Octubre
2006: Acoso escolar Entrevista: Rosario Ortega Ruiz
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Este
mes entrevistamos a Rosario Ortega Ruiz, Catedrática
de Psicología Evolutiva y de la Educación de
la Universidad de Córdoba, persona con amplia experiencia
investigadora en el tema del acoso escolar.
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1.-
¿Cuáles son las causas que pueden explicar que
los niños practiquen comportamientos agresivos entre
ellos?
No
podemos, incluso quizás ni debemos, hablar de causas
directas, ya que el proceso por el cual un niño o niña
llega a tener comportamientos injustamente agresivos contra
otro u otros, puede venir influido por muchos factores.
Evidentemente
hay factores personales, quiero decir que el comportamiento
agresivo está perfectamente localizado y bien definido
y el bullying, es decir el acoso, la intimidación,
el abuso de poder, etc. de un chico/a hacia otros es responsabilidad
del que lo hace. Sin embargo, el cómo se ha llegado
a este comportamiento, puede ser un camino largo. A veces,
el chico acosador ha sido víctima de violencia domestica,
ha observado y padecido la violencia que los adultos le proporcionan,
ha visto como su madre es víctima de su padre o ha
padecido directamente la agresión injustificada. Ello
no quiere decir que todos los agresores sean a su vez víctimas
de otros, quiere decir que la violencia en general puede desplegar
una cierta espiral, en la cual, el sufrimiento de la victimización
termine convirtiéndose en el único camino reconocible
como posible. Pero hay jóvenes crueles que nunca han
sido víctimas de crueldad, sino precisamente jóvenes
muy poco orientados, que han hecho del mundo de los iguales
un escenario de convenciones y normas despiadadas y que sabiendo
que lo que hacen es incorrecto, persisten en crearse un mundo
aparte en el cual imponer su ley. También hay que hablar
de causas colaterales o influencias de extraños sistemas
de convenciones y normas propias de la micro - cultura más
cercana, muy especialmente de la micro - cultura que despliegan
los chicos y chicas entre sí.
En
definitiva, el fenómeno es multicausal y hay que prestar
atención a un conjunto de características personales,
familiares y sociales, antes de culpar a nadie directamente.
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2.-
¿Cuál podría ser el perfil tipo del
niño que acosa a otro?
Igualmente
hay que ser prudente en la definición de un niño
o joven en términos de acosador.
Muchos
chicos y chicas han participado, de una u otra forma, a veces
en grupos que han hecho puntualmente bullying
a otros, e inmediatamente, o en muy corto tiempo han rectificado.
No deberíamos denominar acosador a este tipo de chico/a,
aunque eso no significa que no debamos estar atentos a que
sucedan estos episodios y a rectificar dichas conductas inmediatamente.
Sin
embargo, si podemos hablar de chicos y chicas que mantienen
una tendencia a este tipo de comportamientos. Se trata de
una tendencia compleja: organizan sus amistades en torno a
sí mismos o a otro líder igualmente despótico,
saben cómo controlar la conducta de los demás,
reparte, a su aire, premios y castigos, exigen fidelidad y
secreto, etc. Se va configurando una personalidad autoritaria,
controladora, chismosa y levantadora de falsos rumores, que
esconde sus iniciativas e ideas a los adultos, que busca el
secreto y que llegado el momento miente sobre los acontecimientos.
Una personalidad problemática, pero no necesariamente
débil. Más débil sin embargo es la personalidad
de la llamada víctima agresiva o víctima paradójica,
que también es muy problemática pero que rara
vez organiza a su alrededor un grupo de acosadores.
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3.-
¿Qué indicadores nos pueden señalar
que nuestro hijo/a puede ser un acosador/a?
Me
parece muy importante la pregunta porque las madres y padres
podemos pensar únicamente que nuestro hijo pueda
ser victima pero también debemos pensar en la posibilidad
de que sea un acosador; actuar para evitar ambas posibilidades
es igualmente importante.
