por
Marina Parés Soliva
Publicado
en Belt.es
| Resumen
Los
últimos estudios realizados en Europa apuntan que los
programas escolares contra el acoso funcionan por tanto es
posible lograr una disminución de los casos de acoso
escolar, tanto con la implantación de medidas preventivas
como con el abordaje correcto de la situación. Por
ello, es importante que las instituciones escolares y, en
especial, los maestros cuenten con un proyecto de intervcención
por si surge un caso de bullying en la escuela. Este proyecto
debe basarse en el apoyo incondicional al niño-víctima
y la admisión que estamos frente a un acoso grupal.
Aunque en cualquier Plan de Intervención sobre este
tema el papel de la familia es muy importante, por razones
de espacio, nos limitaremos, en este resumen a citar las principales
pautas de intervención en el ámbito escolar.
El
tutor de clase es la persona más apta para intervenir
de manera adecuada dentro del contexto escolar. Una vez recibida
la denuncia (ya sea por iniciativa de los padres, del menor
o de otros compañeros), el tutor deberá llevar
a cabo las primeras actuaciones, que se centran en la protección
del niño-víctima, en cortar de raiz cualquier
manifestación violenta, y en buscar la colaboración
y el compromiso de la dirección escolar. Las actuaciones
del tutor de clase hacia el niño-víctima de
acoso escolar han de centrarse en tres ejes básicos:
medidas de protección, de integración o aceptación,
y las de valoración o reconocimiento.
Las
medidas de protección hay que pactarlas con el menor,
siempre bajo supervisión de algún adulto y no
es aconsejable que éstas duren más de tres meses.
Al mismo tiempo, hay que ayudar al menor a aceptar su situación,
evitando la negación y la huida, hay que reconocer
el tipo de situación en la que está el menor
y trabajar para que el niño víctima supere la
auto-inculpación. A través de las charlas tutoriales,
hay que transmitir el mensaje de que el menor no tiene la
culpa por ser agredido ni por necesitar protección.
La
medida del reconocimiento se basa en la aplicación
de actuaciones que aumenten la autoestima del niño-víctima,
pues hay que fomentar la valoración de su imagen pública
(darle responsabilidades especiales en clase, etc...).
Respecto
al grupo de acosadores se les ha de controlar, transmitiéndoles
el mensaje claro de que no se va a permitir más violencia,
explicitando las medidas correctoras si ello continúa;
los adultos han de saber discernir quien instiga el acoso
y quienes lo secundan de cara a un abordaje efectivo; hay
que potenciar la responsabilidad de las propias actuaciones,
que van desde pedir perdón al niño-víctima
hasta acciones concretas de compensación y, por último,
hay que romper la unidad del grupo, que se puede conseguir
a través de la inclusión de sus miembros en
otros grupos.
En
lo referente al grupo-clase, también se considera víctima
secundaria, ya que puede manifestar síntomas propios
del estrés post-traumático. Es importante potenciar
la recuperación de la capacidad de reaccionar frente
al grupo acosador, de los alumnos que han presenciado las
agresiones, ya sea a través de la denúncia pública
en las charlas tutoriales, en las privadas con algún
profesor o anónimas a través del buzón
de denúncia. También se debe fomentar los valores
de la convivencia, por lo que se considera muy útil
la elaboración de trabajos sobre ética, violencia,
coraje y espiritu crítico y las posteriores exposiciones
en clase.
Por
último, hay que fomentar en el grupo-clase actuaciones
que ayuden a la inclusión del niño-víctima
en la dinámica de la clase, una buena estrategia es
la que reciba protección amistosa del líder
positivo de la clase.
La
dirección ha de poder incidir en el resto del profesorado
en lo que se refiere al aumento de la vigilancia de los miembros
del grupo escolar violento (pues éstos pueden decidir
acosar a otro alumno menos protegido que el que denunció
el acoso) y, al mismo tiempo, el resto del profesorado ha
de colaborar en la protección de la víctima,
tanto en la implementación de medidas disuasorias (buzón,
denúncias, grupo anti-bullying, etc..), como en las
de protección excepcional hacia el niño-víctima.
La
última fase en la puesta en marcha de un plan de intervención
es la evaluación, que incluye, además de la
evolución del caso concreto, los mecanismos instaurados
en el centro escolar, para evitar nuevos acosos.
