Lee Iacocca nunca imaginó cuando comenzó
a trabajar como becario de Ingeniería en la automovilística
Ford que le bastarían catorce años para convertirse
en 1970 en Presidente de la compañía. Durante
los siguientes ocho años dirigió con éxito
la empresa. Uno de sus mayores logros de esta etapa fue
el firme convencimiento que poseía de intuir los
gustos de los consumidores. Producto de ello nació
el mítico Ford Mustang, el deportivo que se caracterizó,
no tanto por su motor o tecnología, sino por su elegante
diseño y por las emociones que transmitía
su conducción. Desde entonces, ningún coche
de Ford se ha vendido tanto en su primer año de vida
y ninguno ha gozado de una aureola de mito como el Mustang.
Las luchas internas--y sus fuertes y aireadas divergencias
con Henry Ford II--le apearon del puesto.

Lejos de hundirse, este inmigrante de italianos
que estudió en Stanford, aceptó en 1978 la Dirección
General de Chrysler aún a sabiendas de que la bancarrota
estaba llamando a las puertas del gigante de Detroit y las
pérdidas del último trimestre alcanzaban la
friolera cifra de $160 millones. Iacocca consiguió
otro hito--éste ciertamente polémico--en el
paraíso del libre mercado: una ayuda gubernamental
en el pago de impuestos que utilizó para ganar tiempo
y conseguir estabilizar la cuenta de resultados. Con un plan
claro para salvar Chrysler se apuntó otro hito en la
historia de la empresa norteamericana de finales de los ochenta:
pagó todas las deudas en menos de cinco años.
En 1992 se jubiló aunque sigue siendo
miembro del Comité Ejecutivo de Chrysler, no sin antes
sacar al mercado otros dos modelos míticos: el Plymouth
Voyager (1983) y el Dodge Caravan, este último considerado
el primer monovolúmen de la historia y que se comercializó
en Europa bajo la denominación Chrysler Voyager (1988).
Participó en gran cantidad anuncios
televisivos que finalizaban con Iacocca mirando hacia las
cámaras y poniendo cara de la mayor franqueza mientras
decía: Si encuentra un coche mejor, cómprelo
Sus detractores le acusan de irónico,
de ser un tipo duro, de exhibir un exacerbado americanismo
y de que su único logró fue sobrevivir gracias
a los recortes de impuestos del Gobierno y a una campaña
de intervencionismo contra las importaciones de coches japoneses.
Sin embargo, Iacocca rompió con el modelo de CEO blando
y sin carácter que dirigían con languidez las
empresas norteamericanas desde los cincuenta y recuperó
la imagen de ejecutivo de triunfadores como J.P. Morgan y
William Randolph Hearst.
Su integridad en los negocios y los dotes
de estratega auparon a Iacocca a las más altas cotas
de la excelencia empresarial. Tras el impresionante relato
sobre el arte de perder batallas pero ganar la guerra, las
pugnas con los todopoderosos sindicatos, la utilización
de las incipientes técnicas de Marketing y Publicidad
en la empresa, en su libro 'Iacocca: Autobiografía
de un triunfador'-de lectura obligada en muchas facultades
y escuelas de negocios-subyace un canto al constante clima
de competencia, a convivir estrechamente con los objetivos
y sus estrategias y al permanente autoanálisis de los
errores propios.
Extraído de http://amalgamadeletras.blogspot.com/2006/10/imprescindibles-de-la-consultora-viii.html
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