TRABAJANDO CON......

 

Una histriónica "Carolina" (D)

"Carolina y yo fuimos contratados simultáneamente en el mismo nivel jerárquico, por lo que era natural que nos conocieramos rapidamente y que intercambiáramos impresiones sobre nuestro lugar de trabajo . No corre peligro alguno de pasar desapercibida : el primer dia que la vi en el pasillo llevaba un conjunto gris, muy clásico por arriba, pero con una minifalda impresionante , que no dejaba duda a quien fuere de que tenía unas piernas soberbias. Al mismo tiempo, en cuanto se le dirigía la palabra , adquiría un aire de frialdad , muy profesional, lo que contrastaba con su aspecto muy sexy, como si no se diera cuenta de que era provocativa.

Durante la primera reunión, en la que apenas tomó la palabra, se contentaba con lanzarme miradas un poco demasiado prolongadas, bastante enigmáticas. Claro está, que después fuí a hablar con ella. Carolina se bebió mis palabras, me envolvió con una mirada muy cálida y se rió de mis bromas. Pero no me lo podía creer, era demasiado bonito para ser verdad. Enseguida tuve la prueba de mis sospechas: cuando Alejandro, el jefe, vino a reunirse con nosotros, tuvo derecho al mismo número de encanto. Bastante decepcionado y un poco furioso, no le volví a dirigir la palabra en los días siguientes.

Una tarde, cuando me disponía a irme a una cita con el dentista, vino a sentarse a mi despacho. Tenía prisa. Pero ella me preguntó con una vocecita de niña por qué ya no le hablaba. Le expliqué que tenía una cita, y que podríamos hablar posiblemente al día siguiente por la mañana. Me respondió que tenía la impresión de que ella no me gustaba. Se le quebraba la voz. Yo me defendía de verla tan emocionante, sentada en su silla hecha un mar de lágrimas, mirándome con aire trágico como una niña abandonada. Le propuse llevarla a su casa, así podríamos hablar en el coche. Me saltó al cuello para agradecérmelo con una voz infantil, pero no pude olvidarme de que la niña era una joven mujer sexy de un metro setenta y cinco.

Finalmente la invité a cenar . Nuevamente se bebía mis palabras , sonriente, hasta el punto que le propuse venir a tomar una copa a mi casa. Allí, nuevo cambio de registro , me explicó con aire preocupado que ella no era del todo libre en aquel momento ¡No les voy a contar todos los avatares de nuetra relación!.

En el trabajo, unos la aprecian y otros la detestan. En las reuniones tiene a menudo buenas ideas. Por el contrario, cuando se trata de hacer un expediente metódicamente, se aburre, se vuelve negligente y trata de endosar su trabajo a los demás. En las reuniones se expresa de un modo un tanto dramático, dando la impresión de tomarse todo muy a pecho, como si la decisión de elegir una campaña para un yogurth fuese una verdadera tragedia.

Mis relaciones con Carolina se han vuelto amistosas. En ocasiones viene a hacerme confidencias, que consisten en decirme lo maravilloso que encuentra al nuevo jefe de producción, que es genial, extraordinario, para decirme quince dias más tarde que es un cardo, un personaje mezquino, una nulidad. Con ella es como estar "en el cine" permanentemente.

Las personalidades histriónicas pueden parecer cautivantes en un primer momento, pero sus demostraciones excesivas, sus cambios de humor, sus ansias de atención, acaban por extenuar a su pareja, que les abandona. De pronto, se encuentran aún más convencidos de que es preciso encantar y seducir sin parar, y de que, si no, el otro les dejará. Y así reinicían una nueva relación de modalidad aún más histriónica, que conduce a un nuevo fracaso.

Tendrá tendencia a "sexualizar" la relación, incluso en el ámbito profesional. Sonrisa encantadora, largas miradas que harán creer a los ingenuos que tienen posibilidades. ¡Cual no será su sorpresa cuando intenten un acercamiento y vean que la personalidad histriónica los rechaza sorprendida, hasta indignada!. No habían comprendido que toda esta seducción desplegada, tenía como meta llamar su atención, encantar, pero sin deseo alguno de una relación más íntima. Ciertos hombres histriónicos desconcertarán también a las mujeres, que no podrán saber cuáles son sus verdaderas intenciones, ya que no se acercan abiertamente, aunque despliegen mucho encanto y seducción.

Su colaboradora histriónica le admirará como una "fan" , pero si la decepciona, desgarrará (simbolicamente) su imagen en cachitos y le describirá como un ser fundamentalmente malo y mezquino. No se inquiete demasiado, si usted le manifiesta de nuevo su interés, recuperará su puesto en su panteón.

 

(Estractos de "Cómo tratar con personalidades difíciles" de Lelord y André ).

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