VINAROZ SE ESCRIBE CON B

Autor: Gata


PERSONAJES

MARINA. Empleada de oficina.
RUPERTA. Compañera de Marina
SUSANA. Secretaria del director general de la empresa
RAMOS. Director general de la empresa.
DOCTOR SANZ. Psiquiatra de la mutua de la empresa.
DOCTOR PUIGPELAT. Psiquiatra privado.
PATRICIA. Presidenta de la empresa.
LUIS. Marido de Marina.


ACTO I

ESCENA I

(Vemos dos salas divididas por un biombo. En la sala uno vemos un par de mesas con un ordenador en cada una. Dos sillas y un archivador grande a la derecha del escenario. También hay un teléfono. El calendario de la oficina señala octubre. En la sala dos vemos una mesa con dos sillas, una delante y otra detrás de la mesa) (En la sala uno están Ruperta y Marina)

RUPERTA. (Con mucho interés.) ¿Y qué te ha dicho el médico?
MARINA. (Apesadumbrada.) Me ha dicho que quizá tengo cáncer. Me tienen que hacer unas pruebas para confirmarlo.
RUPERTA. (Sonriendo.) ¡Cuánto me alegro! (Con cara triste.) Quiero decir, cuánto lo siento.
MARINA. (Alterada.) ¿Te alegras de que pueda tener un cáncer?
RUPERTA. ¡Mujer! No seas así. ¡Claro que no!
MARINA. Como has dicho que te alegrabas.
RUPERTA. Yo en ningún momento he pronunciado esas palabras.
MARINA. ¡Pero si te he oído!
RUPERTA. (Muy seria.) Yo he dicho: Cuánto lo siento.
MARINA. Eso ha sido después.
RUPERTA. Tú tienes alucinaciones. Quizás te las produzca el cáncer ese. Será un tumor cerebral.
MARINA. ¡Cómo me animas, mujer!
RUPERTA. Ésa eres tú, que no se te puede decir nada.
MARINA. ¡Es que me dices unas cosas!
RUPERTA. Yo sólo trato de ayudarte.
MARINA. Mejor no me ayudes y lo dejamos correr. Y por cierto, sí, si lo tengo, lo tengo en la cabeza
(Pequeña pausa.)
MARINA. Ruperta, ¿sabes dónde están los documentos que dejé aquí, en el cajón, para llevarlos a la secretaria del director? No los encuentro.
RUPERTA. Mira, Marina, tú sabrás dónde los pusiste.
MARINA. Ése es el problema, que sé que los puse en este cajón (señala con una mano.) Y ahora no están.
RUPERTA. ¿Los pusiste en el cajón? ¿Estás segura?
MARINA. Pues claro que lo estoy. Estaban aquí.
RUPERTA. Pues solos no se han ido a pasear.
MARINA. Entonces ¡alguien los ha cambiado de sitio!
RUPERTA. ¿Me estás acusando de algo? Aquí sólo trabajamos tú y yo. No hay nadie más. Y yo sé positivamente que no he tocado nada tuyo.
MARINA. No me refería a ti, mujer. Pensaba en la mujer de la limpieza, en algún descuido sin mala intención.
RUPERTA. Tú ves mala intención por todas partes. Hoy tienes el día.
MARINA. Mira, déjalo, que ya lo buscaré yo sola.
(Marina revisa su mesa una y otra vez sin encontrar nada.) (Entra en escena Susana, la secretaria del director.)
SUSANA. Marina, ¿Dónde está el informe? Tenía que estar listo para hoy.
MARINA. Es que no puedo encontrarlo.
RUPERTA. Busca, mujer, busca, que al final seguro que sale por algún sitio. (A Susana.) Es que el médico le ha dado una mala noticia.
SUSANA. ¿Ah sí?
RUPERTA. (A Susana, en voz baja.) Claro, la pobre anda así, que no encuentra ni los informes, ni los documentos y hasta tiene problemas para manejar el ordenador. Pero claro, y no se lo digas a nadie, tener problemas psiquiátricos, es muy duro.
MARINA. (A Ruperta.) ¿Qué estás comentando?
RUPERTA. Nada mujer, lo del médico.
MARINA. Sí, ha sido un golpe muy fuerte.
SUSANA. ¿Y qué tienes exactamente?
MARINA. Algo en el cerebro, no saben qué es.
SUSANA. ¡Madre mía, qué fuerte!
MARINA. Por ahora no hay que alarmarse.
RUPERTA. (A Marina.) No tienes de qué preocuparte, aquí te apoyaremos todos.
SUSANA. Yo lo que necesito es el informe, si no el señor Ramos va a protestar. Y ya sabéis cómo se pone cuando se enfada. Su cabreo llega a límites insospechados. Se levanta, todo rojo, parece que va a desmayarse pero no, lo que hace es gritar hasta que se queda sin voz.
MARINA. (Mira en la mesa de Ruperta.) Por fin. Si estaba aquí, en tu mesa.
RUPERTA. ¿Y quién lo habrá puesto aquí?
MARINA. ¡Quién sabe!
SUSANA. Eso no importa, dame los papeles que me voy corriendo.
RUPERTA. Pues con esos zapatos dudo que puedas correr mucho.
SUSANA. Tengo práctica con los tacones.

