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Una
ola de violencia sacude a diario, de manera invisible y silenciosa,
los colegios e institutos de todo el mundo.
¿Qué
podemos hacer para entender el problema?
El bullying es el proceso de abuso e intimidación sistemática
que un niño efectúa sobre otro apoyado por un
grupo, generalmente en el ámbito escolar, y cuyas consecuencias
para la víctima pueden ser devastadoras si no se saben
atajar a tiempo.
Guerra
en la aulas amplifica aquello que aún es inaudible
para la mayoría de la gente: el murmullo de las paredes
de las aulas, el dolor silencioso del acosador, los quejidos
de las víctimas, las dudas de algunos profesores, el
desconcierto de los padres
Para
lograrlo, la pedagoga Nora Rodríguez nos ofrece un
estudio pormenorizado de estas situaciones, las ilustra con
ejemplos de la vida real, fruto de sus investigaciones y de
conversaciones con acosadores y víctimas directas,
y, después de analizar las posibles causas del problema,
nos proporciona las claves para solucionarlo: - ¿Qué
se debe hacer ante un caso de maltrato físico o psicológico
entre niños o adolescentes? - ¿Cómo deben
actuar los padres de la víctima para que no siga sufriendo
el acoso del bully? - ¿Qué pueden hacer los
padres del agresor para que éste deje de molestar a
sus compañeros? - ¿Qué medidas deberían
adoptar los profesores y los centros escolares? Es éste
un libro fundamental para padres y educadores.
Entender
a tiempo el problema del bullying y tratarlo como corresponde
evitará secuelas irreversibles en el desarrollo de
la personalidad de niños y adolescentes.
Tres años de investigación han dado como fruto
el libro Guerra en la escuela, un estudio sobre
la violencia en las aulas de Nora Ethel Rodríguez.
El trabajo arroja, entre otros, el escalofriante dato de que
el 48% de los escolares españoles ha tenido relación
con situaciones de acoso, un fenómeno cada vez más
extendido.


Entrevista
- Dice que cada día hay más acoso en las
aulas. ¿No se trata de un fenómeno que ha existido
siempre?
Sí, pero no. Antes, un conflicto se solucionaba con
una pelea en una esquina. Ahora es diferente porque los chicos
tienen menos valores. Cada vez existe menos conciencia de
la violencia, menos tolerancia ante la frustración
y menos capacidad de esfuerzo.
-¿Dónde
está el límite entre las peleas y riñas
propias del ámbito escolar y el acoso?
No hablamos de peleas esporádicas ni de meterse con
un chico porque caiga peor que los demás. Para hablar
de acoso tiene que darse una situación de violencia
sistemática y permanente en la que un alumno se ensaña
con otro con el fin de imponerse.
-En
su obra dice que existe el acoso en niños de cuatro
años. ¿Es posible el ensañamiento a esa
edad?
La explosión de las actitudes violentas se da entre
los 11 y los 15 años por las características
del niño en esa etapa, cuando se despega de su familia
y vive más en grupo. Pero un niño de cuatro
años entiende perfectamente lo que es dañar
a otro y lo que le puede suceder al otro con su actitud violenta.
- No es cuestión de edad, ¿tampoco de género?
No, la mayor parte de las veces es mixto, sobre todo porque
ahora en las escuelas hay chicos y chicas mezclados. Cuando
sólo se da entre chicos es más físico,
para hacer valer el poder a través de la fuerza: golpes,
patadas... Entre chicas, el acoso se hace a través
de rumores sobre la moralidad de otra chica, o con comentarios
despectivos sobre su aspecto físico.
- ¿Hay un prototipo de niño acosador?
Pueden convertirse en acosadores los chicos que no tienen
límites en casa o los que reciben una educación
demasiado estricta; también los que viven situaciones
de violencia en sus hogares. Además, los niños
que acosan suelen tener una baja autoestima y, como no son
líderes naturales, necesitan imponerse mediante la
violencia para controlar a los demás.
-Para
su estudio ha hablado con muchos padres. ¿Qué
cree que es más duro, ser padre de una víctima
o de un maltratador?
Ser padre de víctima. Los padres de acosadores no asumen
que su hijo pueda sufrir un problema y tiran balones fuera,
justifican la actitud de su hijo argumentando que también
lo hacen otros.
-¿Piensa
entonces que la responsabilidad de este fenómeno puede
achacarse a los padres?
Los padres y los profesores tienen toda la responsabilidad.
Aunque la sociedad actual tiene también mucho que ver.
Es violenta, hiperconsumista, no valora el esfuerzo para conseguir
objetivos.
-¿Es
la educación el remedio a esta enfermedad
de la sociedad?
Por supuesto. Hay que desterrar los modelos que enseñan
a solucionar los problemas mediante la violencia (si
te pegan, pégales tú, etcétera...).
Nadie nace violento y los niños acosadores aprendieron
esta conducta en algún momento de su vida o entendieron
que era la manera de defenderse ante el mundo. Hay que educar
también al grupo donde hay una situación de
acoso porque, aunque aparentemente no hace nada, es quien
con su silencio da el poder al acosador.
-Estas
medidas son preventivas, pero cuando ya existen víctimas,
¿qué hacer para terminar con su sufrimiento?
Es muy importante que expresen lo que les pasa, que puedan
contarlo a alguien. Por eso sería bueno que en cada
colegio existiera la figura de un mediador, para que los niños
pudieran contar sus preocupaciones. Si no, debería
existir un teléfono o una página web donde se
les pueda atender y en la que, se les asegure su anonimato.
El Correo Digital 24 de diciembre de 2004
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