EL mobbing es una situación
laboral repetida y mantenida en el tiempo (H. Leyman establece
que se da al menos 1 vez a la semana durante más
de seis meses), que conlleva una serie de agresiones psicológicas
que atentan contra la integridad y la dignidad personal
y profesional del trabajador afectado, y que supone un riesgo
laboral con importantes consecuencias físicas, psicológicas
y sociales para la salud del trabajador.
El origen del mobbing está
en la presencia de relaciones interpersonales extremadamente
negativas en el ámbito de trabajo. Pero es importante
diferenciar qué es mobbing de lo que no lo es. Debemos
tener en cuenta que el lugar de trabajo es un campo donde
entran en juego distintas personas que ocupan distintos
puestos, lo que implica actividades diversas y situaciones
jerárquicas. Todo esto hace que surjan conflictos.
Éstos son normales en toda organización y
no justifica que hablemos de mobbing. Sólo cuando
éstos conflictos no se gestionan bien, y se dan otros
factores como la mala organización del trabajo, pueden
mantenerse en el tiempo. Es entonces cuando puede que una
de las partes adopte comportamientos acosadores.
El acosador pretende a través
de una serie de actuaciones atacar poco a poco a la persona
hasta ir minando su salud. El objetivo final del mobbing
es que la persona abandone la empresa. Hay una serie de
comportamientos propios del acoso psicológico que
se utilizan en el medio laboral entre los que están:
acciones contra la reputación o la dignidad como
la creación de rumores sobre la vida laboral e incluso
privada del trabajador; acciones contra el ejercicio de
su trabajo, cambian las condiciones de trabajo, no se le
dan tareas o éstas son imposibles de cumplir; acciones
que manipulan la comunicación, se le niega la palabra,
se le ignora, poco a poco se va produciendo un aislamiento
social; y acciones de desigualdad, hay una diferencia clara
entre la víctima y el resto de compañeros.
Todos los comportamientos
que pone en marcha el acosador (y no sólo él,
puesto que además busca aliados que de forma más
o menos consciente le apoyen), repercuten en la salud física
y psicológica de la persona hasta que ésta
no puede soportarlo más y decide abandonar la empresa.
Para cuando llega esta situación,
la salud de la persona ya sufre un importante deterioro
tanto a nivel físico como psicológico. En
este último ámbito, las consecuencias pueden
ser: síndrome de ansiedad generalizada, trastorno
por estrés postraumático, estados depresivos...
Para disminuir la ansiedad provocada por esta situación,
pueden aparecer otro tipo de comportamientos, como el uso
de drogas u otro tipo de adicciones. A nivel físico,
se somatiza la situación pudiendo aparecer: trastornos
cardiovasculares, musculares (temblores, contracturas ),
respiratorios (asma, sensación de ahogo ), gastrointestinales,
trastornos endocrinos, dermatológicos A nivel social,
la falta de apoyo y la dificultad que a partir de la situación
tiene la persona para relacionarse con los demás,
supone un problema añadido y un factor importante
para agravar aún más la patología que
en los aspectos físico y psicológico presenta
ya.
Pero no sólo la persona
se ve afectada, sino que la familia y la empresa también
sufren las consecuencias. La familia puede llegar a desestructurarse
y la empresa sufre muchos costes (descenso en el rendimiento,
problemas de información y comunicación, aumento
de absentismo, incremento del riesgo de accidentalidad).
Para evitarlo es fundamental
que la empresa tenga en cuenta este tipo de riesgos en su
plan de prevención de riesgos laborales. Una vez
que el acoso se da es necesario hacer frente al problema,
no aguantar la situación. Entre otras medidas destacamos
la de ponerse en manos de profesionales (fundamentalmente
asesoramiento psicológico y legal si se considera
necesario), poner en conocimiento del servicio de prevención,
delegados de prevención, dirección de la empresa,
compañeros, etc. la situación vivida, buscar
el apoyo social de amigos y familia. Para finalizar, la
medida más importante está en manos de todos:
ser conscientes de estas situaciones, dejar de ser «testigos
mudos» y no permitir el acoso de nadie.
http://www.larioja.com/pg050127/prensa/noticias/Tribuna/200501/27/RIO-OPI-107.html