" NO DAR LA ESPALDA"
Entrevista de Marie-France Hirigoyen
en Le Nouvel Observateur

El consejo de Marie-France
Hirigoyen a las víctimas "no dar la espalda "
La autora del "Acoso moral" pide a los compañero sociales movilizarse. Y llegar a crear instancias de mediación para prevenir y, en caso necesario, sancionar .
el Nuevo Observador.- ¿ Fue sorprendida
por el éxito de su libro?
Marie-Francia Hirigoyen. - Por su amplitud, por supuesto. Pero soy psicoterapeuta,
y demasiados pacientes diferentes me describían con las mismas palabras,
los mismos detalles, una situación idéntica del acoso moral
para que pueda tratarse de un
fenómeno marginal. La dificultad consistía en dar un nombre
común a estos calvarios de modo que las víctimas no se crean
ya solas de sufrirlos. Se hace esto. Apenas el libro acaba de salir el verano
pasado que fui contactada por médicos del trabajo, sindicalistas,
abogados, pero también por psicoanalistas, quiénes me pidieron
organizar Grupos de Trabajo. Lo que es en cambio realmente sorprendente,
es que la figura del perseguidor de la que hablo, el perverso narcisista,
quién es un ser hiperadaptadoa la vida social, está presente
alrededor por todas partes y en las películas - vea "la Prisionera
española" y las novelas policíacas, pero casi nunca en
la literatura psicoanalítica.
N. O. - Le deben haber dicho que tendía a ver
perversos por todas partes...
Sr.- F. Hirigoyen. - Sí. Conozco también el argumento que
alega el masoquismo de las víctimas - eso
existe, por supuesto - y su complacencia. Todo eso ya se utilizó
en el pasado para infravalorar el acoso sexual. Mi formación explica
ampliamente seguramente la convicción que tengo de la gravedad de
un fenómeno bien más complejo. Siendo estudiante, en efecto
seguí una formación en victimologie al American University
de Washington, dónde mi memoria se refería a la "destrucción
moral". En 1994, seguí por otro lado una formación al
Instituto forense (París v) sobre la victimologia.
N. O. - ¿ Cuál es el perfil
del acosado?
Sr.- F. Hirigoyen. - Uno esperaría que fuera una persona frágil.
Un chivo designado, ¡hasta cierto punto! Eh bien, en absoluto, los
acosados son en general grandes honestos o por lo menos de fuertes personalidades.
Y muy frecuentemente son del tipo de gente que se compromete en la escucha
del otro: delegados del personal, enfermeras, médicos, hombres de
comunicación... La víctima, es en realidad , a menudo el que
resiste, en particular, a sus colegas, caso muy frecuente, pero también
a su superior jerárquico o también a la presión sus
de supeditados.
N. O. - Cómo se explica la amplitud hoy del acoso
moral en muchas empresas, ¿puesto que los perversos narcisistas en
sentido literal del término a pesar de todo no se han multiplicado
estos últimos años?
Sr.- F. Hirigoyen. - Lo que creo, es que los perversos, verdaderamente,
entrenan e implican los grupos que deben administrarse a la gente a su manera.
Y, si eso prospera, es que estamos en universos donde la guerra económica
se pone permanentemente delante y que el fin justifica los medios. Se quiere
que el personal discuta, se exprese, participe - se les solicita incluso
que tomen la palabra -, pero cada uno sabe que le conviene de situarse siempre
en interés de la cultura unanimista de empresa, de la defensa y de
la promoción del colectivo. La rentabilidad y la competitividad pasan
en primer lugar; el individuo solo viene a continuación cuando viene.
La formación de los directivos incita por otra parte no tener en
cuenta estados de ánimo o de sentimientos. Cuando es necesario despedir
y éste es un tema delicado, el método del acoso y el aislamiento
psicológicos del objetivo que debe debilitarse o excluir se volvió
relativamente banal. Finalmente es importante tener en cuenta que el perverso
actúa generalmente en nombre de la moral, lo que le da una posición
de autoridad prácticamente inexpugnable. Tanto más que tiene
siempre una gran fuerza de convicción y seducción y que él
mismo sabe perfectamente tomarse para invertir
los papeles presentándose como el se ataca. No se imaginan el número
de directores de las relaciones humanas enfrentados a estas situaciones
que van a psicólogos y lo que confían como un sufrimiento.
N. O. - En los numerosos casos que describen,
a pesar de todo uno es sorprendido por la apatía social. Por la ausencia
de reacción de los colegas.