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| Introducción
La
profesora había oído hablar del bullying, lo
que no llegó a imaginar nunca es que tuviera que enfrentarse
con una situación de éstas entre sus propios
alumnos, y ahora se encontraba ante unos ojos asustados y
una voz queda que le informaba, sigilosamente y entre grandes
medidas de seguridad, para no ser descubierta, de lo que un
grupo de alumnos de su clase le estaba haciendo a un compañero
de aula. Si eres profesor o maestro ¿te has encontrado
alguna vez en una situación similar? Si ocurriera algo
así ¿sabrías cómo abordarlo?.
Los
últimos estudios realizados en Europa apuntan que los
programas escolares contra el acoso funcionan (2) por tanto
es posible lograr una disminución de los casos de acoso
escolar, tanto con la implantación de medidas preventivas
como con el abordaje correcto de la situación en aquéllos
casos que surjan.
El
presente artículo presenta un modelo de intervención
frente al acoso escolar. Se trata de una aportación
del Servicio Europeo de Información sobre el Mobbing
dirigido a los docentes a fin de proporcionar una herramienta
útil para abordar estos casos desde la propia institución
escolar. El modelo propuesto ha sido presentado en diversos
foros (3) y ha sido adoptado para poder ser implementado en
algunos centros escolares a partir del próximo mes
de septiembre.
Concepto
y Definición de Acoso Escolar
El
concepto de bullying proviene de la palabra inglesa bull
que significa embestir aunque también ha sido traducido
como matón. Se trata de una adaptación del concepto
de acoso moral en el trabajo al acoso moral en el ámbito
escolar; ambas formas de comportamiento tienen mucho en común,
dado que las dos son manifestaciones de violencia psicológica
a través del acoso grupal, lo que las diferencia es
el ámbito donde tiene lugar, unos en el trabajo y otros
en la escuela; la edad de los participantes y un mayor uso
de las agresiones físicas en el caso del acoso escolar.
Al
tratarse de manifestaciones de violencia psicológica
van encaminadas a romper el equilibrio y la estabilidad psíquica
de la víctima, por tanto el suicidio de la víctima
es la constatación del éxito del acoso grupal
(4).
Nos
gusta la definición de acoso escolar como «una
forma de maltrato intencionado y
persistente de un alumno hacia otro sin que medie la provocación»
realizada por Fuensanta Cerezo profesora de Psicología
de la Universidad de Murcia y experta en bullying, y aunque
en un primer momento no contempla el componente grupal, si
lo valora al añadir que el problema se da en
las relaciones interpersonales y que en el proceso colabora
todo el grupo del aula y no es algo sólo del agresor
y la víctima.
Proyecto
de Intervención Escolar
Previos
Se parte de la premisa de que el bullying es una manifestación
de un acoso grupal y todas las intervenciones diseñadas
tienen en común el apoyo incondicional a la persona,
niño en este caso, víctima de violencia de sus
iguales. Por tanto el proyecto de intervención que
se presenta sólo puede ser aplicado teniendo en cuenta
estos dos pilares, a saber: el apoyo incondicinal al niño-víctima
y la admisión que estamos frente a un acoso grupal.
No se trata por tanto de una disputa entre dos, sino que existe
un grupo que ataca a un individuo. Sin respetar estas dos
premisas el modelo de intervención aqui expuesto probablemente
no consiga los resultados esperados.
El
apoyo incondicional hacia el niño-víctima se
concreta en un respeto absoluto a su palabra, a la versión
de los hechos que manifiesta, así como a su participación
en la toma de decisiones de las maneras de intervenir y a
los tiempos de intervención. Nada debe hacerse sin
que el niño-víctima sepa cual va a ser la intervención
de los adultos, ello implica adaptarse a los tiempos del menor.
No respetar su criterio, y actuar sin su conocimiento puede
llevar a una agravación de la violencia que recibe,
pues los adultos aún con la mejor de las intenciones
pueden iniciar actuaciones que acrecienten la situación
de angustia vital del niño-víctima. Por tanto
el modelo aquí expuesto se basa en el respeto a la
toma de decisión del menor sobre la resolución
de su propio problema, con la única salvedad de que
no se van a tolerar más actuaciones de agresión
sobre él. Es muy importante que en este punto el adulto
sea inflexible: no se van a consentir más agresiones
contra él, por ello todas las acciones a diseñar
han de cumplir ese objetivo: cortar de raiz las agresiones.
El
otro pilar en el que se sustenta este modelo de intervención
es la aceptación que nos enfrentamos a un acoso grupal,
eso significa que por un lado está un grupo de alumnos
que agreden y por el otro la víctima agredida, muy
sola y con muy pocos apoyos. El modelo aqui expuesto no va
a tener buenos resultados si se parte del supuesto de una
riña entre dos. En las disputas interpersonales existe
un cierto equilibrio de fuerzas que es inexistente en los
casos de bullying.
