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DIGNIDAD
PERSONAL, OBJETIVO DEL ACOSO MORAL.
ONG ESTUDIO Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA.
Prof.: M. Muñoz A.
USM-RBB, Concepción.
Abogado - Autor
Mayo 2007
Cuando nos enfrentamos al tema de los Derechos Humanos, surge
casi espontáneamente el concepto de dignidad de la
persona humana, y ciertamente sentimos que nos abocamos al
conocimiento de un tópico perfectamente claro, sobre
el que todo el mundo se encuentra de acuerdo. No obstante
esta percepción, saludable, por cierto, la dignidad
de la persona humana merece más de una palabra y una
reflexión. Claramente no necesitamos mayores esfuerzos
para apreciar, muy objetivamente, que frente a una persona
humana, nos encontramos con un ser distinto, especial y diferente
a todo lo que existe sobre el planeta. Captamos, más
que por conocimiento, por intuición, que en el otro
hay algo en que nos reflejamos notablemente y que no es lo
material o físico, sino, en cuanto a aquello que multiplicado
en cada ser independiente y unitario, resulta propio y común
al mismo tiempo para todos los individuos. Ello, no es un
valor o una medida de ser persona. Más que eso, es
la sustancia o la esencia que perteneciendo a todos, se encuentra
particularmente en cada uno, dando a la persona un carácter
especial, privativo de esta calidad.
Inútil sería traer a este breve trabajo los
conceptos de los filósofos griegos, o de la ilustración
o del modernismo, pues, más que una comprensión
lógica o una definición científica, el
concepto de dignidad humana, es una cuestión de conciencia
formada en miles de años de desarrollo del conocimiento
y de la formación de la conciencia social de la humanidad,
reimpulsada en estas últimas décadas por la
doctrina de los derechos humanos. Desde Hamurabi hasta Jesús
y Aristóteles a la Declaración de los Derechos
Universales del Hombre, todo ha sumado para adquirir y desarrollar
el concepto que la persona humana resguarda en si misma, las
propiedades que la sociedad requiere para su sobrevivencia:
El Derecho a la Dignidad.
El origen de la dignidad de la persona representa otro desesperado
esfuerzo intelectual para desentrañar el misterio de
este enigma. Pero, ¿es en realidad un problema que
en el que debamos hacer denodados esfuerzos para dilucidar?
La verdad es que no. La dignidad de la persona es parte de
ella misma, de sus atributos esenciales como la vida y la
integridad física y psíquica. Llega a este mundo
envuelto en ella y no se separa bajo ninguna circunstancia,
pues, no se encuentra en el comercio humano, no es transferible,
renunciable, desechable e íntegra. Esto último
en cuanto no puede separarse, dividirse o minimizarse. La
dignidad de la persona es su vida. El hálito superior
y universal que lo integra al paisaje social, geográfico
y humano con todos lo que le corresponde, por el solo hecho
de existir.
Nuestra sociedad política reconoce esta idea y la plasma
en el artículo primero de la Carta Fundamental: "Las
personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos"
En otras palabras trae consigo al llegar a la vida, como ser
independiente, su propia dignidad, así como su propia
vida, y junto con ella los derechos necesarios para desarrollarse
como persona. Vida y Dignidad, vienen a ser el mismo bien
jurídico integrado en la triada conceptual Vida, Dignidad,
Derechos.
Sin duda, hay una vinculación intuitiva entre Vida
y Dignidad. Así lo ha entendido el legislador al consignar
como Garantía Constitucional el respeto y protección
a la vida privada y a la honra de la persona y su familia.
(art. 19,N° 4, C.P.R). Más aún, no puede
concebirse el ejercicio de ningún derecho si no se
encuentra integrado a este valor esencial de la persona humana.
Así, la integridad física y psíquica
no puede estar aelada de la dignidad personal. ¿Qué
sería de la vida humana sin la correspondiente dignidad?
Aún cuando vemos en los pueblos tercer mundistas y
en las distintas capitales imperiales como la vida y la integrada
física y psíquica del ser humano se corroe por
los vicios sociales: miseria, droga, prostitución,
alcoholismo. ¿Cómo puede ser apreciable en su
verdadera dimensión cada uno de los derechos establecidos
como los propios del Hombre en el Estatuto Internacional?
La honra y la vida privada personal y familiar es en gran
parte la respuesta legislativa al reconocimiento de la dignidad
de la persona junto con el derecho a la vida y la integridad
física y psíquica. Estos son conocidos dentro
de los derechos personalísimos, en tanto, integran
la noción de persona como ente físico y somático,
por lo que merecen un resguardo notoriamente cuidadoso de
parte del constituyente, integrando el derecho y la protección
de la vida privada como de la pública y la honra de
la persona como de su familia.
La Jurisprudencia no ha sido menos exigente. Así se
demuestra en el fallo de la E.C.S., de 15 de Junio de 1993,
rol 21053, que expresa "
el respeto a la vida privada,
a la dignidad y a la honra de la persona humana y de la familia
constituyen valores de tal jerarquía y trascendencia
que la sociedad política se organiza precisamente para
preservarlos y defenderlos, de modo que no puede admitirse
concepción alguna del bien común que permita
el sacrificio de ellos, ni convertir tal sacrificio en medio
para que prevalezca otra garantía constitucional".
En otras palabras, aún asumiendo la pérdida
de la belleza de la expresión en beneficio del énfasis,
la sociedad se organiza en Estado para preservar y defender
el derecho a la vida privada, a la dignidad y a la honra de
la persona humana y de su familia. Toda violación a
estos derechos personales desvirtúa la naturaleza del
Estado, sus organizaciones, sus agentes, y aún a los
particulares, desde que rompe con los fines específicos
del ente supraindividual, corroyendo las bases para las que
fue creado.