(Las tres salen de escena.)


ESCENA II

(Se ve la sala uno. Entran Ramos y Susana.)
SUSANA. Señor director, me he enterado de una noticia escalohorripilante.
RAMOS. (Se sienta detrás de una de las mesas.) A ver, nena, dame el informe y cuenta, cuenta.
SUSANA. Marina, la de la sección de productividad, está loca.
RAMOS. ¿Qué ha hecho?
SUSANA. Ella misma me ha contado que tiene algo en el cerebro.
RAMOS. ¿Y ese algo, qué es?
SUSANA. No lo sé, pero Ruperta, su compañera, dice que va al psiquiatra.
RAMOS. Habrá que vigilarla, no sea que se cargue a alguien.
SUSANA. ¡Señor Ramos! ¡Tengo miedo! Además, hace cosas raras. Dejó este informe en la mesa de su compañera y ¡no se acordaba! Debe ser algún síntoma de una enfermedad innombrable.
RAMOS. Mientras no coja la baja y nos se la pique un pollo. a todos, todo va bien.
SUSANA. Pero recuerde el caso de la médica asesina. ¿Y si viene un día y nos quiere matar a todos?
RAMOS. Ya te he dicho que la vigilaremos. Dile a Ruperta que venga.
SUSANA. (Coge el teléfono.) Ruperta Delgado, por favor, venga a dirección.
RAMOS. Bien, ahora tomaremos medidas.
(Entra Ruperta.)
RAMOS. No sea tímida, siéntese aquí, por favor, delante de mí.
RUPERTA. (Se sienta.) Usted dirá, señor Ramos.
RAMOS. Susana me ha comentado que su compañera, Marina Garrido, tiene problemas de… eee salud mental.
RUPERTA. Yo preferiría no hablar de eso, señor director.
RAMOS. Aquí ha venido para hablar sin tapujos. Si tenemos una loca en la oficina es justo que todos lo sepamos y adoptemos las medidas necesarias para proteger, en primer lugar, el buen nombre de la empresa y, en segundo y no menos importante lugar, nuestra propia integridad física y moral.
RUPERTA. Si es así…
RAMOS. Además, es una orden.
RUPERTA. La pobre Marina le pone muy buena voluntad pero… olvida las cosas. No atiende bien las llamadas, no recuerda los nombres de los proveedores y se lía… claro que yo la ayudo, eso sí.
RAMOS. Concretemos. ¿Qué enfermedad tiene la señora Garrido?
RUPERTA. Bueno, en realidad y con exactitud no lo sé, pero podría ser una esquizofrenia galopante, ya sabe.
RAMOS. Pues no, no sé. ¿Qué quiere usted decir?
RUPERTA. Nada más lejos de mi ánimo que calumniar a nadie, pero un sobrino mío es esquizofrénico, sabe usted, bueno, es sobrino de mi marido exactamente y las cosas raras que hace mi sobrino son las mismas que las que hace Marina, así que, he llegado a la conclusión que tienen la misma enfermedad.
SUSANA. ¡Una esquizofrénica! Tiene que despedirla, señor Ramos, no podemos tener trabajando aquí a una loca de ese estilo.
RAMOS. Sí, la verdad es que ya he recibido otras quejas respecto a la señorita Garrido, Marina… esto… Quizás debería visitarla el médico de la mutua. Así nos daría un diagnóstico fiable a partir del cual actuaríamos en consecuencia. Señorita Delgado, puede usted volver a su departamento.

