NTP 355: Fisiología del estrés
Physiologie du stress
Physiological responses to stress
Redactora:
Silvia Nogareda Cuixart
Licenciada en Medicina y Cirugía
Esp. Medicina de Empresa
CENTRO NACIONAL DE CONDICIONES DE TRABAJO
Objetivo
El objetivo de esta NTP es dar una visión sobre los procesos fisiológicos
que se producen en el organismo ante una situación o un estímulo
estresante. El conocimiento de dicho proceso facilitará la labor preventiva
al poder detectar indicadores precoces de deterioro de la salud.
Introducción
El organismo siempre se encuentra en un estado de estrés mínimo
que, ante determinadas situaciones, se incrementa pudiendo producir un efecto
beneficioso o negativo, dependiendo de si la reacción del organismo
es suficiente para cubrir una determinada demanda o ésta "supera"
a la persona . Este nivel de equilibrio dependerá de los factores individuales
(disposición biológica y psicológica) de las distintas
situaciones y experiencias.
Un determinado grado de estrés estimula el organismo y permite que
éste alcance su objetivo, volviendo a la "normalidad" cuando
el estímulo ha cesado. Por ejemplo, cuando un atleta intenta conseguir
un buen resultado en una competición, está sometido a un estrés
que implica un aumento de la actividad muscular (más irrigación,
el corazón late mas rápido, etc.) lo que le ayudará a
alcanzar el éxito y conseguir su objetivo. Una vez finalizadas las
pruebas atléticas, se produce un descenso de las constantes y el organismo
vuelve a su estado basal.
Cuando se mantiene la presión y se entra en el estado de resistencia,
las personas empiezan a tener una sensación de disconfort (tensión
muscular, palpitaciones, etc.). Si continúa el estresor, se llega al
estado de agotamiento, con posibles alteraciones funcionales y/u orgánicas:
son las llamadas "enfermedades de adaptación". Estos síntomas
son percibidos como negativos por las personas y producen preocupación,
lo que a su vez agrava los síntomas y así puede llegar a crearse
un círculo vicioso.
Respuesta fisiológica del estrés
La respuesta fisiológica es la reacción que
se produce en el organismo ante los estímulos estresores. Ante una
situación de estrés, el organismo tiene una serie de reacciones
fisiológicas que suponen la activación del eje hipofisosuprarrenal
y del sistema nervioso vegetativo.
El eje hipofisosuprarrenal (HSP) está compuesto por el hipotálamo,
que es una estructura nerviosa situada en la base del cerebro que actúa
de enlace entre el sistema endocrino y el sistema nervioso, la hipófisis,
una glándula situada asimismo en la base del cerebro, y las glándulas
suprarrenales, que se encuentran sobre el polo superior de cada uno de los
riñones y que están compuestas por la corteza y la médula.
El sistema nervioso vegetativo (SNV) es el conjunto de estructuras nerviosas
que se encarga de regular el funcionamiento de los órganos internos
y controla algunas de sus funciones de manera involuntaria e inconsciente.
Ambos sistemas producen la liberación de hormonas, sustancias elaboradas
en las glándulas que, transportadas a través de la sangre, excitan,
inhiben o regulan la actividad de los órganos (figura 1).
Fig. 1: Producción de hormonas por el sistema nervioso vegetativo y
el eje hipofisosuprarrenal
Eje hipofisosuprarrenal
Se activa tanto con las agresiones físicas como con las psíquicas
y, al activarse, el hipotálamo segrega la hormona CRF (factor liberador
de corticotropina), que actúa sobre la hipófisis y provoca la
secreción de la hormona adenocorticotropa (ACTH). Esta secreción
incide sobre la corteza de las glándulas suprarrenales, dando lugar
a la producción de corticoides que pasan al torrente circulatorio y
producen múltiple incidencia orgánica, como se verá más
adelante. Los corticoides que se liberan debido a la ACTH son:
· Los glucocorticoides: El más importante es el cortisol que
facilita la excreción de agua y el mantenimiento de la presión
arterial; afecta a los procesos infecciosos y produce una degradación
de las proteínas intracelulares. Tiene, asimismo, una acción
hiperglucemiante (aumenta la concentración de glucosa en sangre) y
se produce una aumento de calcio y de fosfatos liberados por los riñones,
y de lípidos.
· Los andrógenos: Son las hormonas que estimulan el desarrollo
de las características secundarias masculinas y estimulan el aumento
tanto de la fuerza como de la masa muscular.
