Vivenciaban la realidad de la muerte en las casas del entorno, de los familiares, de los amigos. La muerte formaba parte de la vida, de la vida diaria. Hoy la muerte está escondida.

La enfermedad tiene reconocimiento social. Por la calle ven farmacias, centros de salud, hospitales... todo ello señalizado, sin embargo el contacto con la muerte únicamente lo tienen en la televisión. Evidentemente no estamos rechazando las ventajas sociales y humanas que ofrecen los modernos servicios de tanatorio. Estamos hablando de la ocultación del dolor de la muerte a los ojos de los niños que, en su mayoría, no han ido nunca a un funeral o a un cementerio. Sin embargo ven escenas dantescas en películas o en los telediarios. Incluso en los dibujos animados ven como al correcaminos le cae un camión encima, le atropella un tren o al gato le corta en pedacitos el ratón. Todo ellos sufren lesiones de muerte pero a los dos segundos están reconstruidos. La vivencia que tienen los niños actuales sobre la muerte es contradictoria, temporal, infantil.


Dolor directo - Dolor reflejado.

Cuando se produce un fallecimiento en la familia llegan a ser conscientes de la pérdida de un ser querido y viven el dolor, lo experimentan ellos mismos. En situaciones como la que nos ocupa los niños perciben el dolor en el entorno pero no lo viven en primera persona. Muchas veces hemos dicho que los niños se ven reflejados en los adultos, especialmente en los padres en todo, pues también en esto. Si nos ven preocupados, apesadumbrados ante algo que ellos no han vivido y que nosotros no les hemos explicado, también ellos personalizarán esos sentimientos de una forma irracional.


Las imágenes en los medios de comunicación.

Sin entrar en la necesidad o no de emitir ciertas imágenes, lo cierto es que los niños las ven y las reviven. La crudeza de las imágenes (heridas, amputaciones, deformaciones, restos humanos esparcidos...) provocan preguntas en los más pequeños y no nos queda más que ser sinceros. Sin ocultarles la realidad, si que conviene evitar imágenes que, por su crudeza, puedan quedarles grabadas y provocar miedos o incluso secuelas psíquicas.
Manifestaciones de riesgo en el dolor en los niños.Las manifestaciones de dolor son normales y sanas.

La represión de los sentimientos es muy peligrosa para el equilibrio psíquico de los niños.De todos modos hay que vigilar algunos signos de peligro:

- Rabietas frecuentes y prolongadas

- Apatía e insensibilidad

.- Un periodo prolongado durante el cual el niño pierde interés por los amigos y por las actividades que solían gustarle.

- Frecuentes pesadillas y problemas de sueño.

- Pérdida de apetito y de peso.

- Miedo de quedarse solo.

- Comportamiento infantil (hacerse pis, hablar como un bebé, pedir comida a menudo...) que reaparece o se prolonga excesivamente en el tiempo

- Frecuentes dolores de cabeza solos o acompañados de otras dolencias físicas.

- Imitación excesiva de la persona fallecida, expresiones repetidas del deseo de reencontrarse con el fallecido.

- Cambios importantes en el rendimiento escolar o negativa de ir a la escuela.

La existencia prolongada de alguno de estos síntomas puede ser signo de un proceso de depresión infantil y debe ser consultado con un especialista.
Extraído de Aunalia.com

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NOTA DE LA WEBMASTER:

Las páginas relacionadas con el atentado en Madrid No tienen música. Permanecen en silencio como señal de respeto a las víctimas y a sus familiares.