Para
hablar con un niño que ha sufrido las agresiones de
sus compañeros, de aquéllos a los que antes
consideraba sus amigos hay que ser muy cuidadosos con el tono
empleado, cualquier resquicio de ira o de rabia puede victimizarle
una segunda vez. Estamos frente a un niño que ha perdido
la confianza en sus semejantes. Es muy importante no culpar
al niño de su situación y para ello es básico
responsabilizar de la violencia a aquéllos que la ejercen
y no a la víctima. El niño tiene que sentir
que lo comprendemos, además de que lo compadezcamos,
y que nosotros en su situación parecida reaccionariamos
como él. No podemos pensar que es una persona débil,
porque ciertamente no lo es: aguantar las barbaridades que
ha tenido que soportar sin casi rechistar demuestra mayor
resistencia y valor de lo que se piensa a primera vista. No
podemos olvidar que el acoso tiene lugar cuando la futura
víctima se rebela a la sumisión que demanda
el líder, por tanto estamos frente a un niño
que tenia un buen auto-concepto al inicio del acoso; como
mínimo lo suficientemente bueno como para resistir
a las presiones manipuladoras del matón de turno. Es
precisamente romper esa resistencia el fin último de
la violencia psicológica.
A
menudo el líder manipulador no es el mismo que ejerce
la máxima violencia contra la víctima, dado
que como buen manipulador ha conseguido rodearse de aliados
que le hacen el trabajo sucio. Si no sabemos indentificar
bien quién es el líder manipulador la intervención
sobre el grupo acosador fracasará.
Pautas
de intervención
Las pautas de intervención reposan basicamente sobre
el tutor de clase dado que es el más apto para intervenir
y de hacerlo de una forma adecuada y dentro del contexto escolar.
En las reuniones del tutor con los padres del niño-víctima
hay que dejar claro que no se van a tolerar más agresiones
y además hay que buscar la colaboración y el
compromiso de la dirección escolar y diseñar
conjuntamente el plan de intervención
El
Plan de Intervención consta de dos apartados: la intervención
escolar y la intervención familiar. Dentro de la intervención
escolar hay que distinguir el trabajo dentro del aula, que
recaerá sobre el tutor, de la intervención con
el resto de profesores, que recaerá más en la
dirección. Este aspecto docente no debe ser infravalorado,
dado que habrá que contar con la colaboración
de todos los profesores para implementar medidas disuasorias
de otros posibles acosos.
El
trabajo en el aula debe incluir el trabajo con los niños
protagonistas, y con el grupo clase.
La
intervención familiar ha de incluir el trabajo tanto
con la familia del niño-víctima, como con los
padres del niño-matón y también con los
padres de los otros niños-violentos. Se distinguen
los tres grupos dado que las intervenciones serán diferentes
para cada uno de ellos.
PROYECTO
DE INTERVENCIÓN
Intervención
Escolar
Tutor:
dentro del Aula
Niño-víctima
Grupo de matones
Grupo Clase
Dirección: resto de Profesorado
Medidas disuasorias: buzón denuncias, grupo
anti-bully...
Intervención Familiar
Tutor
con apoyo intraescolar preferentemente por psicólogo
escolar
Padres niño-víctima
Padres niño-matón
Padres niños del grupo acosador
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NOTAS
(2)
Los programas escolares contra el acoso funcionan: Tratar
de acabar con uno de los malos que está azotando las
aulas, el 'bullying', de los países desarrollados es
posible. Un nuevo estudio llevado a cabo en 47 colegios de
Holanda acaba de constatar que los programas contra el acoso
escolar logran una reducción de los ataques de los
menores si se mantienen a largo plazo. El trabajo, publicado
en la última edición de la revista 'Archives
of Pediatrics and Adolescent Medicine,' constata los efectos
de impartir este tipo de medidas entre las que se incluyen
enseñar a los profesores a hablar sobre el problema
y educar a los estudiantes en una mejor relación con
sus compañeros. Tras realizar una encuesta a 3.800
alumnos de entre nueve y 12 años, se pudo comprobar
que aquéllos que estaban en escuelas en donde se impartían
estos consejos antiacoso escolar habían cambiado su
comportamiento. Además, el número de agresores
se había incrementado en las escuelas donde no se había
llevado a cabo ninguna medida en comparación con las
que sí tuvieron los programas. Pero, los datos también
revelan que la violencia volvía a reaparecer si se
suspendían los cursos de prevención de un año
para otro. http://www.elmundo.es/suplementos/salud/2006/668/1150495207.html
(3)
Congreso Ser Adolescente Hoy 2005.Madrid http://www.acosomoral.org/pdf/ProyectoBullying.PDF
. Jornadas Municipales de Agüimes.2006.Gran Canaria (disponible
en el CD del Congreso) y Congreso Virtual Cive-Educa 2006.