Sistema nervioso vegetativo
Este sistema mantiene la homeostasis del organismo. La activación simpática
supone la secreción de catecolaminas, que son:
· La adrenalina segregada por parte de la médula suprarrenal,
especialmente en casos de estrés psíquico y de ansiedad.
· La noradrenalina segregada por las terminaciones nerviosas simpáticas,
aumentando su concentración principalmente en el estrés de tipo
físico, en situaciones de alto riesgo o de agresividad.
Estas hormonas son las encargadas de poner el cuerpo en estado de alerta preparándolo
para luchar o huir. Son las que permiten enlazar el fenómeno del estrés
con los fenómenos psicofisiológicos de la emoción. Ambas
intervienen en los siguientes procesos:
· Dilatación de las pupilas.
· Dilatación bronquial.
· Movilización de los ácidos grasos, pudiendo dar lugar
a un incremento de lípidos en sangre (posible arterioescierosis).
· Aumento de la coagulación.
· Incremento del rendimiento cardíaco que puede desembocar en
una hipertensión arterial.
· Vasodilatación muscular y vasoconstricción cutánea.
· Reducción de los niveles de estrógenos y testosterona,
que son hormonas que estimulan el desarrollo de las características
sexuales secundarias masculinas.
· Inhibición de la secreción de prolactina, que influye
sobre la glándula mamaria.
· Incremento de la producción de tiroxina, que favorece el metabolismo
energético, la síntesis de proteínas, etc.
Vemos pues que, ante una situación de estrés, existe un compromiso
de todo el organismo.
Fases del estrés: síndrome general
de adaptación
El origen histórico del concepto de estrés parte
de las investigaciones que realizó Hans Selye en el año 1936
y que dieron lugar al llamado síndrome general de adaptación.
Ante una situación de amenaza para su equilibrio, el organismo emite
una respuesta con el fin de intentar adaptarse. Selye define este fenómeno
como el conjunto de reacciones fisiológicas desencadenadas por cualquier
exigencia ejercida sobre el organismo, por la incidencia de cualquier agente
nocivo llamado estresor. Se puede definir, pues, como la respuesta física
y específica del organismo ante cualquier demanda o agresión,
ante agresores que pueden ser tanto físicos como psicológicos
(figura 2).
Fig. 2: Síndrome general de adaptación (Hans Selye, 1936)
En este proceso de adaptación por parte del organismo se distinguen
las fases de alarma, de adaptación y de agotamiento.
Fase de alarma
Ante la aparición de un peligro o estresor se produce una reacción
de alarma durante la que baja la resistencia por debajo de lo normal. Es muy
importante resaltar que todos los procesos que se producen son reacciones
encaminadas a preparar el organismo para la acción de afrontar una
tarea o esfuerzo (coping).
Esta primera fase supone la activación del eje hipofisosuprarrenal;
existe una reacción instantánea y automática que se compone
de una serie de síntomas siempre iguales, aunque de mayor a menor intensidad:
· Se produce una movilización de las defensas del organismo.
· Aumenta la frecuencia cardiaca.
· Se contrae el bazo, liberándose gran cantidad de glóbulos
rojos.
· Se produce una redistribución de la sangre, que abandona los
puntos menos importantes, como es la piel (aparición de palidez) y
las vísceras intestinales, para acudir a músculos, cerebro y
corazón, que son las zonas de acción.
· Aumenta la capacidad respiratoria.
· Se produce una dilatación de las pupilas.
· Aumenta la coagulación de la sangre.
· Aumenta el número de linfocitos (células de defensa).
Fase de resistencia o adaptación
En ella el organismo intenta superar, adaptarse o afrontar la presencia de
los factores que percibe como una amenaza o del agente nocivo y se producen
las siguientes reacciones:
· Los niveles de corticoesteroides se normalizan.
· Tiene lugar una desaparición de la sintomatología.
Fase de agotamiento
Ocurre cuando la agresión se repite con frecuencia o es de larga duración,
y cuando los recursos de la persona para conseguir un nivel de adaptación
no son suficientes; se entra en la fase de agotamiento que conlleva lo siguiente:
· Se produce una alteración tisular.
· Aparece la patología llamada psicosomática.