Sr.- F. Hirigoyen. - Es verdadero. Pero, una vez más, el terreno
es propicio. No solamente porque el miedo de perder su empleo es muy fuerte,
pero también porque la organización del trabajo divide en
compartimientos cada vez más el trabajo de cada individuo. En
este contexto del "cada uno para -si'", es más fácil
aislar a la persona de la que se desea quitarse de en medio. Tanto más
que el proceso de puesta a la divergencia es progresivo: se bloquea el acceso
del ordenador , a algunos datos, no se pasan ya algunas llamadas telefónicas...
El silencio y el vacío se hacen poco a poco pues en torno a la persona
contemplada. A veces, la soledad es tal como eso vuelve rápidamente
al drama. Un directivo que se había negado un cambio para permanecer
cerca de su hijo minusválido es empujado en un armario, también
hubo la prohibición de reunión, y fue prácticamente
privado de teléfono. Se pegó un tiro..
N. O. - Es necesario imaginar una ley
para reprimir el acoso moral - con todos los abusos que se pueden temer,
¿sin contar las dificultades de establecer pruebas - con el modelo
de la ley contra el acoso sexual?
Sr.- F. Hirigoyen. - Hay, es exacto, riesgo de confundir el simple conflicto
y el acoso propiamente dicho. Aún que, sobre las aproximadamente
quinientas cartas que recibí a raíz de
la publicación del libro, solos algunos vienen de personas francamente
paranoicas. Lo que creo, es que es necesario en efecto evitar legislar en
frío. La urgencia, es informar a los profesionales de tal manera
que las víctimas ya no
estén solas cuando se dirigen a ellos. Pienso, en particular, en
las sindicalistas, pero también y sobre todo en los médicos
del trabajo, que sean o no asalariados de la empresa. No basta con tratar
una tensión por la medicación química, es necesario
también incluir su origen y tratar el mal aguas arriba. Creo que
si se llega a establecer un sistema de mediación, se pueden encontrar
soluciones diferentes de las penales para decidir el acoso
y sancionar a promotor haciendo valer, en particular, el reglamento interno
de la empresa.
N. O.- ¿ Cuál es el consejo que
da a las víctimas?
Sr.- F. Hirigoyen. - Salir de la situación de una manera o de otra.
Y sobre todo en hablar. Doblargarse, dar la espalda , y esperar que el acoso
pase es la peor de las soluciones. Si siguen siendo inertes, es su vida
familiar, toda su vida la que muy pronto va a destruir.
![]()
![]()
![]()
Versión Original ( en francés)
Interview de Marie-France Hirigoyen Le conseil de Marie-France
Hirigoyen aux victimes
"Ne pas faire le dos rond"
L'auteur du "Harcèlement moral " appelle
les partenaires sociaux à se mobiliser. Et à créer
des instances de médiation pour prévenir et, si nécessaire,
sanctionner Le Nouvel Observateur. - Vous avez été surprise
par le succès de votre livre ?
Marie-France Hirigoyen. - Par son ampleur, bien sûr. Mais je suis
psychothérapeute, et trop de patients différents me décrivaient
avec les mêmes mots, les mêmes détails, un scénario
identique du harcèlement moral pour qu'il puisse s'agir d'un phénomène
marginal. La difficulté était de donner un nom commun à
ces calvaires de telle sorte que les victimes ne se croient plus seules
à les subir. C'est fait. A peine le livre sortait-il l'été
dernier que j'ai été contactée par des médecins
du travail, des syndicalistes, des avocats, mais aussi par des psychanalystes,
qui m'ont demandé d'organiser des groupes de travail. Ce qui est
en revanche vraiment surprenant, c'est que la figure du persécuteur
dont je parle, le pervers narcissique, qui est un être hyperadapté
à la vie sociale, est présente à peu près partout
dans les films - voyez " la Prisonnière espagnole " et
les romans policiers, mais presque jamais dans la littérature psychanalytique.
N. O. - On a dû vous dire que vous aviez tendance à voir des
pervers partout...
M.-F. Hirigoyen. - Oui. Je connais aussi l'argument qui met en avant le
masochisme des victimes - ça existe, bien sûr -et leur complaisance.
Tout cela fut déjà utilisé par le passé pour
minorer le harcèlement sexuel. Ma formation explique sans doute largement
la conviction que j'ai de la gravité d'un phénomène
bien plus complexe. Etudiante, j'ai en effet suivi une formation en victimologie
à l'American University de Washington, où mon mémoire
portait sur la " destruction morale ". En 1994, j'ai suivi en
outre une formation à l'Institut médico-légal (Paris
v) sur la victimologie.
