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Es
difícil haber olvidado el caso Nevenka, la joven concejala
de Hacienda y Comercio del Ayuntamiento de Ponferrada que,
en marzo de 2001, decide poner todo patas arriba y denunciar
al alcalde, Ismael Álvarez, por acoso, provocando un
pequeño terremoto.

Apoyos
al Acosador
Nos había sacudido, en el proceso público, el
papel del fiscal José Luis García Ancos, al
que hubieron de relevar por tratar a Nevenka como acusada
en lugar de víctima; o las declaraciones de Ana Botella
cuando salió la sentencia del Tribunal tachando de
impecable el comportamiento del ya ex alcalde al ser condenado
por un delito de acoso sexual cometido sobre su concejala
de Hacienda, sirviéndose, para humillarla, de su superioridad
jerárquica. De igual modo que nos pareció insólito
que se promoviera una manifestación de apoyo y desagravio
a Ismael Álvarez, a la que acudirían y
así lo hicieron todos los alcaldes pedáneos
del PP y que contó con el apoyo, entre otros muchos,
del cantautor Amancio Prada.
Después de la resolución judicial que supimos
el último día del mes de mayo de 2002, esperamos
a los recursos presentados ante el Tribunal Supremo, que el
17 de noviembre de 2003 confirmaba la sentencia, aunque rebajó
la multa impuesta en primera instancia al considerar que entre
un alcalde y un concejal no existe relación jerárquica
alguna y que, por lo tanto, no se había dado el agravante
de abuso de autoridad.
Quedó en nuestra memoria. En la mía sí
que pensé en la valentía de Nevenka, en su sufrimiento,
y sentí mucho agradecimiento hacia esta niña
pija que nos dijo: «Tengo 26 años... y
dignidad», al leer el comunicado en el Hotel Temple
de Ponferrada el 26 de marzo de 2001, presentando su dimisión
como concejala de Hacienda y Comercio unos pocos minutos después
de denunciar por acoso sexual a su alcalde.
Juan
José Millás, que confiesa una atención
irregular al caso, perdiendo notas que tomaba aquí
y allá, se desvela una noche, coincidiendo con la publicación
de la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de Castilla
y León, y piensa en la historia de esta mujer como
en la de un extrañamiento:
«Había
sido víctima de su propia cultura, una cultura machista,
misógina, brutal en muchos aspectos". De hecho,
cuando Ismael Álvarez perdió el juicio y se
vio obligado a dimitir, Ana Botella, una de las mujeres más
influyentes del Partido Popular, había alabado la actitud
impecable del acosador sin tener una sola palabra
de solidaridad hacia la víctima.
»Nevenka, pues, había sido uno de ellos
hasta que ellos empezaron a producirle horror
(y ya veremos el tamaño de ese horror). A lo largo
de ese proceso de extrañamiento se convirtió
en un monstruo para los suyos, pero también para sí
misma, pues no había contado con una cultura de recambio
que la acogiera para curarle las heridas. En cierto modo al
denunciar el caso, había renunciado a su identidad
sin tener otra de repuesto» (página 27).
Otros enigmas o misterios también alimentan su curiosidad.
¿Qué hace una Nevenka en Ponferrada? ¿Por
qué nadie la había entrevistado, aunque todo
el mundo la había perseguido? ¿Dónde
se había metido desde el día que dimitió
públicamente y puso la denuncia hasta que comenzó
el juicio?... Le pareció que «aquí había
una novela» (p. 31), y este libro es el fruto que germinó
en aquel desvelo.
El
Libro
Zigzaguea a lo largo de 21 capítulos y un epílogo,
para meternos de lleno en una historia concreta, terrorífica,
de acoso moral y sexual en la que la víctima, como
todas las víctimas de acoso, ha quedado paralizada,
sin posibilidad de defenderse.
