El
primer deber de todo chantajista es encontrar alguna debilidad
en su víctima y aprovecharla al máximo, convenciendo
al chantajeado de que el verdadero culpable de su situación
es él mismo. Si paga, es porque algo debe. El
segundo deber del chantajista es no soltar nunca
a su presa. El alma culpable nunca se siente limpia, el
deudor nunca termina de pagar sus deudas. Si
la víctima del juego muestra signos de resistencia,
el tercer deber del chantajista es morder más fuerte.
Después de haber pagado tantas veces, a la culpa
original se suma la culpa de haber cedido. La presa es débil,
el chantajista ha de hacérselo saber. El
cuarto y último deber del chantajista es acabar el
trabajo. No ha de quedar en pie quien pueda vengarse con
el tiempo. El único
deber del chantajeado es no ceder. Si alguna vez se ha cedido,
incluso si se han cedido tantas veces que ya es difícil
contarlas, sólo hay dos caminos: o se acepta la muerte
con resignación cristiana o se agarra al perro por
el cuello con todas las fuerzas que resten.
Escrito por Feyn Dem en:
Enero 6, 2005 08:31 PM
Extraído de http://feyndem.redliberal.com/002829.html