El
joven prepotente, autoritario y controlador que acosa a sus
compañeros, debe ser detectado y ayudado y en eso la
familia falla a veces porque el niño/a sabe muy bien
cómo esconder lo que hace en el centro escolar y en
la cuadrilla. Es más, es el secreto y el ocultamiento
de los hechos la característica que da al fenómeno
de la violencia entre iguales ese nivel de riesgo y peligrosidad,
dado que puede llegarse más lejos de lo que parecía
al principio. Es importante conocer quiénes y cómo
son las amistades, qué sentimientos y actitudes tiene
nuestro hijo hacia ellas (el despotismo y el desprecio es
fácil de observar) quién y cómo domina
a los demás, qué respuesta tiene ante los conflictos,
los problemas sociales, etc. qué actividades son las
más habituales, qué le gusta y hacia donde dirige
sus intereses. El hijo que crece y no sólo físicamente,
puede ir configurando una personalidad muy distinta de la
que creemos y protegemos. Hay que saber sorprenderse cada
día de cómo va cambiando y esto, habitualmente
para bien, pero cuando sea para mal, hay que saber detectar
que algo no está bien, que esas ideas y actitudes aunque
sean las de nuestro hijo son incorrectas, extrañas
o claramente inmorales.
En
definitiva hay que hablar con ellos y ellas habitualmente
antes de que nos parezcan seres extraños que ahora
no reconocemos dados sus gustos y opiniones. Pero si así
fuera, todavía hay que insistir más en hablar
con ellos y negociar opiniones y proyectos.
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4.-
¿Cuál podría ser el perfil del niño
que va a ser receptor del acoso por parte de otro u otros?
La
víctima del acoso puede ser cualquier chico/a. Los
estudios sobre victimización demuestran que no hay
un perfil único.
Ciertamente
que chicos y chicas menos impetuosos para imponer sus ideas,
escasamente asertivos, que se sienten inseguros porque no
han tenido en su familia y en el colegio oportunidad suficiente
de expresarse y de que les sean reconocidas sus opiniones
y valores, están en una situación más
vulnerable, pero ello no significa que todo chico/a tímida
o algo más tranquila socialmente, esté en riesgo,
a veces estos chicos y chicas tienen una resistente y bien
formada personalidad y saben muy bien como deshacerse de los
acosadores. Se trata más bien de esos chicos y chicas
que aunque ellos no lleven la voz cantante son muy sociables,
necesitan mucho a los demás, y aprenden a aguantar
con tal de tener amigos o estar incluidos en una cuadrilla.
Hay
que hablar mucho con ellos y reforzarles la libertad de elección,
la importancia de que su voz sea también oída,
la elección libre de la amistad, que aprendan a querer
a quién les quiere y a alejarse de quienes no les quieren,
les desprecian o abusan de su confianza y amistad.
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5.-
¿Qué indicadores nos pueden señalar
que nuestro hijo/a puede ser victima de acoso?
En
este sentido, el y la joven que está siendo víctima
del acoso manifiesta señales que a poco que tengamos
confianza y diálogo con él/ella, son evidentes.
Cambia
algo su carácter y sus actitudes, se vuelve irascible
o en algún sentido raro: miedoso, inseguro, inestable
emocionalmente. Luego están las posibles señales
físicas: puede, sobre todo si es chico, venir con moratones
de golpes o a veces heridas. El joven acosado, puede perder
el apetito o exhibir un desproporcionado deseo de comer; puede
peder el sueño o dormir mal, es muy frecuentemente
rechazar ir al centro escolar con mil excusas.
Es
muy importante estar pendiente de dichos cambios pero no ser
inquisitivo porque el miedo al comportamiento paterno, si
él supone que los padres pueden hacer muy visible su
enfado en el colegio y ello provocar nuevos problemas, puede
ser muy negativo.