«El termino acoso había dado vueltas en su cabeza
desde que lo mencionara la doctora Mollá, pero Nevenka
lo había rechazado para describir su situación
porque lo asociaba a mujeres incapaces de defenderse»
(p. 90), y no era ésa la imagen que tenía de
sí misma. «Había cultivado de sí
misma la imagen de una mujer con recursos y no podía
comprender aquella parálisis de cuya existencia hablaba
ahora el libro de Hirigoyen (*). [...] »La Biblia para
comprender lo que ocurre en tales situaciones. [...] Una de
las frases que dejó a Nevenka sin aliento por la precisión
con la que describía su propia experiencia: En
este libro demostraré que el primer acto del depredador
es paralizar a su víctima para que no se pueda defender»
(p. 103).
Y
ésta es una de las cuestiones importantes que el libro
aborda magníficamente. Vivimos en sociedades en las
que todo está organizado para criminalizar a la víctima.
No es sólo que García Ancos la trate en el juicio
con una inusual dureza ni que le espete: «¿Por
qué usted, que no es una empleada de Hipercor que le
tocan el trasero y que tiene que aguantar por el pan de sus
hijos, por qué usted aguantó?», queriendo
convertir en culpable a la víctima, sino las muchas,
muchísimas personas que preguntaban a Nevenka (o a
otras Nevenkas): ¿Y tú, por qué
no hacías algo cuando...?. O todos esos comentarios
igualmente insidiosos como el «algo habrá
hecho, algún beneficio habrá obtenido,
no puede ser tan ingenua como para no saber dónde
se metía. Incluso cuando los comentarios procedían
de personas de talante progresista, se advertía enseguida
que el asunto había sido percibido, en el mejor de
los casos, como un ajuste de cuentas entre gente de la derecha.
No se negaba que Nevenka Fernández hubiera padecido
acoso, pero se venía a decir que se lo tenía
merecido por ser de derechas. La ex concejal de Hacienda añadía
a este pecado original el de ser una mujer atractiva»
(p. 27-28).
O esa conocida que le comenta a Millás el día
de la publicación de la sentencia: Esa chica
está hablando demasiado [...] Además, apareció
en la rueda de prensa con una minifalda hasta aquí.
«Por supuesto, Nevenka podría haber ido con una
minifalda hasta aquí sin que ello sirviera
para descalificarla. Pero ese día llevaba pantalones.
Había una necesidad evidente de convertirla en culpable
del acoso del que había sido víctima. Y no creo
que mi conocida mintiera al decir que la había visto
en minifalda: la había visto así porque necesitaba
verla así. En definitiva, en este caso, como en casi
todos, la mayoría vio lo que esperaba ver, porque ello
coincidía también con lo que necesitaba ver
para que sus certidumbres no se derrumbaran» (p. 29).
»De todos modos, dice Nevenka, no deja de ser
curioso que en estas situaciones preguntemos a la víctima
por qué no se defendió en vez de preguntar al
agresor por qué atacó».
De hecho, la que se ha hecho famosa es Nevenka y no Ismael
Álvarez. Ella ha sido, a la postre, la que ha tenido
que exiliarse porque no encontraba trabajo en ningún
sitio con un currículo brillante, mientras Ismael Álvarez,
el agresor, puede ser convidado, como lo ha sido, a leer el
pregón de las fiestas de su pueblo, recibir homenajes
o seguir gestionando tranquilamente sus negocios con buenos
enteros en su cuenta corriente.
La normalidad la representa y encarna Ismael Álvarez
y su mundo, y si queremos explorar otra de las manifestaciones
de ello se pueden ver los resultados electorales en las últimas
elecciones generales de marzo de 2004. El PP obtuvo los mismos
votos que en las anteriores elecciones generales (13 de marzo
de 2000), fecha en que Ismael estaba ya destruyendo a Nevenka,
pero nadie sabía nada. Ni siquiera Nevenka era muy
consciente de lo que estaba pasando.
La clientela del PP de Ponferrada, medida a través
de los votos, no se vio tocada por esta cuestión.
El asunto Nevenka, o bien no había existido, o esos
miles de votos respaldan de un modo u otro esa normalidad.
Ya no digamos eso que podríamos llamar acoso
de baja intensidad, totalmente integrado como un modo
de relación laboral, social o familiar.
¿Por
qué?
Es de sustancia el libro y da materia a la reflexión,
aparte de inquietarnos por razones que cada persona puede
desvelar al cabo de su lectura.