Palma de Mallorca. http://www.acosomoral.org/pdf/cive06.pdf
(4)
Caso Jokin http://www.acosomoral.org/indexjokin.htm
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INTERVENCIÓN
ESCOLAR
Tutor: dentro del Aula
a) Niño-víctima:
Las actuaciones del tutor de clase hacia el niño-víctima
de acoso escolar han de centrarse en tres ejes básicos.
Las medidas de protección, las de integración
o aceptación, y las de valorización o reconocimiento.
Protección:
Hay que adoptar medidas de protección extremas cuya
aplicación ha de pactarse con el menor (siempre bajo
supervisión de algún adulto, no dejarle solo
en el patio, en los lavabos...). El tiempo máximo de
aplicación ha de rondar los tres meses dado que si
las otras actuaciones han dado el resultado esperado ya no
van a ser necesarias estas medidas. Son medidas de carácter
excepcional.
Aceptación:
Hay que ayudar al menor a aceptar su situación. Hay
que evitar la negación y la huida, hay que ser capaces
de reconocer el tipo de situación en la que está;
así como trabajar para que el niño víctima
supere la auto-inculpación. A través de las
charlas tutoriales transmitir el mensaje de que el menor no
tiene la culpa por ser agredido ni por necesitar protección.
Reconocimiento: Se basa en la aplicación de medidas
que aumenten la autoestima del niño-víctima.
Hay que fomentar la valoración de su imagen pública
(darle responsabilidades especiales en clase...)
b) Grupo
de matones:
Las actuaciones
hacia el grupo de alumnos que se han constituído en
un grupo violento se basarán en los cuatro ejes siguientes.
Control:
Hay que transmitir el mensaje de claro que no se va a permitir
más violencia y explicitar las medidas corrrectoras
si ello continúa.
Detección:
Hay que saber discernir quién instiga el acoso de quienes
lo secundan. Responsabilidad: Hay que potenciar la responsabilidad
de las propias actuaciones, que van desde pedir perdón
al niño-víctima hasta acciones concretas de
compensación (de forma individual y no grupalmente).
Al inicio estas actuaciones han de ser supervisadas por un
adulto y valoradas por el niño-víctima para
que no reviertan en agresiones sutiles. Disgregación:
Hay que romper la unidad del grupo y ello se puede conseguir
a través de la inclusión de sus miembros en
otros grupos (de estudio, deportes...).
c) Grupo-clase:
El resto de alumnos que ha sido testigo de la violencia entre
iguales, y que por miedo no ha defendido a la víctima
también ha de ser objeto de intervención por
parte del tutor, dado que todos los estudios apuntan a que
han de ser considerados víctimas secundarias del grupo
acosador, y muy a menudo algunos de estos alumnos manifestarán
síntomas propios del estrés post-traumático.
Ser testigo de situaciones violentas de repetición
genera indefensión y mucho miedo a ser tratado igual,
al tiempo que hay mucha culpa, mayor en la medida que más
edad tiene el grupo clase, por no saber defender a la víctima.
Reacción:
Hay que potenciar la recuperación de la capacidad de
reaccionar frente al grupo acosador, ya sea a través
de la denuncia pública en las tutoriales, o privadas
con algún profesor o anónimas a través
del buzón de denuncias. También se valora como
muy útil la creación de grupos anti-bully en
la escuela. Aunque hay que vigilar que este tipo de grupos
no se conviertan en propagadores de mayor violencia; para
evitar eso hay que trabajar mucho sobre la cultura de la no
violencia.
Convivencia:
Hay que hacer un fomento especial de los valores de la convivencia
ya que éstos han sido destruidos. Se considera muy
útil la elaboración de trabajos sobre ética,
violencia, coraje y espíritu crítico y las posteriores
exposiciones en clase.
Solidaridad:
Hay que favorecer actuaciones que ayuden a la inclusión
del niño-víctima en la dinámica de la
clase. Un aumento de tareas de responsabilidad dentro del
aula ayudará al fomento de la imagen pública
del niño-víctima. Otra estrategia es que reciba
proteción amistosa el líder positivo de la clase.
