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Carmen
Sánchez Carazo es presidenta de la Asociación
Nacional contra el Acoso Moral en el Trabajo. También
firman este artículo: Rafael Rodríguez Rosillo,
vicepresidente de la Asociación Nacional contra el
Acoso Moral en el Trabajo; y cuatro miembros de la Asociación
Gallega contra el Acoso Moral en el Trabajo: Domingo Esteban
Gómez Fernández, Carlos Mejuto Pulleiro, María
Dolores Menéndez Prieto, Francisco Javier Vadillo Olmo.
Correo electrónico: acoso@nova.es

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Cada
día es más frecuente ver a un hombre o a una
mujer llorando de impotencia debido al constante hostigamiento
psicológico que alguien ejerce sobre él o ella
durante el ejercicio de sus funciones profesionales o laborales.
El
hostigamiento psicológico es un modo sutil de someter
a la persona acosada a unos trastornos psíquicos que
raramente tienen recuperación. Este método tiene
todos los referentes del terrorismo, puesto que trata de aislar
a un individuo del resto de sus compañeros de empresa,
siendo casi siempre las víctimas las personas más
eficientes, las más responsables, las más capaces,
para que sirvan de chivo expiatorio ante los demás.
De este modo, el resto de la plantilla toma como ejemplo '...lo
que le están haciendo a fulano...'; y para que a sus
miembros no les ocurra lo mismo aceptan todo lo que les impongan,
con tal de no tener problemas.
Fue
un investigador sueco quien observó el comportamiento
de sus ratones de laboratorio, y vio que el ratón más
dotado, el más fuerte, sufría pequeños
ataques por parte del resto de los ratoncillos, que le inquietaban
y no le dejaban descansar, hasta que aquél, desesperado,
se golpeaba contra las paredes y se ocasionaba la muerte.
Este científico extrapoló sus experiencias al
campo donde trabajaba -la psicología- y los resultados
fueron idénticos, tras la observación de personas
hostigadas permanentemente. Los humanos más débiles,
los menos dotados, se unían para hostigar a quien,
por alguna razón, les empezaba a ser molesto. Le hostigaban,
le humillaban, hasta que, de algún modo, lograban vencerle,
obligándole a abandonar el trabajo, a dejarles hacer
y a no meterse en nada, o a cualquiera de otras posibles salidas
que condicionasen su silencio.
Para
las personas que se sienten hostigadas debería representar
'la luz al final del túnel' el reflejo de aquellos
otros que resultaron vencedores en su lucha contra el hostigamiento,
como:
-
Miguel de Unamuno, amenazado por ser simplemente un pensador,
con aquellas fatídicas palabras: ¡Muera la inteligencia!
-
Nelson Mandela, durante tantos años hostigado, y nunca
doblegado.
La
figura del acosador, hostigador, terrorista laboral, o del
modo que queramos llamarle, está también muy
claramente definida en la jurisprudencia existente; los artículos
311 y siguientes del Código Penal hacen una clara condena
al daño psicológico que se pueda producir en
el trabajo. Son personas de dudosa capacidad, que se organizan
de tal modo en las instituciones que caen en sus manos que
llegan a ser verdaderos reinos de taifas, donde hacen y deshacen,
ante el silencio de los corderos que -a pesar de ser más
y ser conscientes de todos los desbarajustes que crean y de
todas las patrañas que urden- son incapaces de decir
nada, debido a una causa muy importante: ¡pueden perder
la manduca!, ellos, o sus hijos. Así, los hostigadores
actúan sin oposición alguna, debido también
al maldito consenso, que ha invadido la esfera española,
donde todo se basa en el yo te doy, pero tú haces lo
que yo te digo.
El
hostigamiento moral ocurre principalmente en las instituciones
estatales, en los ayuntamientos, en los hospitales, en las
universidades, más que en la empresa privada. La razón
es muy sencilla: al empresario le es más costoso tener
a un acosado, por ejemplo, a un ingeniero superior sin trabajo
o realizando funciones de inferior categoría. Sin embargo,
el hostigador 'responsable' institucional puede hacerlo con
mayor facilidad, ya que pagan las arcas públicas, y
a él no le importa el rendimiento. Por eso, cada día
son más los hostigados y hostigadas entre quienes conforman
la gran familia del funcionariado en España, en Francia,
en Italia, etcétera.
A
esa persona que durante un rato llora en el retrete de su
lugar de trabajo, que no duerme por las noches, que se siente
humillada, confundida, sin información, sin trabajo...
y sola, le ocurre lo que puede sucederle a cualquiera de nosotros
en cualquier momento: está hostigado, acosado y amenazado
psicológicamente, y podrá acabar en estado de
depresión psíquica. Es tanto el terror psicológico
ejercido que, a veces, incluso le lleva al intento de suicidio
en porcentajes considerables y, la mayor parte de las veces,
a temer ese 'día siguiente' y a sentir verdadero pánico
a volver a su puesto de trabajo, en el que sabe le va a estar
esperando su acosador o acosadora.
La
desestabilización emocional que se origina en la persona
hostigada le va conduciendo a una inseguridad en sí
misma, a la consideración de los daños que ve
se están originando en el seno de la familia, tratando,
en muchos casos, de rumiárselo él, para no arrastrar
también a su familia, o incluso perderla. Esa persona
que llora de impotencia está cada día más
quemada y en ese incendio también puede perecer su
familia.
Lo
peor de todo es que es difícil que pueda demostrarse
la irregularidad en la que incurren los acosadores, que pueden
así proseguir en su destructora y programada función.
Pero las cosas están cambiando: el Senado, por unanimidad,
ha instado al Gobierno a que legisle sobre este problema,
que produce un gran gasto para toda la sociedad y una importante
destrucción de la persona; los sindicatos están
formando a sus cuadros para que puedan defender a los trabajadores;
los hombres y mujeres del siglo XXI están comenzando
a denunciar estos hechos para evitar que les ocurra a otros
compañeros, a sus amigos, a sus hijos. Ésta
es la razón por la que han nacido asociaciones o fundaciones
que, de ahora en adelante, se dedicarán a la defensa
de los intereses de los acosados moralmente en el trabajo,
persiguiendo a los acosadores e intentando influir en el ordenamiento
jurídico español, del mismo modo que lo están
haciendo en Estados Unidos, Italia o Francia, para que las
personas que se demuestre son acosadoras sean responsables
administrativa y penalmente, y el trabajador acosado sea indemnizado
por el grave daño que se le ha causado.
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