EL
TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
(y II)
por Isabel Plaza, psicóloga
Acceder a la primera parte del trabajo
(Características de la intervención, criterios
diagnósticos y bases neurobiológicas del trastorno)
Características
generales de la intervención psicológica en
el Trastorno por Estrés Postraumático
La
intervención en crisis puede definirse como "Formas
de Intervención terapéutica de corta duración
y objetivos limitados centrados en la resolución
preventiva de una desorganización psicológica,
asumidamente causada por la acción de estresores
externos importantes y/o psicológicamente significativos
al actuar sobre el sujeto que se encuentra en estado de
vulnerabilidad psicológica". Sánchez
(1.991).
La terapia limitada en el tiempo es el tratamiento de elección
en las situaciones de crisis. El proceso vendrá determinado
por el tiempo que la persona necesite para recobrar el equilibrio
después del suceso.
Existe una primera fase de reacciones inmediatas normales.
Los recursos de afrontamiento personal y el apoyo familiar
se erigen en dos de los factores más importantes
facilitadores de la metabolización de las reacciones.
El objetivo de la intervención consistirá
en la atención y optimización de los propios
recursos, enfatizando la propia normalidad de las reacciones
que padece el afectado.
Una segunda fase viene determinada por la persistencia de
trastornos en los días sucesivos, que de perdurar
un mes, constituirán un trastorno tipificado como
Trastorno por Estrés Agudo (ASD). Las expectativas,
las atribuciones de estas reacciones, así como los
factores de vulnerabilidad y protección existentes,
pueden favorecer la aparición de dicho trastorno.
Existen actualmente programas de intervención diseñados
especialmente para esta fase; en algunos casos se mantiene
el criterio de una intervención no clínica.
Si transcurrido un mes tras el acontecimiento traumático,
persisten los síntomas, se denomina entonces Trastorno
por Estrés Postraumático (PTSD). Es necesario
señalar que el nivel de ASD puede predecir PTSD.
Pasewark
y Albers, en 1.972, establecen en la Intervención
en Crisis tres áreas generales:
- Establecer o facilitar la comunicación (entre las
personas en crisis, instituciones, etc.)
- Ayudar al individuo o a la familia a que perciban correctamente
la situación.
- Ayudarles en el manejo de emociones y sentimientos.
Otros
autores establecen la finalidad de la Intervención
en Crisis en:
- Restablecer el sentido de autocontrol y autodominio, aumentar
la autoestima y el autorespeto.
- Aumentar la capacidad de afrontamiento.
- Mejorar el conocimiento y la capacidad de utilizar recursos
existentes.
- Mejorar la capacidad y habilidades de comunicación.
Se
examina una tentativa terapéutica que se estructura
alrededor de cuatro actividades de resolución en
crisis: supervivencia física, expresión de
sentimientos, dominio cognoscitivo y adaptación conductual/interpersonal.
Los criterios actuales de intervención establecen
la conveniencia de:
- Detección de las necesidades de intervención:
en función de la movilidad de los escenarios de la
crisis y las circunstancias que se generan.
- Equipo Psicosocial: la función de los psicólogos
incluirá las labores de coordinación, relación
con los medios de comunicación social, ayuda a los
intervinientes y la intervención propiamente dicha.
- Intervención: en las primeras 72 horas. Consistirá
en:
· Establecer contacto. Escucha activa, empatía.
· Alentar expresión de sentimientos.
· Ayudar a canalizar sentimientos de pérdida.
· Conducir el inicio del duelo.
· Acompañar en reconocimiento de fallecidos.
· Maximizar estrategias de afrontamiento.
· Dar pautas para comunicar la noticia.
· Informar de la NORMALIDAD de las reacciones.
· Ofrecer posibilidad de ayuda posterior.
· Dar esperanza.
Básicamente
los tres puntos comunes de todos los modelos de intervención
actuales son:
APOYO ESCUCHA ORIENTACIÓN
En
los programas internacionales de intervención más
actuales, se contempla el sentido comunitario del acontecimiento
traumático.