Hay
que ir con cuidado, con conversaciones indirectas primero
y francas en cuanto se presuma que hay una verdadera situación
de acoso. Evidentemente hay que asegurar al chico o chica
víctima de sus iguales que los adultos van a manifestar
un comportamiento que no ponga en riesgo su vida social, que
es algo que estos chicos/as valoran como un principio intocable.
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6.-
¿Existen diferencias relacionadas con el género
en lo que se refiere al comportamiento de acoso y de recepción
del mismo?
Existen
diferencias de género tanto descriptivas, es decir
el número de chicos implicados, como víctimas
y como agresores, es distinto: más chicos que chicas
se implican en este problema. Ellos, por tanto están
en mayor riesgo que ellas.
Igualmente
existen diferencias en términos de las formas con las
que cursa el fenómeno. En términos generales
el acoso masculino es más verbal y físico, y
el femenino más social y vincular (se ataca la relación
misma).
Igualmente
el impacto que causa el acoso entre ellos y ellas es algo
distinto, pero siempre devastador para su seguridad, su desarrollo
y su aprendizaje.
Otra
cosa es que existen formas de acoso ligadas a las relaciones
inter-género, pero eso ya es un problema específico
que estamos estudiando en la actualidad, el llamado acoso
ligado a la formación de pareja sentimental (el dating
violence).
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7.-
¿Se puede afirmar que existen más casos que
antes?
Con
los datos de los que dispongo en la actualidad que son de
1992, de 1996, de 1998, y de 2001 (comienzo ahora un nuevo
estudio descriptivo) no puedo afirmar que haya más
casos, y los estudios que conozco en España no han
hecho un trabajo longitudinal y de comparación de
cohortes.
Yo
creo que hay nuevas formas, por cierto cada vez más
sofisticadas como el happy slaping, el ciberbullying,
etc. pero no necesariamente más personas implicadas.
En
fin, lo que me parece es que es más visible y que afortunadamente
más instituciones, desde la familia a las autoridades
educativas, se interesan por el problema, más investigaciones
profundizan en los múltiples detalles que todavía
desconocemos, etc. Todo ello es bienvenido, pero no debería
servir para hacer de este problema un objeto de alarmismo
social.
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8.-
¿Qué podemos hacer los padres y madres en
la vida cotidiana para evitar que nuestros hijos/as sean
victimas o acosadores de otros?
Creo
que he contestado antes. Lo más importante es la
buena, fluida y sincera comunicación con nuestros
hijos y buscar la más honesta y sincera comunicación
concreta con el centro escolar, para que cada institución
haga su parte y ambas se ayuden a ayudar a estos chicos
y chicas que necesitan, tanto o más que atención
a su instrucción académica, atención
a su desarrollo personal, social y moral.
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9.-
¿Cuáles son las medidas institucionales más
importantes que se ha llevado acabo para prevenir este fenómeno;
son suficientes, qué queda por hacer?
Se
están llevando acabo, en los últimos diez
años, un amplio conjunto de medidas que deben disponerse
de forma concéntrica, desde la atención primaria
a todos los niños y niñas de las escuelas,
en términos preventivos, de educación para
la convivencia, para la vida afectiva y emocional, para
la formación de un criterio moral sólido y
solidario, etc. hasta las medidas terciarias o de afrontamiento
directo con programas específicos de ayuda a víctimas
y agresores.
Este
afrontamiento debe ir desde el propio trabajo escolar especializado,
hasta la cooperación con los centros de salud, de atención
a los problemas sociales de los jóvenes y otros problemas
de inadaptación social, etc. Se trata de afrontar el
problema desde todos los ámbitos del contexto social
que influyen.
Es
lo que hemos llamado el modelo ecológico de educación
para la convivencia (Ortega y otros, 2000; Ortega y Del Rey,
2003; Ortega y otros, 2004; Ortega y Mora-Merchán,
2005).
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