(Sale Ruperta de escena. Salen Ramos y Susana)

ESCENA III

(Vemos en la sala uno a Marina y a Ruperta sentada cada una delante de su ordenador.)
MARINA. Hoy hace una semana que me dijeron lo del cáncer y mañana tengo que ir a por los resultados.
RUPERTA. No será nada, ya lo verás.
MARINA. Estoy tan nerviosa.
RUPERTA (Sonríe con felicidad.) Lo peor que te puede pasar es que te mueras del cáncer ése y morirse ¡no es tan malo!
MARINA. Últimamente estás muy insensible conmigo.
RUPERTA. ¡Qué va mujer! Yo lo único que hago es darte ánimos.
MARINA. Señor, qué maneras de animar tienes.
RUPERTA. Si te mueres no verás crecer a tus hijos. Unos cuantos disgustos que te ahorras. Tu marido se casará con otra, así no tendrá que practicar el adulterio y yo… me quedaré sola en el departamento… por un tiempo.
MARINA. ¡Eso es una barbaridad! ¿Cómo puedes decirme estas cosas?
RUPERTA. Eres tú, que no tienes sentido del humor (Mirada de odio salvaje.)
MARINA. No entiendo, Ruperta, lo que ocurre últimamente. Los proveedores dicen que no les atiendo, pierdo los papeles, el señor Ramos me llamó para avisarme de que me verá un médico de la mutua… Y veo que los de los otros departamentos no me saludan como antes…
RUPERTA. (Con voz meliflua.) No te preocupes por nada, (sonríe.) dicen que lo que mal empieza bien acaba.
MARINA. No sé, últimamente todo lo hago mal… Será por los nervios del diagnóstico… pero no, porque hace ya dos o tres meses que esto va así… y parece que cada vez hago peor todo.
RUPERTA. ¡Pobrecita! Tú no te preocupes por nada, que yo te ayudaré en todo. Si lo quieres oír, te doy un consejo.
MARINA. A ver, si es una de tus gracias…
RUPERTA. No le digas nada del posible cáncer al médico de la mutua. Si sospechan que tienes una enfermedad tan grave te despedirán seguro.
MARINA. ¿Tú crees?
RUPERTA. ¡Y tanto que sí!
MARINA. Quizás tengas razón.
RUPERTA. Si mañana te dicen que no tienes nada (cara de pena,) todo solucionado pero si te dicen que tienes algo, por pequeño que sea, ni lo nombres.
MARINA. Claro, claro.
(Pequeña pausa.)
MARINA. Ruperta, ¿dónde está el listado de los proveedores?
RUPERTA. Tú sabrás.
MARINA. Ayer lo dejé aquí, encima de la mesa.
RUPERTA. ¿Otra vez con lo mismo?
MARINA. Y no sólo me falta eso. Mira (Ruperta se acerca a Marina.) no puedo acceder a la base de datos.
RUPERTA. Algo le harías.
MARINA. ¡Yo no he hecho nada!
RUPERTA. A mi no me molestes, bastante tengo que hacer con mi trabajo.
MARINA. Pero, ¡yo así no puedo trabajar! Y la faena hay que sacarla.
RUPERTA. Yo te ayudaría, de verdad, pero… ahora mismo me es imposible.
MARINA. No sé, últimamente todo está del revés. Tendré que recomponer la base de datos.