Se siguen las razones que pueden conducir a una persona a
ser víctima o a convertirse en víctima. Esencialmente
estar allí, cometer la torpeza de dejarse
seducir, tener algo de más, como explica Hirigoyen
(en el caso de Nevenka, belleza, vitalidad, inteligencia,
formación, sensibilidad y ser una comprensiva
patológica...), cualidades apetecibles y envidiables
que cualquier perverso narcisista intentará apropiárselas,
utilizando las fallas o grietas de su víctima, mientras
hunde a la persona que las posea. Éstas u otras.
Es relevante comprender que el acoso, en cualquiera de sus
manifestaciones o en los distintos ámbitos en que pueda
acontecer, puede sucedernos a cualquiera que dé con
un acosador ávido de poder. La idea de que eso
(lo innombrable) puede pasarle a otras personas pero a mí
no... es otro modo sutil y estúpido de culpabilizar
a la persona que sufre o sufrió acoso. Puesto que si
yo puedo evitarlo, quien lo padece o ha padecido
ha hecho algo inadecuado que dio pie a que el agresor se instale
en sus alrededores, estreche el cerco y la hunda.
El recuerdo de la pecera, enorme, que Nevenka, de adolescente,
gustaba observar en el salón de la casa de sus padres,
en donde los peces negros acabaron con los peces de colores,
es aterrador y fuertemente simbólico.
«Cuando viajé a Ponferrada y conocí de
cerca la atmósfera moral del Ayuntamiento, me pareció
que era un microcosmos de peces negros en el que había
ido a caer inocentemente un pez de colores. Las posibilidades
de que Nevenka sobreviviera en aquel ecosistema brutal eran
simplemente nulas. Los peces, como los seres humanos, son
caníbales, pero, como los humanos también, disfrutan
volviendo loca a su presa antes de devorarla...» (p.
46).
Consecuencias
El libro también nos aproxima a las consecuencias para
la víctima de un proceso de victimización. En
esa alegría de la vida tan extendida que es humillar
a nuestros semejantes, se puede matar sin mancharse las manos.
Sin dejar rastro.
«Cuando vi a Nevenka, me quedé espantado: parecía
una criatura recién salida de un campo de concentración.
Estaba en los huesos. Miraba a un lado y a otro cada vez que
decía algo, como si flotara en el ambiente un peligro
indeterminado que en cualquier momento pudiera materializarse.
Encendía un cigarrillo con la brasa del anterior. También
hacía un gesto raro con las manos, como si se las estuviese
lavando continuamente, o como si quisiera deshacerse de unas
ataduras invisibles. En fin, te ponía los pelos de
punta...». Éste es el relato y el retrato que
el señor Invisible, uno de los personajes misteriosos
de nuestro libro, hace de Nevenka a Millás (p. 35).
¿Y qué decir del hecho de que a lo largo de
todo ese tiempo Nevenka no volviera a mirarse a ningún
espejo?
Marie France Hirigoyen insiste en no atribuir al masoquismo
(ni confundirlo), que nos libera de responsabilidades, puesto
que hay consentimiento y se puede abandonar el juego si se
desea, explicación cómoda a la que
recurren también algunos profesionales «que consideran
que todas las víctimas de una agresión perversa
son cómplices secretos de su verdugo, con el que entablan
una relación sadomasoquista que entraña una
fuente de placer. [...]
»En la relación con el perverso no hay simetría,
sino dominación de un individuo sobre otro, e imposibilidad
de que la persona sometida reaccione y detenga el combate.
Por eso se trata de una agresión. El establecimiento
previo del dominio ha desterrado la posibilidad de decir no.
La negociación es imposible, todo es impuesto».
(Hirigoyen: 124).
El
Acoso
El
proceso mismo, tan sutil, insidioso, indecible. «El
acoso nace de forma anodina y se propaga insidiosamente».
No se produce de un día para otro. Nevenka, al igual
que cualquier otra víctima de acoso, hasta que no es
capaz de unir muchos datos para interpretarlos, sabe que contar
anécdotas sueltas parece ridículo a quien escucha
e incluso a quien cuenta que no sabe ya si es un exceso de
suspicacia o de neuras, tendiendo a culpabilizarse. Y así
se va instalando lo indecible y se teje la tela
de araña en la que los agresores atrapan a sus víctimas.
