MASCAR EL ODIO
Inédito
Hacia casi dos años que no nos habíamos visto. Estaba algo nerviosa pero ilusionada. En todo ese tiempo sin apenas contacto, tan solo algunas misivas de enfado y la conversación telefónica de las pasadas navidades que me habían transmitido calor y serenidad.
Una maravillosa frase : "Por supuesto que quiero hablar contigo", y ambas haciendo esfuerzos , a través del teléfono, para romper el hielo del desencuentro , con la ayuda de la conversación sobre el tiempo y las risas compartidas .
Ese recuerdo me indicaba que algo nuevo y cálido podía resultar de ese encuentro, después de más de dos años.
Cuando la ví, estaba ocupada hablando con otra persona, la besé con la alegría de volver a encontrarla , y me retiré para no inmiscuirme en una íntima conversación entre ellas. Me sonrió y sus ojos brillaron, y un calorcito dulce se instauró entre ambas.
Estaba muy solicitada y muchas personas se acercaban a ella para dialogar, yo seguí esperando sabiendo que al final también yo podría hablar con ella.
Unos cuantos estabamos intentando organizar una cena en la que todos pudieramos acabar la velada agradablemente. Era alegre volver a encontrar a personas queridas después de tanto tiempo, abrazarse, besarse y transmitirnos el calor humano de personas que compartimos una misma experiencia dolorosa.
Me di cuenta que los suyos esperaban su parecer para decidirse a compartir la mesa con el resto. Animada con el recuerdo de su última sonrisa y del brillo de sus ojos me dirigí a ella bastante confiada.
- "Que te parece, ¿venís a cenar con nosotros?" -le dije.
Se giró hacia mi y con un tono de voz muy seco me contestó:
- " He aceptado que me besaras porque no te he reconocido, pero para mi tu beso es un acto de acoso"
Me quedé sin habla. No supe que decir. Ella seguía mirándome.
- "Perdóname, no he querido acosarte". -pude al fin susurrar.
-" Tu has hecho que yo cogíera una baja, cosa que la empresa no consiguió".
- " ¿yo? no tenía ni idea, lo siento".
Mi cabeza giraba a mil y me preguntaba ¿por qué no me dijo nada de eso en Navidad? ¿por qué ha tenido que esperar ahora a decirlo? . Pero no podía hablar, no conseguía emitir ningún sonido. Seguro que mi rostro reflejaba mi absoluta incredulidad. Ella seguía mirándome y al fin dijo:
-" Mira, espero que lo comprendas pero no quiero hablar más contigo".
Luego se giró , me dió la espalda y siguió hablando con el jurista. Me quedé parada donde estaba, sola en medio de la multitud . Nadie se acercó. Comprendí lo "apestada" que estaba y decidí irme y desaparecer.
Respiré hondo, me tragué las lágrimas antes de que brotaran, no queria perder la compostura y haciendo un gran esfuerzo sepulté el dolor del desprecio, de la vejación , del ninguneo . Respiré muy hondo.
Me dirigí hacia las personas con las que habíamos quedado para cenar y me disculpé:
- "No vendré a cenar, ir vosotros ".
- "¿Por qué no vas a venir?"
- "Ya no soy persona-grata. Id vosotros ".- los ojos se volvieron acuosos .
- "De ninguna manera" - su brazo agarró el mío- "Tú vienes".
Un grupo de gente buena , tomó la iniciativa de organizar la cena. Parecía que , al fin, cenaríamos todos juntos .Yo me dejaba llevar. Unos iban en unos coches y otros iban en otros. Al final ella y su gente se fueron por su lado, y el jurista fué con ellos.
Luego se comentaron otras anecdotas. Cuando una chica joven fué a saludarla con un cordial:
- " ¿Tu eres Jana?"
Le respondió:
- "Para tí no"
La chica se quedó de una pieza. Nunca se habian visto, nunca se habían hablado, su único pecado era ir conmigo. Y así se lo hizo saber a ella y a todos. Ir conmigo era ser convertido en proscrito. Que a nadie le quepa la más mínima duda ser mi amigo está castigado con el desprecio.
Ese es el motivo por el que tantos amigos que se beneficiaron de mi afecto, de mi apoyo cuando nadie los apoyara , ahora esos con los que siempre fuí leal, esos huyen de mi. Ya no saben ni qué hacer ni que decir para que no ser considerados "amigos mios".
Entonces lo vi claro. Algo que siempre había estado ahí pero de una forma brumosa y poco evidente. Ella es una mujer herida, pero también es una niña malcriada , a la que se le consiente romper los juguetes cuando se enfada. Aunque ese juguete roto sea una persona. Se le consiente.
por Marina Parés Soliva. Feb 2004.
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