Respuestas del organismo: consecuencias biológicas
del estrés
La respuesta del organismo es diferente según se esté en una
fase de tensión inicial -en la que hay una activación general
del organismo y en la que las alteraciones que se producen son fácilmente
remisibles, si se suprime o mejora la causa- o en una fase de tensión
crónica o estrés prolongado, en la que los síntomas se
convierten en permanentes y se desencadena la enfermedad. En el cuadro 1 se
exponen varios ejemplos de las alteraciones que se producen en algunos parámetros.
Cuadro 1: Consecuencias biológicas del estrés
Modelo biopsicosocial
Este modelo relaciona una situación determinada y la vivencia de esta
situación, con las consecuencias fisiológicas expuestas hasta
ahora y nos proporciona una estrategia para localizar factores ambientales
estresantes y analizar sus consecuencias en el aspecto individual.
Hemos visto que cualquier situación que reconocemos (proceso cognitivo)
da señales de la corteza cerebral al hipotálamo y, vía
el sistema nervioso vegetativo (automático), a la médula de
las glándulas suprarrenales, que responden liberando adrenalina y noradrenalina,
que son las llamadas hormonas del estrés; estas hormonas movilizan
nuestro cuerpo y nos hacen luchar o abandonar (fight or flight).
Cuando la situación produce sentimientos de distrés o desamparo,
el cerebro envía también mensajes al córtex de los suprarrenales,
que segrega otra hormona del estrés: el cortisol, que juega un papel
importante en el sistema inmunológico. Esto es más complejo
e incluye la liberación de ACTH de la glándula pituitaria.
Según la percepción que se tenga de las demandas de trabajo,
la respuesta del organismo será diferente; ya Selye distinguía
entre reacciones agradables o eutress y desagradables o distress.
Las reacciones fisiológicas dependerán de la percepción
que se tenga de las demandas de trabajo, la respuesta del organismo será
diferente en cada caso; por ejemplo, las tareas exigentes pero controlables
inducirían esfuerzo pero sin distrés. A nivel fisiológico
se traduce en un aumento de las catecolaminas y la supresión activa
de la secreción de cortisol.
Los estudios actuales se centran en dos dimensiones que son, por un lado,
el nivel de actividad o pasividad que implica la tarea, y por otro, la dimensión
afectiva según el estado de humor sea positivo o negativo; en cada
caso se producen una serie de reacciones cuyo resultado es el afrontamiento
(coping) de la situación no deseada o el vencimiento ante la misma.
Los estudios experimentales basados en esta teoría han permitido identificar
dos características específicas de los procesos de trabajo,
en función de la percepción que se tenga del trabajo o de la
actitud ante el mismo: positiva (eutrés) o negativa (distrés)
y en relación al contenido de la tarea: actividad o pasividad.
La combinación de ambas variables conduce a la identificación
de algunas de las características específicas de los procesos
de trabajo que promueven determinadas actitudes y que se relacionan con las
respuestas neuroendocrinas y son las siguientes (figura 3):
Fig. 3: Relación entre procesos de trabajo y respuestas neuroendocrinas
· Esfuerzo y eutrés: En este grupo se puede incluir a las personas
que desarrollan un tipo de trabajo de gran control personal, creatividad,
y muy dedicados a su trabajo. En estos casos se produce un aumento de la secreción
de catecolaminas, y el cortisol se halla muy bajo o inexistente. Se encuentran
en este grupo, por ejemplo, los empresarios, los artistas, los científicos,
los artesanos, etc., pues en este tipo de profesiones se suelen realizar trabajos
con un alto grado de autocontrol y autonomía. Parece ser que, el hecho
de que el cortisol esté bajo hace decrecer el riesgo de sufrir un ataque
cardíaco.
· No esfuerzo y eutrés: En este caso, la no actividad se acepta
como algo positivo, dándose un descanso de cuerpo y mente. El nivel
de las hormonas está bajo.
· Esfuerzo y distrés: Esta situación se da en aquellos
trabajos que implican elevadas exigencias de producción, pero en los
que la persona tiene un bajo control de la situación. Es común
en los trabajos repetitivos, y en los trabajos en cadena. El esfuerzo va acompañado
de un aumento de la secreción de las catecolaminas que, a su vez, provoca
efectos negativos, lo que tiende a aumentar la secreción de ambas hormonas:
catecolaminas y cortisol.
· Poco esfuerzo y distrés: Personas sin empleo y en trabajos
muy coercitivos, en los que la persona tiene muy poca o ninguna autonomía.