ESCENA IV


(Vemos la sala uno. El calendario de la oficina señala diciembre) (Están en escena el señor Ramos, Susana y Marina)
RAMOS. He mandado llamarla para notificarle lo siguiente: el médico de la mutua la visitará mañana a las once horas, en la calle Madrigales, 4, sexta planta. Espero que sea usted puntual allí, ya que aquí no lo es.
MARINA. Pero señor Ramos, si yo llego siempre a mi hora. A veces hasta llego más pronto.
RAMOS. Eso no es lo que dice la máquina de fichar.
MARINA. Pero si yo…
RAMOS. No voy a discutir con usted. Vaya a la consulta.
MARINA. Si yo he hecho algo inconveniente.
RAMOS. Usted sabe perfectamente porque le mandamos esta revisión.
MARINA. Si yo no sé nada.
SUSANA. Si Ruperta nos los dijo, si tú misma me lo dijiste a mí.
MARINA. ¿El qué?
SUSANA. Lo de la cabeza.
RAMOS. No se hable más. Vaya a ver al doctor Sanz.

(Salen los tres de escena.)


ESCENA V
(Se ve la sala dos. El doctor Sanz y Marina están sentado uno en enfrente del otro.)
DOCTOR SANZ. Y dígame, ¿tiene usted algún problema de salud?
MARINA. No, me dijeron que quizá tenía cáncer pero las pruebas me salieron favorables. .
DOCTOR SANZ. ¿Está usted bajo tratamiento psiquiátrico?
MARINA. No, que va.
DOCTOR SANZ. Las noticias que yo tengo dicen que sí.
MARINA. Pues no lo estoy.
DOCTOR SANZ. ¿Escucha voces?
MARINA. ¡Yo no estoy loca!
DOCTOR SANZ. Nadie ha dicho que lo esté. No debe tener miedo de contarme la verdad. Yo estoy aquí para ayudarla.
MARINA. He venido porque el director de mi empresa me lo ha ordenado.
DOCTOR SANZ. Parece que últimamente tiene usted muchos problemas laborales.
MARINA. Eso no es de su incumbencia.
DOCTOR SANZ. Si tiene usted una enfermedad mental no debe preocuparse. Son enfermedades como las demás, tienen su medicación, una atención psiquiátrica y ya está.
MARINA. Pero es que a mi no me pasa nada, sólo que últimamente no sé que ocurre en mi trabajo, todos parecen estar contra mi.
DOCTOR SANZ. Cuénteme porque le parece que están contra usted.
MARINA. Pues no me saludan, cuando me dirijo a alguien hace ver que no me oye, me acusan de cosas falsas, mi ordenador o está estropeado o está amañado. Hasta la secretaria del director está contra mí.
DOCTOR SANZ. Así que le parece que están contra usted.
MARINA. ¡Hasta los clientes tienen quejas de mi comportamiento, infundadas!
DOCTOR SANZ. Ya veo, ya veo.
MARINA. Y mi compañera de trabajo tiene actitudes raras. Me habla mucho de la muerte, que si es mejor estar muerto que estar vivo, que la vida tiene demasiados problemas, aparecen mis papeles en su mesa, mi ticket de fichar está estropeado, se ve que no me marca bien la hora y luego dicen que soy impuntual…
DOCTOR SANZ. ¿Y desde cuándo nota todas estas cosas?
MARINA. Desde hace algunos meses… la verdad es que antes disfrutaba tanto en el trabajo… Yo siempre he sido muy competente pero ahora… la verdad es que me desbordan los problemas.
DOCTOR SANZ. ¿Y tiene alguna consecuencia física?
MARINA. No duermo bien, mejor dicho, duermo muy mal, no dejo de pensar ni un momento en el tema, me parece que van a por mí.
DOCTOR SANZ. ¿Alguien en concreto?
MARINA. No sé, lo veo todo tan liado, tan poco claro.
DOCTOR SANZ. ¿Me hará usted caso? Le recetaré unas pastillas que le irán muy bien para los síntomas que me indica. Cuando lea el prospecto no se asuste, sólo pone generalidades. Usted se toma una pastillita de esta cada ocho horas y ya verá como en un par de semanas sus problemas laborales desaparecen.
MARINA. ¿Usted cree?
DOCTOR SANZ. Por supuesto.
MARINA. Y esas pastillas ¿qué son?
DOCTOR SANZ. Son unos neurolépticos muy modernos. Fármacos de nueva generación, sin apenas efectos secundarios.
MARINA. ¿Me ayudarán a dormir? ¿Mejorarán mi concentración y mi memoria?
DOCTOR SANZ. Por supuesto. Ya verá como estas pastillas le cambian la vida. (Escribe en un papel.) Aquí tiene la receta. Mejor que le pase esta receta a su médico de la seguridad social porque es muy caro.
MARINA. Muchas gracias doctor Sanz.
DOCTOR SANZ. De nada, este es mi trabajo.
MARINA. Buenos días, doctor.
DOCTOR SANZ. Y coja hora para dentro de un mes, que volveré a atenderla.
MARINA. Sí, sí.
DOCTOR SANZ. Muy bien. Hasta la próxima.
(Marina sale de escena.)
DOCTOR SANZ (Al teléfono.) ¿Ramos?
DOCTOR SANZ. Sí, acaba de salir. La pobre está paranoica perdida pero no te preocupes, le he recetado unos antipsicóticos que le irán de maravilla.
DOCTOR SANZ. No, peligrosa no la veo, aunque sin la medicación podría llegar a serlo. Estos pacientes que ven sombras y fantasmas por todos los lados pueden llegar a ser violentos.
DOCTOR SANZ. Tú tranquilo que todo va a ir bien.