Una cuestión que se repite casi siempre: la soledad
absoluta de las víctimas, abandonadas prácticamente
por el entorno familiar, amistoso, social que no ve nada,
sólo las neuras de la víctima a quien el agresor
se ha encargado de desestabilizar, pero lo ha hecho sin dejar
rastro.
En el caso de Nevenka, ni su familia, de parecido entorno
cultural que el Gobierno ponferradino, ni siquiera aquellos
poquísimos apoyos que Nevenka y Lucas habían
dado como seguros. La cobardía moral, el miedo, la
pérdida de comodidades o seguridades o el ¿pero
tú sabes lo que estás haciendo? han atrapado
a personas de quien las víctimas no podían esperar
tal desamparo.
Una cuestión sí llama la atención en
esta historia, el personaje de Charo Velasco, portavoz del
PSOE en el Ayuntamiento de Ponferrada, a quien, en un arrebato
de olfato, Nevenka cita para ponerla al tanto
de lo que pasa y pedirle que no saque provecho de la situación.
Vaya, ¡una perita en dulce: el alcalde sorprendido en
un asunto de acoso sexual!
«Nevenka temía que si la baja por enfermedad
se prolongaba, fuera el PSOE el que exigiera a Ismael Álvarez
ocupar su vacante» (p. 83). Charo Velasco, con quien
Nevenka no había tenido otra relación fuera
de la esfera de lo político, no usa esta cuestión
para desgastar al PP de Ponferrada, pide a su grupo que no
lo haga, algo verdaderamente insólito en el mundo de
la política en donde el todo vale es la
ley para obtener votos o derribar al adversario o al enemigo.
«En muchas ocasiones, gente de su partido reprochó
a Charo Velasco no haber utilizado el asunto para desgastar
a Ismael Álvarez, pero ya hemos dicho que no es una
mujer de temperamento político, o simplemente que es
honesta, algo tan raro en la política...» (p.
89).
Trivialización
del mal
Detrás del problema del acoso late también cómo
afronta la sociedad (amplia o cercana) estas cuestiones y
qué valores cultiva en relación con la cuestión
del poder. Si trivializa o no el mal.
«Prestamos poca atención a sus víctimas
[de los perversos], que pasan por ser débiles o poco
listas, y, con el pretexto de respetar la libertad del otro,
podemos vernos conducidos a no percibir ciertas situaciones
graves. En efecto, una manera actual de entender la tolerancia
consiste en abstenerse de intervenir en las acciones y en
las opiniones de otras personas aun cuando estas opiniones
o acciones nos parezcan desagradables e incluso moralmente
reprensibles. Manifestamos asimismo una indulgencia inaudita
en relación con las mentiras y las manipulaciones que
llevan a cabo los hombres poderosos. El fin justifica los
medios. Pero ¿hasta qué punto es eso aceptable?
¿No corremos con ello el riesgo de erigirnos en cómplices,
por indiferencia, y de perder nuestros límites o nuestros
principios? [...]. El contexto sociocultural actual permite
que la perversión se desarrolle porque la tolera»
(Hirigoyen: 13-14).
«La cuestión del poder atañe a toda la
sociedad. En todas las épocas ha habido seres carentes
de escrúpulos, calculadores y manipuladores, y para
los que el fin justifica los medios. Sin embargo, la multiplicación
actual de los actos de perversidad en las familias y en las
empresas es un indicador del individualismo que domina en
nuestra sociedad. En un sistema que funciona según
la ley del más fuerte, o del más malicioso,
los perversos son los amos. Cuando el éxito es el valor
principal, la honradez parece una debilidad y la perversidad
adopta un aire de picardía.
»Con el pretexto de la tolerancia, las sociedades occidentales
renuncian poco a poco a sus propias prohibiciones. Pero, al
aceptar demasiado, como lo hacen las víctimas de los
perversos narcisistas, permiten que se desarrollen en su seno
los fenómenos perversos. Numerosos dirigentes o políticos,
que ocupan no obstante una posición de modelo para
la juventud, no muestran ninguna preocupación moral
a la hora de liquidar a un rival o de mantenerse en el poder»
(Hirigoyen: 175-176).
