| En el aniversario 45 de El Acoso por Mireya Castañeda
Cuando
en 1956 Alejo Carpentier publica El Acoso, una novela de algo
más de cien páginas, estaba seguramente consciente
del suceso literario que tendría que sobrevenir. En
ella, al decir del crítico venezolano Alexis Márquez,
uno de los más profundos estudiosos de la obra carpenteriana,
el más celebre de los novelistas cubanos lograba "expresión
cabal y entera" al hallazgo de "una nueva técnica
narrativa, plenamente integrada al discurrir humanístico
de América que ya apuntaba en El reino de este mundo,
y en Los pasos perdidos", con las cuales ya había
logrado rotundo éxito.
Suceso literario por los valores temáticos y estilísticos
de El Acoso, no porque haya sido comprendida ni por el público
ni por la crítica, y siempre en espera de revalorización.
Al celebrarse el cuadragésimo aniversario de su edición
príncipe ( El Acoso, Ed. Losada S.A. Buenos Aires),
se hizo por Letras Cubanas una bellísima reedición
que contó con el auspicio de la Fundación Alejo
Carpentier. El dibujo de cubierta fue hecho especialmente
por el artista Roberto Fabelo.
La reedición incluyó un documentado prólogo
del escritor Armando Cristóbal donde se detiene en
los recursos expresivos y la nueva técnica narrativa
utilizada por Carpentier, extendiéndose en "dos
de sus elementos constitutivos: la estructura y el sentido
de composición del temas".
El propio Carpentier señalaría en una entrevista
por los años 60, citada en el prólogo, que "El
Acoso es novela en forma de sonata", un hecho novedoso
en la literatura latinoamericana, y tal vez esa singular estructura
sea uno de los obstáculos que enfrenta el lector.
"Sinfonía Heroica, compuesta para festejar la
memoria de un gran hombre", escribió Beethoven
en la dedicatoria de esta obra, y es así precisamente
como comienza Carpentier su novela, hecho por el cual se ha
sugerido que sea el modelo que realmente utilizó.
Y es que la música no ha estado apartada en ningún
momento de la obra carpenteriana. Ya antes había escrito
varios libros sobre el tema, entre ellos La Música
en Cuba, pero con El Acoso puede decirse que la inserta definitivamente
en su novelística. Recuérdese luego, por ejemplo,
La Consagración de la Primavera.
También en El Acoso, Carpentier logra incorporar modernos
recursos narrativos como la retrospectiva, el intercambio
de plano narrativos y el monólogo interior para la
presentación de sus protagonistas.
"...debe considerarse un error, la tendencia bastante
generalizada a identificar como asunto de la novela la lucha
contra el (dictador Gerardo) Machado en 1933, cuando ésta
no es más que el punto de partida como referente
histórico para una reflexión sobre el
estado de violencia derivado de ella en la Cuba republicana
de los 40".
La creencia de que El Acoso apunta a Machado está dada
por la temprana oposición de Carpentier al terror
machadista y la persecución (¿el acoso?)
a que el propio escritor fuera sometido, teniendo incluso
que abandonar la Isla, indocumentado y clandestino.
El Acoso es una obra realista, una novela de trascendencia
política y social, pero válida en sí
misma como auténtica obra de arte, apunta Armando Cristóbal.
Luego el prologuista cita al novelista Enrique Labrador Ruiz,
quien, en el fragor de la polémica surgida al momento
de la publicación en 1956, subrayaría: "Si
yo digo que es su mejor obra, nadie se espante. Sólo
quien ha transitado por sendas estrechas sabe cuánto
de peligroso hay en esta ascensión que Alejo se impone
en El Acoso...Su novela es...el paso del documento a la obra
de arte".
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