(Cuelga el teléfono.)

ACTO II


ESCENA I

(Vemos tres salas. La sala uno ya descrita, la sala dos, y la sala tres, donde vemos una mesa y una silla en un rincón del escenario. Hay varias personas que van pasando por la sala tres ignorando a Marina El calendario está en el mes de febrero)
MARINA. (Con voz y gesto soñolientos.) Hace ya dos semanas que estoy en este rincón. (Mira a su alrededor.) Y nadie me saluda. Ruperta me dijo que vendría a tomar el café conmigo pero tampoco se acerca. Parezco una apestada. Por no tener, no tengo trabajo. Aquí me paso las ocho horas, mirando a mi alrededor. Y estoy tan cansada, tengo tanto sueño… Esas pastillas me marean, parezco un robot. No me extraña que no me den trabajo, si con los desastres que he ocasionado con mi estado mental lo raro es que no me hayan despedido. Claro que con mi antigüedad tendrían que darme un pastón… Mira, ahí viene Susana, voy a decirle algo. ¡Susana!
SUSANA. ¡A mi no me hables! ¡Bastante suerte tienes que el señor Ramos no presente tu expediente de regulación!
MARINA. Pero ¿qué te he hecho yo para qué me hables así?
SUSANA. Lo sabemos todos, lo que te pasa.
MARINA. ¿Y a mí, qué me pasa?
SUSANA. Que eres una paranoica.
MARINA. ¿Paranoica?
SUSANA. Pues eso, y yo con paranoicos no quiero saber nada, que se te cruzan los cables cualquier día y una termina en el cementerio.
MARINA. Pero si yo…
SUSANA. Nada, que el médico te diagnosticó una paranoia de caballo. A mi no me hables (Sale de escena.)
MARINA. ¿Será verdad que soy paranoica? Por eso todos me evitan, tienen miedo de mí. ¡Pero fuera del trabajo yo no me meto con nadie y nadie se mete conmigo! Creo que visitaré un psiquiatra por mi cuenta y riesgo, a ver qué me dice.

(Sale de escena.)