Se acompaña de una liberación de hormonas del estrés,
en particular de cortisol.
Para resumir todo ello, podríamos decir que el aumento de catecolaminas
es debido a la exigencia de tener que rendir y el descenso de cortisol significa
poder afrontar la situación.
Técnicas preventivas de carácter fisiológico
Así como la reacción del organismo frente al
estrés tiene un componente fisiológico, también la fisiología
puede ayudar a las personas a afrontar una situación de estrés,
de manera que se reduzcan sus efectos negativos sobre la salud. Desde el punto
de vista de las condiciones de trabajo, es evidente que la prevención
debe ir encaminada a evitar que se den situaciones que puedan provocar estrés;
pero. a veces, ocurre que estas circunstancias no pueden cambiarse o que una
situación no estresante, desde el punto de vista objetivo, es vivida
por alguna persona como una agresión. Cuando se dan esta clase de circunstancias
está especialmente indicado el uso de este tipo de técnicas.
Mediante la realización de unos determinados ejercicios físicos,
estas técnicas enseñan a controlar los efectos fisiológicos
del estrés, a fin de disminuir la sintomatología que se percibe
como negativa desagradable y que, en consecuencia, crea ansiedad. Algunas
de ellas son de aprendizaje complejo y requieren, a veces, un especialista
al menos durante la fase inicial. Las más conocidas y practicadas hoy
en día son las que se citan a continuación:
· Técnicas de relajación (Jacobson, Schultz). Actualmente
son las más utilizadas en el mundo occidental. Parten del principio
de que es imposible estar relajado físicamente y tenso emocionalmente.
Se basa en la relajación muscular que supone a su vez la relajación
del sistema nervioso.
· Técnicas de respiración.
· Meditación y relajación mental.
Es importante reseñar que estas técnicas no sirven para evitar
o anular el problema sino que enseñan a controlar los efectos fisiológicos
del estrés, a contrarrestar la sintomatología orgánica
desagradable que nos crea ansiedad; esto se logra mediante unos determinados
ejercicios realizados de forma consciente, con la atención concentrada
en las reacciones que nos producen.
Valoración/prevención
Los recientes avances en los conocimientos acerca de cómo el cerebro
regula las funciones endocrinas han desembocado en una reorientación
en la investigación psicobiológica del estrés humano
y del proceso de afrontamiento ante las situaciones estresantes. Hasta hace
poco, el cerebro y el sistema endocrino se consideraban entidades separadas;
se veía al cerebro como mediador entre el organismo y el entorno exterior.
Por otro lado, se consideraba que el sistema endocrino estaba orientado hacia
el entorno interno del cuerpo, la regulación del crecimiento, el metabolismo,
y la reproducción.
Hoy en día, en cambio, sabemos que entre el cerebro y el sistema endocrino
existe una interrelación constante, que puede seguirse de forma continua
mediante el empleo de las modernas técnicas de monitorización
ambulatoria, que permiten conocer de manera instantánea qué
es lo que hace aumentar la presión sanguínea, latir el corazón
más rápidamente, o contraer los músculos.
Estas técnicas permiten monitorizar las respuestas del cuerpo bajo
unas condiciones reales, inclusive en el puesto de trabajo, sin que interfieran
en la actividad normal de las personas. De esta manera se pueden identificar
aspectos negativos o adversos del entorno psicosocial, así como los
factores de protección, amortiguadores que protegen a las personas
contra influencias potencialmente nocivas.
Uno de los métodos que se utiliza actualmente para el estudio de las
respuestas fisiológicas del estrés es el análisis de
las alteraciones hormonales que se producen en el organismo. Las hormonas
del estrés pueden ser determinadas en sangre, orina y saliva; y las
técnicas que se utilizan principalmente son la fluorometría,
la cromatografía líquida y el inmunoensayo. Al hacer una determinación
analítica hay que tener en cuenta las variaciones que sufren estas
sustancias a lo largo del ciclo circadiano; a grandes rasgos, puede decirse
que alcanzan el punto máximo por la mañana y van decreciendo
a lo largo del día.
Un objetivo que deberían conseguir las personas que se dedican a la
investigación del estrés es identificar aquellos factores del
ambiente laboral que provocan respuestas fisiológicas, y luego determinar
cuándo estas respuestas pueden ser de adaptación y promueven
la salud y cuándo provocan una desadaptación y son potencial
mente dañinas para la salud.
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