EL CLAMOR

Desenmascarando la raíz de un hostigamiento

Hace muchos años defendí a alguien de una turba, hoy siguen las consecuencias de ello.
No me arrepiento de lo que hice y lo volvería a hacer, incluso conociendo lo que entonces no sospeché: el castigo al que me iban a someter.
El castigo ha sido una condena a cadena perpetua.
No hace falta estar encarcelado para perder la libertad..
Me han sometido a un hostigamiento continuo y constante que me ha limitado la libertad de acción.
Cada cosa que he hecho ha sido escrutada con lupa para resaltar los defectos que tuviera.
Cada amigo que he tenido ha sido tentado con prebendas para que me traicionara.
Cada apoyo recibido ha sido injuriado para que huyera de mi lado y me dejara en la estacada.
La raíz de tanta inquina parte de aquellos tiempos y de aquella acción.
Han tenido que pasar los años para que me diera cuenta de ello.
Los violentos de mi hostigamiento fueron los instigadores de aquél acoso al inocente.
Recibieron la colaboración de los que difunden y transmiten rumores.
Siendo creíbles por ampararse bajo la bandera de la solidaridad.
Esos han confirmado la existencia de "una mano negra" que planea secretamente contra mi.
Han pretendido, hipócritamente, hacerme creer que el autor de mi campaña de descrédito es el inocente al que apoyé.
Se que les impedí terminar con una destrucción y me han estado castigando por ello.
La gran instigadora se ha mantenido refugiada en la sombra.
Nunca ha dejado, secretamente, de ser de ellos.
La gran instigadora se ha rodeado de personas violentas para ser arrojadas contra mi.
La gran instigadora cuenta con la dificultad de la gente en aceptar que pueda existir tanta maldad.
Y con ello consigue la impunidad.
En aquellos tiempos acusó al inocente de graves acciones, muy graves, incluso una de ellas era un flagrante delito
Fue una acusación ignominiosa, le acusó de un acto brutal, de un delito, con el único argumento de que "miraba raro".
Todos la creyeron, sin comprobación alguna, ya que ella lo conocía tan bien y el vacío se hizo en torno a él.
Sé que debí contar la verdad al principio de mi apoyo.
No lo hice. Es algo que me sigue hurgando la conciencia.
Tuve muchas ocasiones. No las aproveché. Fui cobarde.
Cuando el inocente estaba feliz, me decía que no valia la pena que perdiera la dicha, y callaba.
Cuando estaba triste, para qué poner mayor dolor, y seguía callando.
Una sóla vez me armé de valor para contarlo todo, estaba firmemente decidida a no acobardarme.
Ese día estaba tan abatido, que contar la verdad hubiera sido un acto de crueldad. Y volví a callar.
Ya no tuve otras ocasiones.
Sirvan estas lineas como redención del pasado.
©marinapares2006

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