ESCENA II

(Vemos la sala dos. El doctor Puigpelat está en escena.)
DOCTOR PUIGPELAT. (De pie.) Pase, señora, pase.
MARINA. (Entrando.) Gracias doctor.
DOCTOR PUIGPELAT. Dígame en que la puedo ayudar. (Se sienta.)
MARINA. (Se sienta también.) Tengo muchos problemas en el trabajo, pero mi preocupación más grande es que fui al psiquiatra de la mutua y me recetó unas pastillas y ahora todos dicen que soy una paranoica.
DOCTOR PUIGPELAT. Más despacio, por favor. A ver, ¿qué le recetó el otro doctor?
MARINA. Son unas pastillas de 5 miligramos, se llaman zyprexa.
DOCTOR PUIGPELAT. ¿Ha tenido usted alucinaciones, ha oído voces?
MARINA. Nunca.
DOCTOR PUIGPELAT. ¿Algún trastorno mental, alguna alteración cognitiva?
MARINA. Ningún trastorno, salvo despistes y falta de memoria y concentración. Y mucha ansiedad.
DOCTOR PUIGPELAT. Hábleme usted de su entorno laboral, el que parece ser el origen de sus problemas.
MARINA. Ahora estoy mucho peor que antes. Nadie me da trabajo, todos pasan de largo delante de mi mesa, a la que no puedo llamar despacho porque carece de todos los utensilios necesarios para trabajar. La única que viene a verme a veces es mi antigua compañera, Ruperta se llama. Nadie me habla, se ríen mirándome a mi y a veces me insultan.
DOCTOR PUIGPELAT. ¿Conoce usted lo que se llama mobbing?
MARINA. No tengo ni idea, ¿y eso, qué es?
DOCTOR PUIGPELAT. Es un anglicismo. En castellano se llama acoso moral, en su caso acoso laboral.
MARINA. ¿Cree usted que me está ocurriendo eso?
DOCTOR PUIGPELAT. No creo que se invente el que la tengan aislada sin hacer nada, si es así, si usted me dice la verdad, no hay ninguna duda, a usted la están acosando en su puesto de trabajo.
MARINA. ¿Y el médico de la mutua?
DOCTOR PUIGPELAT. El médico de la mutua actúa en interés de la empresa. No debió fiarse de él.
MARINA. En principio yo soy una persona confiada.
DOCTOR PUIGPELAT. Sería mejor que no lo fuera tanto. Es hora de que empiece a ser precavida.
MARINA. Entonces, estas pastillas mejor que no las tome.
DOCTOR PUIGPELAT. Por supuesto que no, no le hacen ninguna falta.
MARINA. Ya me parecía a mi que no.
DOCTOR PUIGPELAT. Sería mejor que confiara usted más en su intuición.
MARINA. ¿Y qué puedo hacer?
DOCTOR PUIGPELAT. Lo primero que tiene que hacer es informarse. Le escribiré en un papel el título de diversos libros y algunas páginas web que hay sobre este tema. Luego puede ponerse en contacto con alguna asociación. Y sobre todo, no dude de sí misma. No es ninguna paranoica, a usted la están hostigando, seguramente para que termine dejando su puesto de trabajo. (Escribe en un papel y le da los datos a Marina.)
MARINA. Pero si yo no le he hecho daño a nadie, ¿por qué me está ocurriendo algo así?
DOCTOR PUIGPELAT. No busque los porqués, seguramente no existen.
MARINA. Si yo siempre me he llevado bien con todo el mundo.
DOCTOR PUIGPELAT. Tiene que hacer frente a esta situación, si no lo más probable es que termine enfermando de verdad.
MARINA. ¡Dios mío, qué horror!
DOCTOR PUIGPELAT. Bueno, de esto saquemos la parte positiva. Usted no sufre de paranoia.
MARINA. Sí, eso por lo menos es una suerte.

(Salen los dos de escena.)

ESCENA III

(Se ve la sala uno. Están en escena Marina y Ramos, los dos de pie.)
RAMOS. Usted me dirá qué es lo que quiere.
MARINA. ¿Por qué estoy aislada y sin trabajo?
RAMOS. Estamos pendientes de que salga un nuevo puesto de trabajo ideal para sus condiciones actuales.
MARINA. ¿Qué condiciones son ésas?
RAMOS. Eso usted lo sabe mejor que yo.
MARINA. Me perdonará, pero yo no sé nada.
RAMOS. No se haga la inocente conmigo.
MARINA. Esto que me están haciendo en esta empresa que he considerado como mía durante años se llama mobbing.
RAMOS. No me venga con palabras que no entiendo, ya sé que usted tiene estudios superiores pero no es necesario que los pasee delante de mi cara.
MARINA. Yo no le paseo nada delante de su cara. Yo sólo le digo que están haciendo conmigo una injusticia.
RAMOS. Ha ocasionado usted muchos problemas en esta empresa. En otra ya estaría despedida.
MARINA. Pues despídame.
RAMOS. Va contra la política laboral de la empresa.
MARINA. Lo que usted quiere es que yo me vaya, ¿verdad? Así se quitarían el problema de encima, y sin gastarse un miserable euro.
RAMOS. Usted es libre de quedarse o de irse.
MARINA. Yo no voy a irme, Ramos, tendrán que echarme. Y desde ya pido un ordenador, un teléfono y trabajo.
RAMOS. Pues le concederé todo eso. Y luego no me venga diciendo que es demasiado, ¿vale? Tendrá su antiguo despacho, con Ruperta, que es la única que no tiene miedo de trabajar con usted. Y trabajo, no se va a aburrir, ya lo verá.
MARINA. Eso espero.