Criterios diagnósticos para el Trastorno por Estrés
Postraumático (PTSD)
Para
establecer un diagnóstico de Trastorno por estrés
postraumático es preciso que:
a) La persona debe haber estado expuesta a un acontecimiento
traumático en el que:
· Existió riesgo para su integridad o la de
otros
· Respondió con temor o desesperanza
b)
Reexperiencia del hecho:
· Aparecen recuerdos, imágenes, pensamientos
o percepciones, que son recurrentes e intrusivos.
· Aparecen sueños recurrentes sobre el hecho.
· Se revive repetidamente el hecho traumático.
· Aparece un malestar con más relativos.
· Aparecen respuestas fisiológicas al exponerse.
c) Evita estímulos asociados al trauma:
· Evitar cogniciones sobre el suceso traumático
· Evitar actividades
· Olvidos parciales
·
Pérdida de interés
· Desapego o enajenación frente a los demás
· Restricción de la vida afectiva
· Sensación de un futuro desolador
d) Síntomas persistentes de activación (arousal):
· Dificultades para conciliar o mantener el sueño
· Irritabilidad o ataques de ira
· Dificultades para concentrarse
· Hipervigilancia
· Respuestas exageradas de sobresalto
e) Estas alteraciones se prolongan más de un mes
f) Provocan malestar o deterioro social, laboral etc.:
En el ámbito de las variables de humor, tendremos
aquellas que estén relacionadas con la situación
de estrés, y en especial la respuesta hormonal particular.
Ello nos dará que uno de los estudios que revela
cierta sensibilidad, aun cuando no especificidad es la supresión
de cortisol por dexamentasona, que en estos pacientes es
generalmente positiva. Un aspecto interesante es la respuesta
diferente a la depresión de la cual puede ser uno
de los elementos para evaluar la comorbilidad.
Por otra parte, la evaluación de un perfil de humor
puede permitir descartar elementos potencialmente productores
de ansiedad que pudieran modular el cuadro ( ej. hipertiroidismo).
Otro elemento es la medición de metabolitos, catecolaminas,
sertoninérgicos, principalmente en sangre y orina.
Si bien la respuesta no será diferente a la de otros
trastorno por ansiedad, puede aportarnos una ayuda en el
seguimiento del cuadro.
Cuando presentamos la clasificación que realiza el
DSM desde su edición anterior a la actual percibimos
un pasaje de la concepción más "alerta"
del cuadro, una en la que predominan más los aspectos
ligados a la memoria. Como decíamos antes, esto va
a tener una correlación absoluta con la concepción
a nivel diagnóstico, en este caso manifestado por
la utilidad de estudios de neuroimágenes, pero también,
o en consonancia, con los abordajes a realizar desde el
fármaco y la psicoterapia.
En cuanto a las imágenes, otro elemento de futuro
más promisorio, es el de las neuroimágenes.
Las posibilidades dadas por las nuevas técnicas de
resonancia magnética (MNR- RNM), y aún más
las funcionales RMf, han abierto la posibilidad a explorar
las estructuras que se suponían relacionadas con
las respuestas encontradas en estos cuadros. De manera general
hemos visto que hay áreas relativas a la memoria
y a las diferentes características de la misma (conceptual,
perceptiva etc.).
Lo mismo puede ser mediante imágenes de SPECT, es
decir una modalidad no anatómica pero sí funcional.
Los mejores resultados se obtienen utilizando la fusión
de imágenes, por ejemplo entre la SPECT y la RNM.
En este caso nos vemos con imágenes de calidad anatómica
y funcional a la vez, y la gran ventaja es que están
disponibles de forma más frecuente.
La PET o TEP, la tomografía por emisión de
positrones, necesita de una gran tecnología, y un
elevado costo, pero que a cambio da imágenes de extremada
precisión y sobretodo la funcionalidad, es el factor
sobresaliente. Es decir no sólo puedo tener una visión
estática sino que podemos actuar con estimulaciones
que intenten modular el cuadro. A esto se le llaman activaciones,
que en definitiva nos darán una visión bastante
más aproximada del interjuego entre áreas
cerebrales. Gran parte de la investigación actual
está en este sentido.