Direccción:
resto de profesorado
La Dirección ha de poder incidir en el resto del profesorado,
tanto en lo que se refiere al aumento de la vigilancia de
los miembros del grupo acosador (pues éstos pueden
decidir acosar a otro alumno menos protegido que el que denunció
el acoso) y al mismo tiempo el resto del profesorado ha de
colaborar en las protección de la víctima, tanto
en la implementación de las medidas disuasorias como
en las de protección excepcional hacia el niño-víctima
(son temporales). Hay que comprender el estado irritable y
a veces irritante del niño-víctima como consecuencia
del maltrato sufrido de forma reiterada.
Medidas
disuasorias, son: buzón denuncias, grupo anti-bully...
INTERVENCIÓN
FAMILIAR
El tutor
de clase ha de poder contar con ayuda del psicólogo
escolar, o del director para poder intervenir con los padres
de los alumnos implicados. La manera de intervenir con cada
uno de ellos será diferente y por ello este modelo
se centra en que se hagan entrevistas diferenciadas con los
pades del niño-víctima, los padres del niño
instigador del acoso o acosador principal y con los padres
del resto de niños que participaron en actos de acoso.
Tutor
con apoyo intraescolar preferentemente por psicólogo
escolar
a) Padres
niño-víctima. La intervención ha de ser
de colaboración y debe basarse en dos premisas, por
un lado contener la angustia del niño y la de los padres
y por otro ayudar a los padres a no culpabilizar al niño
ni a sí mismos.
b) Padres
niño-matón. La intervención ha de ir
dirigida al reconocimiento de que tienen un grave problema
a resolver, debe basarse en las premisas de no permitir ni
consentir más agresiones de su hijo y en la necesidad
del mismo de recibir atención terapéutica especializada
externa a la escuela (eso ayuda al reconocimiento que el problema
de la violencia tiene su origen en el seno familiar y no en
el escolar).
c) Padres
niños del grupo acosador. La intervención hay
que dirigirla hacia el reconocimiento de la necesidad de sus
hijos de aprendizaje de otras formas de relacionarse, para
ello es básico que colaboren en pedir perdón
a la víctima.
Estos padres habrán de ayudar a sus hijos no permitiéndoles
más agresiones mediante el auto-control de la violencia,
a través del fomento de la autoestima y del desarrollo
de un criterio propio que les proteja del sometimiento grupal
y les facilite la inclusión en el grupo-clase de forma
individual y no grupal. En algunos casos, aquéllos
que manifestaron mayor violencia hacia la víctima,
también requerirán tratamiento terapéutico
externo y especializado.
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| Conclusiones
Se
entiende como una buena resolución de un caso de acoso
escolar cuando se logra atajar las acciones de violencia y
marginación, y que la víctima pueda proseguir
la escolaridad en un entorno cálido y protector. Todo
plan de intervención escolar para atajar el bullying
ha de incluir cuatro fases: La primera es la recepción
de la denuncia (ya sea por iniciativa de los padres, del menor
o de otros compañeros).
La
segunda fase incluye las primeras actuaciones, que se centran
en la protección del niño-víctima y en
cortar de raíz cualquier manifestación violenta.
La tercera fase es la intervención con los protagonistas
a través del diseño de un proyecto de intervención
especial para cada caso; motivo central de este artículo.
La cuarta y última fase es la evaluación que
incluye, además de la evolución del caso concreto,
los mecanismos preventivos instaurados en el centro escolar
que sirvan para evitar nuevos acosos.
Las
recomendaciones a los escolares víctimas de acoso escolar,
por parte de todos los estamentos es que no callen,
que hablen. Cabe preguntarse si las instituciones escolares
están preparadas para abordar estos casos con una mínima
garantía de éxito. Por ello veo interesante
dotar a la institución escolar, y en especial a los
maestros, de un proyecto de intervención para cuando
surja un caso de bullying en la escuela. El Servicio Europeo
de Información sobre el Mobbing SEDISEM (1)pretende
dar una respuesta a esta necesidad, por ello esperamos haber
aportado elementos útiles para que en cada centro escolar,
en donde surja un caso de bullying se pueda diseñar
su intervención a fin de atajar la violencia entre
iguales y evitar situaciones de angustia vital en menores
acosados.
NOTAS
(1)
El Servicio Europeo de Información sobre el Mobbing-
SEDISEM está a disposición de los centros docentes
para asesorar sobre la intervención en casos de bullying.
www.sedisem.org
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Agradecemos
la publicación de este articulo en la web de Belt
Ibérica S.A.
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