(Salen los dos de escena.)


ESCENA IV


(Vemos a Ruperta y a Marina en la sala uno.)
RUPERTA. ¿Cómo va lo que dejaste ayer para hoy?
MARINA. Lo de ayer lo he podido solucionar, pero lo que entra hoy no lo podré terminar hasta, por lo menos, pasado mañana.
RUPERTA. Es que vas demasiado despacio, deben ser las pastillas.
MARINA. Sólo tomo ansiolíticos.
RUPERTA. Pero el médico de la mutua…
MARINA. Fui a un psiquiatra por mi cuenta y me dijo que de esas pastillas nada. Me recetó unos ansiolíticos, eso sí.
RUPERTA. A ver si te va a dar una crisis.
MARINA. A mí la única crisis que me va a dar va a ser terminar todo esto, que no hay ser humano que pueda con ello en un solo día.
RUPERTA. Pues yo sí puedo con ello.
MARINA. No tendrás lo mismo que yo.
RUPERTA. ¡Ah! No sé.
(Breve pausa.)
RUPERTA. Anda Marina, vamos a tomar un café.
MARINA. No puedo ni respirar un segundo.
RUPERTA. Con el café recobrarás los ánimos, nadie puede trabajar tantas horas seguidas sin tomarse por lo menos un pequeño respiro.
MARINA. Quizás tengas razón, pero no puedo bajar ahora a la cafetería. Tengo muchísimo trabajo que sacar.
RUPERTA. Iré yo a la cafetería y vendré con dos tazas, ¿te parece bien?
MARINA. Estupendo.
(Ruperta sale de escena. Vemos a Marina trabajando sin pausa.) (Vuelve Ruperta con dos tazas de café. Deposita una en la mesa de Marina y la otra en su propia mesa. Inmediatamente Ruperta se bebe el café)
RUPERTA. Verás como con el café te encuentras mucho mejor.
MARINA. Mejor dejarlo para después, esta es la hora en que viene Susana.
RUPERTA. Todavía falta bastante rato. Te lo puedes tomar tranquilita.
MARINA. La verdad es que lo necesito, me vendrá muy bien.
RUPERTA. Anda mujer, descansa un rato.
MARINA. (Cogiendo la taza de café.) Beberé unos sorbitos. (Bebe.)
(Entra Susana.)
SUSANA. (De pie delante de las dos mujeres.) Así que de cafés.
MARINA. Tengo tanto trabajo que me hacía falta.
RUPERTA. Por eso he ido a buscar dos tazas a la cafetería.
SUSANA. Espero que tengáis lista la faena.
MARINA. A mi Ramos me ha dado tanto trabajo que ni siquiera quedándome por la noche lo tendría listo.
RUPERTA. Hay que cuidar a Marina, que con los ansiolíticos va más lenta.
MARINA. (A Ruperta.) Oye, que las pastillas sólo me tranquilizan.
SUSANA. (A Marina.) Ya sabes, sin prisas pero sin pausas. Mejor tener todo listo lo antes posible, que el señor Ramos está siendo muy generoso contigo, a ver si lo sabes apreciar.
MARINA. Ramos sólo está cumpliendo con su obligación. Sólo que antes me tenía aislada y sin hacer nada y ahora me agota de tanta faena.
SUSANA. (A Marina.) Si que te agotas tú, bebiendo café.
RUPERTA. Diga lo que diga Marina las pastillas la atontan, así el café, como estimulante que es, la espabila un poco y le va bien para trabajar.
MARINA. (A Ruperta.) La idea del café la has tenido tú.
SUSANA. (A Marina.) Ahora no te escaquees y eches la culpa a los demás. Mira, Ruperta se ha bebido su café de un trago y tú estás ahí haciendo tiempo.
MARINA. ¡Esa es una acusación injusta!
RUPERTA. (A Marina.) No me gusta que me trates así. ¡Yo sólo pretendo ayudarte!
MARINA. Yo ya no sé que pensar.
SUSANA. (A Ruperta.) ¿Ves? Eso es la paranoia. No entiendo como aceptas trabajar con ella. (Gesto despectivo hacia Marina.)
RUPERTA. Hemos sido compañeras tanto tiempo… Casi amigas.
MARINA. Yo ya no sé quienes son mis amigos y quienes mis enemigos.
SUSANA. Dentro de una hora tenéis reunión con el señor Ramos. Sed puntuales.
(Susana sale de escena.)
MARINA. ¿Reunión? ¿Qué reunión?
RUPERTA. Sí mujer, te lo dije ayer al mediodía.
MARINA. A mi no me dijiste nada.
RUPERTA. Sí que te lo dije.
MARINA. No.
RUPERTA. Ayer, en el mismo momento de irnos te dije claramente que hoy teníamos reunión con el señor Ramos. No debiste oírme.
MARINA. Mira, yo de esa reunión no he sido informada con antelación. No sé de qué va.
RUPERTA. Bueno, a mi me dijeron algo, pero es mejor que te coja por sorpresa.
MARINA. ¿Así que no me lo quieres decir?
RUPERTA. Yo te lo diría, pero temo por mi puesto de trabajo. Lo tienes que comprender.
MARINA. ¿Qué quieres decir?
RUPERTA. Ya sabrás todo dentro de un rato, así que no te preocupes.
MARINA. Pero, ¿cómo no voy a preocuparme?
RUPERTA. Tómate otro ansiolítico de ésos y ya verás como quedas calmadita.
MARINA. Bien, creo que bajaré a tomarme otro café.
RUPERTA. ¡Pero si dices que no puedes terminar con tu trabajo!
MARINA. A mi ya me da igual todo, esto es una mierda.
(Marina sale de escena.)
RUPERTA. Vete, vete a tomar café… ojalá te bebas un cubata y vengas oliendo a güisqui.