Recuperación
Tiene
a su vez mucha energía el libro en la descripción
de la reacción de Nevenka, el proceso de curación.
Ese «no falta mucho para que vuelva a mirarse al espejo
sin sentir vergüenza» (p. 130). Sabe que la condición
de construir otra vida pasa por cerrar bien las ventanas de
la vida anterior. Con la oposición de todo el mundo,
quiere hacer la denuncia incluso a riesgo de equivocarse,
y en ese proceso tiene que empezar a nombrar y rememorar las
innumerables escenas para apresar toda esa cantidad de palabras
aparentemente anodinas, sentidos no expresados, alusiones
permanentes, insinuaciones constantes, hostigamiento sexual
y chantaje que la han ido descalificando, desacreditando,
aislando y humillando sexualmente hasta desestabilizarse.
Tiene que «juntar las piezas de ese jarrón roto»
que ha llegado a ser su vida.
Por todo eso merece la pena leer el libro. Incluso más
de una vez, como yo lo hice. Porque dice muchas cosas, con
muchos matices, y porque tiene un inequívoco punto
de vista, y además, porque, mientras seguimos el caso
de Nevenka, muchas personas podemos reconocer comportamientos
(propios y ajenos) desestabilizadores, de maltrato
en la vida cotidiana.
No es morboso y no se recrea en minucias innecesarias. Está
bien organizada la historia, con una orientación que
yo llamaría poco victimista, en el sentido
de que el libro empieza con la dimisión y la presentación
de la denuncia, Los restos de Nevenka, y acaba
con Nace la otra Nevenka, ésa que ya sabe
que «hay algo que no es como me dicen».
Puede ser también un aliciente para las víctimas
de acoso o las personas de su entorno. Saber que se puede
salir de estas situaciones, que hay que buscar apoyos y ayudas,
que hay que curarse, y que para ello es imprescindible nombrar,
decir, dejar de justificarse, de proteger y culpabilizarse.
El caso Nevenka nos da la experiencia de una vida concreta.
Y es hermoso acercarse a todo ese sufrimiento y al proceso
de destrucción para tener mayor sensibilidad con las
víctimas y menor tolerancia a las cosificaciones, a
las faltas de respeto hacia los seres humanos, a las manipulaciones
y a cualquier comportamiento reprobable en el ámbito
privado y en el público. El libro de Marie-France Hirigoyen,
imprescindible para conocer más y mejor, la Biblia
en estas cuestiones, incluye consejos prácticos para
la pareja y la familia y para la empresa, aparte de un capítulo
dedicado a la ayuda psicológica. Cosas bien necesarias,
porque aunque no estamos muy familiarizados con esto del mobbing
o acoso, las estadísticas empiezan a ponernos los pelos
de punta. Se calcula que un 15% de los trabajadores españoles
lo sufren, y en la Administración pública, la
cifra se dispara a un 33% (Rosa Montero, El País, 22
de junio de 2004).
Comparto con Millás la idea de que Lucas es uno de
los personajes más enigmáticos del libro. «Vi
cómo cobraba importancia a medida que pasaban los capítulos
sin que él hiciera nada por crecer ni yo por aumentar
su tamaño» (p. 207).
Tiene un buen cuerpo de letra para présbitas y ocupa
209 páginas. Del precio ya no me acuerdo. De todos
modos, no debería ser excusa para no leerlo. Hay bibliotecas
y existe, además, el préstamo amistoso.
___________________
(*) Marie-France HIRIGOYEN: El acoso moral. El maltrato psicológico
en la vida cotidiana (original, París, 1998). Paidós,
Barcelona, 1999. Libro que le regala Adolfo Barreda, el abogado
que va a hacerse cargo de su caso, en la primera entrevista
que tienen, con la recomendación de que lo lea cuanto
antes.
http://www.pensamientocritico.org/nansan1004.htm
El
caso de Nevenka Fernández
Comentario del libro de Juan José Millás Hay
algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández
contra la realidad (Santillana, Madrid, 2004, 209 páginas).
(Página Abierta, 152, octubre de 2004)

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