Otro elemento que creemos, es más inespecífico
y superado es el mapa cerebral. En el mismo se pueden encontrar
quizás los datos más interesantes en los aspectos
del diagnóstico diferencial y la probabilidad de
observar asimetrías o activación frontotemporal
o temporal.
Neurobiología y criterios complementarios de diagnóstico
En Octubre del año 2000 se aprobó la primera
droga para el tratamiento específico del trauma.
La misma es la sertralina, un inhibidor de la recaptación
selectiva de serotonina (SSRI o IRSS). Este es el último
paso de una serie de sugerencias y aplicaciones, no siempre
bien comprobadas, sobre la utilidad y el momento de la utilización
de psicofármacos en el tratamiento de los PTSD.
La terapia de estos cuadros puede ser entendida en la medida
de integrarla a la clínica y a la correlación
neurobiológica de la misma. Algunos comentarios sobre
la neurobiología del trauma, serán realizados
de manera general a fin de situarnos nuevamente.
La respuesta frente al trauma, a la agresión, comienza
con una respuesta de estrés en los términos
clásicos de temor y huida, temor y ataque. Es decir,
aparecen respuestas en el ámbito cognitivo que tienen
un correlato en el estado de alerta incrementada y del "scanning"
del medio. Esta información del medio, de la periferia
es procesada en el ámbito amigdalino, que a su vez
recibe y recaba información de la corteza de asociación
en cuanto a la extensión e intensidad del peligro
percibido. En este momento se elabora también sobre
la base de la memoria, y de allí la importancia de
la participación amigdalina, la intensidad y la calidad
de la respuesta de temor. A su vez éste circuito
amigdalino, integra información que recibe desde
el sistema autónomo neurovegetativo.
La "startle reaction", la reacción de sobresalto
frente al trauma, incrementa la frecuencia cardiaca, la
tensión arterial, la frecuencia respiratoria etc.,
y esto a su vez pasa a informar sobre la importancia del
cuadro. A su vez el sistema parasimpático regula
hacia la baja, funciones como las digestivas u otras no
inmediatamente necesarias. El hipotálamo segrega
más factor liberador de corticotrofina (CRF), provocando
el incremento a nivel hipotalámico de Factores liberadores
de adrenocorticotrofina (ACTH).
Existe un aumento de la salida de cortisol a nivel suprarrenal,
y ésta es información con respecto a la posibilidad
y el tiempo de vuelta a valores normales de cortisol. Una
respuesta prolongada indicará algo que tendrá
una elaboración cognitiva diferente, que si los valores
vuelven rápidamente a lo normal y esto será
procesado en el ámbito amigdalino, con su circuito
mnésico.
A las reacciones de estrés patológico se las
conoce dentro de la clasificación del DSM IV bajo
dos cuadros predominantes: el síndrome de estrés
postraumático (PTSD) y el estrés agudo (ASD).
Ambos cuadros representan una reacción de estrés
prolongada y severa.
La respuesta al cortisol es menor a lo normal, representando
una alteración en el feedback. A diferencia de la
depresión se encuentra un exceso en la supresión
a la dexametasona. Esta alteración llevaría
a una secreción anormal de norepinefrina y otros
neurotransmisores, generando una reacción de estrés
prolongada. Este aspecto en la relación entre un
sistema vagal, neurovegetativo y el circuito amigdalino,
tiene importantes correlatos clínicos y para la investigación.
En principio son áreas filogenéticamente antiguas,
con lo cual nos lleva a interesantes planteos teóricos
con respecto al "aprendizaje " de la respuesta
de temor. Por otra parte estas dos áreas expresan
el pasaje entre las clasificaciones DSM III-R y IV. En la
anterior existía un mayor peso sobre los aspectos
de alerta, hoy a la luz de los hallazgos de la participación
amigdalina, los aspectos de proceso de la información
y de memoria, aparecen con mayor vigor. Esto a su vez plantea
consecuencias en el abordaje.
Esta teoría polivagal como fuera enunciada por Porgez,
nos lleva a modelos de respuesta con baja o alta respuesta
autonómica y con mayor o menor carga de memoria.