El Estado chileno y sus agentes, en muchas ocasiones han conculcado
los derechos personales. Ejemplo de ello es la situación
vivida por F.A.S., quien al solicitar al servicio de Registro
Civil e Identificación el término de una inscripción
de papel que le hacía aparecer como heredero de una
persona que no era su padre, el Servicio, no solo negó
la solución pacífica de la irregularidad, sino
que quitó por más de seis meses la identidad
total de esta persona, quedando en virtud de un acto administrativo
vicioso, sin identidad legal por ese lapso. Se trata del derecho
de habeas data, es decir, la de exigir al Estado los antecedentes
de vida y la corrección de los existentes, asunto que
se encuentra en el concepto de dignidad que analizamos.
Desde aquí podemos apuntar a que la calificación
de persona humana reside en la necesidad colectiva de congregar
a los iguales con el propósito de proteger y desarrollar
las capacidades del individuo, en función de si mismos
y de la sociedad. No se puede entender el hombre aislado,
como tampoco se puede entender desechar al individuo por su
menor capacidad. Todas ellas, en su globalidad, consiguen
la maximización del bien común, tanto en lo
material como en lo ético, elementos indispensables
para la sobrevivencia y para el reconocimiento del individuo
como base de la sociedad, es decir, como persona.
La dignidad de la persona se objetiviza y se hace palpable
y se reconoce por el derecho como el elemento que estructura
la esencia del individuo en la que la sociedad toda tiene
su columna central.
LA
PLAGA DEL SIGLO XXI.-
Pero el hombre se encuentra siempre afectado por las lacras
sociales, derivadas de la errada concepción de lo que
el mismo hombre es y de cual es su Oriente. Hoy más
que nunca los pueblos de los cinco continentes están
convulsionados con conflictos bélicos en los que la
humanidad se desangra poco a poco, casi imperceptiblemente,
pero a paso seguro. La miseria también ataca a más
de 2.800 millones de seres humanos que se debaten en el hambre
más espantosa. Las pestes y enfermedades como el VIH,
son la tortura de las sociedades africanas y asiáticas
y las guerras de depredación impulsadas por los entes
de facto, atacan la dignidad de la persona humana como jamás
se había visto, ni siquiera en los tiempos más
oscuros de la Inquisición.
Ello no es todo. Se ha detectado desde hace años, como
el hombre, lobo del hombre, descubre nuevas y siniestras formas
de destrucción en el hogar, las empresas y las escuelas.
El acoso Moral, la Violencia Intra-familiar y el Acoso Escolar,
forman parte de esta nueva perversión que irrumpe en
la paz y tranquilidad social. Chile tiene el triste record
de un % 75 de niños maltratados; más de medio
centenar de parejas asesinadas por quienes deben convivir
en armonía en la construcción de un hogar y,
más de un tercio de la masa activa de trabajadores
Acosados Moralmente. Todo ello entrega cifras elocuentes como
la que más del % 40 de la ciudadanía chilena
se encuentra bajo depresión a causa de estos males.
Sin evaluar aún que los acosadores por esencia tienen
características psicopáticas innegables, pues,
actúan en base a un efímero y temporal poder,
impulsados por sus propias taras mentales.
La dignidad de la persona humana, hombre mujer o niño,
se ha visto atacada por la violencia psicológica, además
de la física, pero nos interesa desentrañar
la primera, dado que es la que se mueve en esferas casi invisibles,
dejando a su paso una suerte de valle de los caídos,
formada por cientos de personas que a lo largo de un tiempo
han visto destruida su vida y la de su familia, como efecto
inmediato de la persecución y hostigamiento, sufridos
en sus funciones y trabajos, sea por sus superiores jerárquicos
o por sus propios pares.
El Acoso Moral se desliza por las oficinas de las empresas
y servicios públicos como una serpiente, sigilosa y
rastrera, capaz de asestar golpes permanentes a la dignidad
de la persona, en una persecución sin sentido, sin
causa o por motivos nimios o sin trascendencias, pero que
ante el psicópata se traducen en un festín de
oportunidades para destruir, apabullar, discriminar, hostigar,
ofender, maltratar, permitiéndose en un tiempo más
o menos breve, de seis meses como señala el Dr. H.
Leinzman, para lo que él entiende como característica,
o menor en el caso de nuestra idiosincrasia, violenta y directa,
al final de los que el acosado se encuentra en un lamentable
estado de salud psíquica, que en algunos casos ha producido
suicidio. De tal gravedad es el atentado que aísla
e incomunica al individuo víctima y en muchas oportunidades,
se refugia en si mismo, aumentando su sufrimiento, lo que
el psicópata es, precisamente, lo que busca.
Si nos encontráramos en un sistema social solidario,
muchas manos se tenderían al afectado. Pero, nuestra
sociedad va perdiendo en caridad lo que gana en soberbia,
y tienden a presentir el miedo que el acosador provoca, dejando
sola a la víctima. Es lo que se observa y comprueba
en los espacios reales. Especialmente en los servicios del
Estado o en los órganos de éste, afectados por
el sectarismo de grupos y cofradías. Un ejemplo dramático
lo describe la periodista Oriana Zorrilla en su obra "Cuando
el estado castiga", reflejo de lo que ocurre a lo largo
y ancho de nuestra patria.
De este modo hemos efectuado un acercamiento al concepto de
dignidad humana, y a los fines del acoso moral, psicoterrorismo
o mobbing, con el objetivo que los trabajadores, padres y
autoridades, tengan presente lo que se llama la "plaga
del siglo XXI", y se eviten inequidades que afectan a
las personas y el más esencial de los Derechos Humanos:
La Vida de la persona y su Dignidad como tal.
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