|
Carta abierta de los padres de Jokin Mila y José Ignacio, padres de Jokin - Hondarribia (Guipúzcoa) Opinión - 10-10-2004 Hay mensajes que hablan de su sonrisa; otros, de su forma de ser; hay quien ha escrito que Jokin, nuestro hijo, era "el más legal de la cuadrilla". No pasa un día sin que junto al lugar que él eligió para irse alguien deje una flor nueva, un mensaje recién escrito. Todos sin excepción hablan del mismo chaval sano y honesto que nosotros conocimos. Un muchacho que, lejos de vivir apartado del resto, se relacionaba con total normalidad. Hace dos años, en 2º de ESO, fue elegido delegado de curso por sus propios compañeros. Más tarde, cuando ya el acoso se estaba produciendo, no le faltaron invitaciones para cambiarse de cuadrilla, para dejar de lado a unos amigos que tanto le estaban haciendo sufrir. Pero él no lo hizo. Jokin era leal. Tan leal que de sus labios jamás se escapó acusación alguna. Por eso ahora pedimos respeto para él. Que no se repita tras su muerte el linchamiento que sufrió en vida. A medida que vamos conociendo más detalles, más datos sobre las humillaciones, vejaciones y agresiones que sufrió Jokin en su último año de vida, vamos teniendo más claro que nuestro hijo no se suicidó; a nuestro hijo lo suicidaron. Para hablar de suicidio tendríamos que estar ante una decisión libremente tomada, sin injerencias externas. Pero día a día vamos teniendo más claro que Jokin tomó la decisión que tomó empujado por las humillaciones, por los insultos, por las palizas que venía padeciendo. Nuestro hijo tenía 14 años. No quería ser un chivato. Y veía que quienes tenían el deber de protegerlo, quienes sí sabían lo que estaba pasando, miraban para otro lado y lo dejaban abandonado a su suerte, a su mala suerte. Por eso decimos que su decisión no puede considerarse en ningún caso una decisión libre. Por eso decimos que a nuestro hijo Jokin lo suicidaron. La semana pasada trascendió a la prensa que, durante una reunión celebrada en el instituto Talaia, la dirección del centro transmitió a los padres de los alumnos de 3º y 4º de ESO que una de sus principales preocupaciones hasta el momento había sido la de reconfortar a la familia de Jokin. Queremos hacer saber que esa afirmación es absolutamente falsa. Hasta el día de hoy no hemos recibido nada, solamente la visita de la psicóloga del centro. Ni un telegrama, ni una carta; mucho menos una visita o un abrazo por parte de la dirección del mismo. No hemos sabido nada del director desde el día siguiente a la muerte de Jokin. Una actitud que en nada se parece a las innumerables muestras de adhesión y de dolor que seguimos recibiendo de los vecinos de Hondarribia, de la comarca del Bidasoa y de tantos otros lugares de dentro y fuera de Euskadi, que aprovechando este escrito queremos agradecer profundamente. Como decíamos al principio, no pasa un día sin que junto a la muralla de nuestro pueblo no aparezca un ramo de flores, una hoja de papel con un mensaje en honor a la memoria de nuestro hijo. Nuestro único objetivo es buscar la verdad.
Queremos saber qué pasó, cómo sucedieron los
hechos, por qué nuestro hijo sufrió tanto. Queremos
saber por qué tantas compañeras y compañeros
suyos nos dicen ahora una y otra vez "lo de Jokin se sabía".
Vamos a llegar hasta el final. Aunque sólo sea para que estos
hechos no se vuelvan a repetir jamás. Aunque sólo
sea para que otros padres no sufran lo que nosotros estamos sufriendo.
(IÑIGO URRUTIA./DV. SAN SEBASTIÁN )
CARTA ABIERTA MUERTE EN HONDARRIBIA | En memoria
de nuestro querido Jokin Los padres, Mila y José Ignacio, agregan que sólo quieren saber la verdad, «qué pasó, cómo sucedieron los hechos, por qué nuestro hijo sufrió tanto». Jokin C. se suicidó después de que la dirección de instituto le hubiera aconsejado no acudir a clase el día anterior porque ese día se iba a celebrar una reunión con los ocho alumnos que presuntamente le habían vejado y humillado sin compasión durante más de un año.
Un chico muy inteligente Jokin era un chico muy inteligente, con un buen expediente académico y que en una ocasión llegó a socorrer a una profesora que no acertaba con un problema informático. Su existencia comenzó a ser una tortura cuando a comienzos del anterior curso escolar, en septiembre de 2003, sufrió una descomposición que no pudo controlar cuando se encontraba en la escuela. Y ésta se transformó en un infierno para Jokin porque algunos compañeros desalmados hicieron del incidente la palanca para convertirle en la diana de burlas, humillaciones, vejaciones y agresiones físicas. El tormento se recrudeció después de que Jokin y sus amigos fueran sorprendidos fumando porros en un campamento este verano. El monitor escribió a los padres, pero sólo los de Jokin recibieron la carta. Cuando interpelaron al monitor, éste se extrañó de que nadie más se hubiera interesado y es entonces cuando se descubre que las cartas habían sido interceptadas. Esto fue suficiente para que el menor fuera acusado de chivato por quienes le hacían la vida imposible. Aniversario sin compasión A mediados del mes pasado comenzó un nuevo curso y los maltratadores le tributaron a Jokin en el instituto una fiesta de aniversario de la gastroenteritis que padeció un año antes. Durante tres días consecutivos sufrió diversas agresiones físicas -entre ellas, machacarle a balonazos en el gimnasio- y decidió no volver a clase. El viernes, 17 de septiembre, la tutora de Jokin llamó a casa para informar a los padres de su inasistencia a clase, y estos comienzan a vislumbrar la verdad. Al día siguiente, el padre de Jokin habló con el padre de uno de los presuntos agresores que le dijo que no volvería a haber más agresiones. El lunes, 20 de septiembre, Jokin no acudió a clase por recomendación del centro, pues había una reunión con los presuntos maltratadores, y se le pidió que el martes fuera al instituto. Pero ese día, de madrugada, Jokin se arrojó por la muralla de Hondarribia. El suicidio no trascendió a los medios hasta una semana después. La Fiscalía de la Audiencia de Gipuzkoa instó a la Ertzaintza a tomar declaración a los ocho presuntos agresores, expulsados temporalmente del instituto, mientras la autopsia del cadáver confirmaba la existencia de hematomas. Tras recibir las diligencias, el fiscal califica el caso como «inducción al suicidio, homicidio». Los expulsados declararon ante la Ertzaintza el pasado lunes que a Jokin le daban «cachetes y collejas», además de todo tipo de burlas y vejaciones, y que el maltrato al chaval era generalizado en el colegio. Los padres de estos adolescentes se negaron el jueves a recibir en sus domicilios a los tutores que Educación les había asignado. Piden que sus hijos se reincorporen «a la mayor brevedad» al instituto, pues lo contrario «supondría una discriminación que no se justifica por los hechos objeto del expediente». El viernes, cuatro padres reconsideraron su actitud y autorizaron que sus hijos sean escolarizados en casa por tutores. (Eskarrik Asko Ave Fénix - Webmaster ) ( Extraído de los forosdelmobbing.info)
Acosado hasta la muerte. La música que acompaña estas líneas es en honor a alguien próximo a la familia como muestra del dolor que compartimos con quienes amaron a Jokin- Webmaster
|