Comúnmente se conoce a esto como personalidades tipo
I y II.
Otras áreas que participan son las cortezas orbito-frontal
y temporal y el hipocampo. La participación del cuerpo
calloso como conexión de mensajes derecha izquierda,
verbales (izquierdo) y no verbales (derecho), parece tener
una importancia a explorar en la posibilidad de conceptuar
la reacción, o sólo poderla evaluar en términos
neurovegetativos. Por ejemplo una conexión disfuncional
podría llevar teóricamente, a la incapacidad
de expresar las emociones correspondientes (alexitimia).
Este último factor podría ser importante en
la disociación frente al trauma, como vemos básicamente
en el estrés agudo, cuadro que se presenta con mayor
cantidad de elementos disociativos.
Tratamiento psicológico y farmacológico.
Durante mucho tiempo la idea de duelo o la idea de ansiedad,
fue la que imperó en el tratamiento, y por ello consideramos
necesario establecer previamente cierto correlato clínico
y anatómico.
Con el advenimiento de los nuevos antidepresivos, más
específicos se logró la posibilidad al menos,
de pensar en términos más concretos y funcionales.
El tratamiento farmacológico, sin embargo, no deja
de ser una consecuencia de las percepciones del clínico
y no existe, aún cuando citáramos ya en el
comienzo la aprobación de la FDA, un tratamiento
único y específico.
El tratamiento de estos cuadros es como algunos cuadros
psiquiátricos, que no pueden ser condensados en unos
medicamentos o indicaciones, sin embargo algunas consideraciones
y sugerencias pueden ser válidas.
En principio es esencial el diagnóstico diferencial
del cuadro que se nos presenta.
El insomnio puede ser un factor esencial, y al cual muchos
pacientes se adhieren por sus síntomas pero existe
una gran desinformación, por la cual en los sueños
encontrarían, la "solución" necesaria.
El medicarlo puede ser un gran progreso en la vida cotidiana.
Otro aspecto similar es la temporalidad del cuadro. Varios
trabajos han demostrado que un abordaje rápido y
eficaz del estrés agudo, disminuye la tasa de cuadros
posteriores.
En este momento algo que abordaremos en el tratamiento cognitivo
será la necesidad o no de tratamiento.
En principio, la indicación es siempre en primera
instancia psicoterapéutica, sin embargo, si después
de un mes tiene elementos perturbadores en su funcionamiento
importantes o con insomnio, la opción farmacológica
se debe considerar.
En este apartado se va a evitar el tratamiento de las comorbilidades
especialmente, pero debemos recordar su posibilidad en todo
momento y, para ello, la aclaración previa del diagnóstico
certero.
En primer lugar se piensa en un IRSS y, ahora, se propugna
en primer orden la sertralina, con dosis entre 50/150 mg/día
y luego citalopram, paroxetina, fluoxetina, fluvoxamina
etc. A esto pueden ser agregados en caso de ser necesario
ansiolíticos, básicamente se recomienda el
alprazolam y el clonazepam (1/4 mg/día). En algunos
casos, como por ejemplo el paciente con fuerte ideación
suicida el divalproato puede ser de utilidad. En los cuadros
crónicos, una buena idea es que en lugar de pensar
primero en cambiar la medicación, hacer un cambio
de la psicoterapia, o psicoterapeuta.
En la infancia la indicación de abordaje farmacológico
no debe ser negada, aún cuando la sugerencia es intentar
la mayor cantidad posible de abordajes de su medio y eventualmente
de psicoterapia antes que a la introducción de un
fármaco. El mismo, en caso de ser dado sigue los
mismos criterios que el adulto en cuanto a los de elección,
sin embargo, obviamente las dosis varían según
la edad y peso, y son de mayor importancia las variables
del diagnóstico.
Un adecuado tratamiento farmacológico, no es el dar
un ansiolítico, o un antidepresivo si creemos que
eso es lo que predomina, sino la comprensión de la
totalidad del cuadro, en sus aspectos desde sociales a neurobiológicos.