N. O. - Quel est le profil du harcelé ?
M.-F. Hirigoyen. - On s'attendrait à ce que ce soit une personne
fragile. Un souffre-douleur désigné, en quelque sorte ! Eh
bien, pas du tout, les harcelés sont généralement des
grandes gueules ou pour le moins de fortes personnalités. Et très
fréquemment des gens qui s'investissent dans l'écoute de l'autre
: des délégués du personnel, des infirmières,
des médecins, des hommes de communication... La victime, c'est en
fait bien souvent celui qui résiste, notamment à ses collègues,
cas très fréquent, mais aussi à son supérieur
hiérarchique ou encore à la pression de ses subordonnés.
N. O. - Comment s'explique l'ampleur du harcèle ment moral aujourd'hui
dans nombre d'entreprises, puisque les pervers narcissiques au sens littéral
du terme ne se sont tout de même pas multipliés ces dernières
années ?
M.-F. Hirigoyen. - Ce que je crois, c'est que les pervers, les vrais, entraînent
les groupes à gérer les gens à leur manière.
Et, si ça prend, c'est que nous sommes dans des univers où
la guerre économique est en permanence mise en avant et que la fin
y justifie les moyens. On veut bien que le personnel discute, s'exprime,
participe - on les sollicite même à cette prise de parole -,
mais chacun sait qu'il convient de toujours se situer dans l'intérêt
de la culture unanimiste d'entreprise, de la défense et de la promotion
du collectif. La rentabilité et la compétitivité passent
d'abord ; l'individu ne vient qu'ensuite quand il vient. La formation des
cadres dirigeants incite d'autre part à ne pas avoir d'états
d'âme ou de sentiments. Lorsqu'il faut licencier et que c'est délicat,
la méthode du harcèlement et de l'isolement psychologiques
de la cible à affaiblir ou à exclure est devenue relativement
banale. Enfin il est important de noter que le pervers agit le plus souvent
au nom de la morale, ce qui lui donne une position d'autorité pratiquement
inexpugnable. D'autant qu'il a toujours une grande force de conviction et
de séduction et qu'il sait parfaitement s'y prendre pour inverser
les rôles en se présentant lui-même comme l'agressé.
Vous n'imaginez pas le nombre de directeurs des relations humaines confrontés
à ces situations qui vont chez des psys et ce qu'ils confient comme
souffrance.
N. O. - Dans les nombreux cas que vous décrivez, on est tout de même
surpris par l'apathie sociale. Par l'absence de réaction des collègues.
M.-F. Hirigoyen. - C'est vrai. Mais, encore une fois, le terrain est propice.
Non seulement parce que la peur de perdre son emploi est très forte,
mais aussi parce que l'organisation du travail compartimente de plus en
plus le travail de chaque individu. Dans ce contexte du " chacun pour-soi
" , il est plus aisé d'isoler la personne dont on souhaite se
débarrasser. D'autant que le processus de mise à l'écart
est progressif: on bloque l'accès de l'ordinateur à certaines
données, on ne passe plus certains appels téléphoniques...
Le silence et le vide se font donc peu à peu autour de la personne
visée. Parfois, la solitude est telle que ça tourne vite au
drame. Un cadre dirigeant qui avait refusé une mutation pour rester
proche de son fils handicapé s'est w poussé dans un placard,
interdit de réunion, pratiquement privé de téléphone.
Il s'est tiré une balle..
N. O. - Faut il imaginer une loi pour réprimer le harcèlement
moral - avec tous les abus que l'on peut craindre, sans compter les difficultés
d'établir des preuves - sur le modèle de la loi contre le
harcèlement sexuel ?
M.-F. Hirigoyen. - Il y a, c'est exact, risque de confondre le simple conflit
et le harcèlement proprement dit. Encore que, sur les quelque cinq
cents lettres que j'ai reçues suite à la parution du livre,
seules quelques-unes viennent de personnes franchement paranoïaques.
Ce que je crois, c'est qu'il faut en effet éviter de légiférer
à froid. L'urgence, c'est d'informer les professionnels de telle
manière que les victimes ne soient plus esseulées quand elles
s'adressent à eux. Je pense notamment aux syndicalistes, mais aussi
et surtout aux médecins du travail, qu'ils soient ou non salariés
de l'entreprise. Il ne suffit pas de traiter un stress par la médication
chimique, il faut aussi comprendre son origine et traiter le mal en amont.
Je crois que si l'on parvient à mettre en place un système
de médiation, on peut trouver des solutions autres que pénales
pour arrêter le harcèlement et sanctionner fauteur en faisant
valoir notamment le règlement intérieur de l'entreprise.
N. O. - Quel est le conseil que vous donnez aux victimes ?
M.-F. Hirigoyen. - Sortir de la nasse d'une manière ou d'une autre.
Et surtout en parler. Se plier, faire le dos rond, attendre que le harcèlement
passe est la pire des solutions. Si vous restez inerte, c'est votre vie
familiale, votre vie tout court qui va trinquer.
![]()
![]()