La indicación de farmacoterapia, puede ser más
acertada en caso de hacerla en estrecha combinación
con la terapia, y sirviéndose de elementos complementarios
de diagnóstico de los cuales existen varios.
Siguiendo con el PTSD, y enlazándolo en nuestra vida
diaria, diremos que actualmente este tipo de trastorno está
teniendo más notoriedad y protagonismo, debido a
la sociedad en la que nos vemos integrados.
Conclusiones
Hasta hace algunos años, quienes ejercíamos
como psicólogos frente a una población infantil
o a sus padres, nos dedicábamos a discutir sobre
la violencia televisiva. Ya en esa época la asociación
americana de psiquiatría infantil, revelaba aproximadamente
lo mismo que dice ahora, que el "problema" de
la permanencia frente a la violencia en las pantallas era:
· Volverse "inmunes" al horror de la violencia
· Gradualmente, aceptar la violencia como un modo
de resolver los problemas.
· Imitación de la violencia que se observa
en los medios como es la televisión
· Identificarse con ciertos caracteres, ya sean víctimas
o agresores."
Hoy en día, esa misma violencia ha sufrido en nuestras
sociedades una modificación fundamental: no ocurre
lejos y no es ficción. Quizás entonces nos
referiremos a algo que hemos comenzado a ver desde hace
ya algún tiempo, y son los individuos que presentan
un real trastorno de ansiedad, que como tales son derivados,
y que al realizar las primeras entrevistas diagnósticas
se revela como un paciente que padece estrés postraumático
(PTSD). Finalmente, ya no necesita haber sido sobreviviente
de una guerra, atentado, avión caído, o varias
de las causas tradicionales de este cuadro.
Es cierto que se tiende frecuentemente actualmente, a hablar
cada vez más de espectro del trauma, y a pensar menos
en alguna única patología, enfermedad o trastorno
como respuesta a esta situación. Es decir existen
múltiples imágenes del trauma. Entre ellas
también causas.
Entre las causas de PTSD encontramos las relativas a aquellas
en la que nuestra integridad física está comprometida
en forma directa o indirecta, real o imaginaria. Dentro
de aquellas relativas a la violencia sobre el individuo,
tenemos las acciones contra la sociedad en general, guerra,
atentados, racismo, violencia doméstica o familiar.
Entre aquellas relativas a lo que es llamado delito y en
particular aquellos que ocurren contra el individuo o contra
la propiedad y el individuo, ha habido un incremento que
las mismas estadísticas no alcanzan a manifestar.
Una noticia en titulares de una catástrofe nos anunciaba
el año pasado:
"En este país se denuncia un robo cada 45 segundos".
"De un informe del Ministerio de Justicia también
surge que se cometen cuatro asesinatos por día".
En nuestro medio y en el mundo, el ingreso masivo a la modalidad
delictiva con armas de fuego y compromiso de la vida, ha
hecho que se cambie la respuesta social y psicopatológica
frente al problema, es decir, al igual que en la guerra
o en un desastre natural la posibilidad concreta de compromiso
de la vida es evidente.
En nuestro país, todos tenemos alguien conocido o
hemos padecido algún episodio de violencia sobre
el individuo. Existen entonces varias lecturas necesarias
para comprender la magnitud y extensión del cuadro.
Varían desde la pura estadística, la de la
sensación psicológica, la llevada por los
medios y la individual en la cual el individuo va construyendo
esa realidad.
Hemos pasado desde los aspectos anecdóticos, a la
estadística.
Al presentarlos juntos queremos una vez más reforzar
la idea de unidad de la psique, en la cual el mismo sistema
amigdalino que va a tener un aspecto fundamental en el desarrollo
del cuadro, es aquel que cumple funciones particulares en
el recuerdo del trauma, parte central del mantenimiento
del trastorno. Es decir el trauma no solo existe en la percepción
concreta y real de peligro sino en la información
y la sensación que atrapa a una sociedad, expresada
en estas estadísticas alarmantes. Dicho al pasar
la respuesta de alarma será la otra variable neurobiológica
a considerar en la comprensión, diagnóstico
y especialmente tratamiento del cuadro.
Las reacciones frente a la violencia de todo tipo son múltiples
y esto ha sido sólo un intento de introducirlos a
la escucha de un hecho que creemos menos considerado pero
sin duda más frecuente, y ante el cual existe la
necesidad de entender las variables de presentación
a fin de su mejor abordaje. Al mismo tiempo entender que
al igual que las víctimas de otro tipo de violencia
(la sexual por ejemplo), existe en algunos casos la imposibilidad
de revelar la situación traumática.
El estar atento a esto como una causa posible de trauma
puede permitirnos elaborar también nuevas estrategias
terapéuticas, en las cuales se integren diferentes
elementos.
En los programas internacionales de intervención
más actuales, se contempla el sentido comunitario
del acontecimiento traumático. Cada círculo
es susceptible de impacto y al mismo tiempo, es fuente de
apoyo. Es preferible que la primera ayuda proceda de ellos,
por lo que inmediatamente hay que contemplar su nivel de
afectación y considerar en qué medida nos
puede servir de ayuda como parte de nuestro equipo.
Tras un desastre, estadísticamente el 20% funcionará
sin dificultad. Un 10% estará tan afectado que no
sabrá responder. El 70% restante, está en
medio; si les formamos antes o les tenemos en cuenta, podrán
convertirse en compañeros y no en pacientes.
Se dice que es un problema comunitario, porque la comunidad
donde ocurre el acontecimiento, no puede dejar de verse
implicada.
El psicólogo tiene que ayudar a hablar. Muchas personas
no tienen disponibles los recursos cognitivos suficientes
en estas situaciones. Hay que intervenir rápido y
con toda la población afectada que podamos. No se
sabe quién va a desarrollar PTSD o no. Hay que utilizar
acercamiento humano, activar los aspectos humanos. Eso no
significa que la actuación del profesional no se
base en pautas establecidas.
Actuar terapéuticamente puede ser contraproducente,
a pesar de que las reacciones en situaciones críticas
nos puedan parecer extrañas. Son normales y no necesitan
tratamiento.
Hay que ayudar a las víctimas a ayudarse a si mismas.
No hacerles sentir enfermos. Enseñarles sus recursos
o los de su familia. El objetivo es que no nos necesiten.
Hay que fijarse mucho en su situación familiar, si
hay algún familiar herido. No pueden estar abandonados.
Dar ayuda a los ayudantes.
No todo el mundo desarrollará un Trastorno por Estrés
Postraumático:
· Un 75% de la población de las víctimas
de una catástrofe, presentan trastornos que pueden
durar un corto tiempo.
· Un 10-15% permanece autocontrolado.
· Un 10-15% muestra síntomas del daño
que desaparecerán normalmente a las 6 semanas.
· Cerca del 80% de las víctimas de un acontecimiento
traumático, podrán enfrentarse solas a los
hechos; mientras que un 10-30% desarrolla trastornos serios
y duraderos.
· La patología entre las víctimas de
un desastre no aflorarán hasta los tres meses, cuando
entre un 15% y un 25% necesitará asistencia más
especializada (eso no implica necesariamente que la soliciten
ni que la reciban).
Algunas
reacciones del PTSD pueden durar meses o años y algunos
síntomas incluso pueden llegar a durar toda la vida.
Un año después del desastre, numerosos estudios
confirman que entre un 30% y un 40% de los supervivientes,
pueden verse afectados y, si el desastre ha sido provocado
por seres humanos, pueden llegar a índices del 30%
al 70%.
Si usted ha sido víctima de algún acontecimiento
traumático y se siente actualmente angustiado, no
dude en buscar la ayuda de un profesional. Existen muchos
problemas asociados al Trastorno por Estrés Postraumático
y, para superarlo, puede buscar la ayuda de profesionales
entrenados especialmente para este tipo de trastornos. Le
ayudarán a hacer frente a sus sensaciones, a tomar
medidas positivas para el manejo correcto de sus sentimientos
y conductas y, de esta forma, recuperar el estado anímico
habitual en el menor tiempo posible.
Isabel Plaza Herranz
Licenciada en Psicología
cenap@psicocentro.com
http://www.psicocentro.com