(Ruperta sale de escena.)


ESCENA V


(Vemos a Ramos, Susana, Ruperta y Marina en la sala uno. Están todos sentados mirando al escenario.)
RAMOS. Bien, estamos reunidos para tratar un problema muy serio.
SUSANA. Y tan serio.
RAMOS. Susana, no me interrumpas.
SUSANA. Perdón, señor director.
RAMOS. Me he reunido con todos los departamentos de la empresa. Esta es la última entrevista que hago.
MARINA. ¿Y podemos saber el motivo?
RAMOS. Es una entrevista rutinaria.
MARINA. Pero a mi Ruperta me ha dicho que la reunión era muy importante.
RAMOS. Que sea rutinaria no significa que no sea importante.
RUPERTA. Claro que no, señor Ramos.
RAMOS. A ver, Ruperta, la lista que le encargué, ¿está lista?
RUPERTA. Por supuesto, señor Ramos.
RAMOS. Estupendo, esta empresa puede estar orgullosa de tenerla aquí trabajando para nosotros.
RUPERTA. (Ancha sonrisa de felicidad.) Muchas gracias, señor Ramos.
RAMOS. Marina, ¿ya están en el ordenador todos los datos que le pedí?
MARINA. Esta misma mañana los he terminado de pasar.
RAMOS. ¿Y el resto?
MARINA. Estará terminado en un par de días.
RAMOS. ¡Imposible! Lo quiero para hoy.
MARINA. No hay ser humano que pueda acabarlo en un plazo tan corto.
RAMOS. ¡Me importa una mierda! Esos datos los quiero todos en mi mesa, a las ocho de la tarde, las diez de la noche, o las cuatro de la madrugada.
MARINA. Ni siquiera quedándome toda la noche lo podría terminar.
RUPERTA. ¡Pobrecita! (A Ramos.) Vamos señor Ramos, puede darle otro día de plazo. Seguro que no es tan urgente.
MARINA. (A Ruperta.) Yo no soy ninguna pobrecita y no necesito que me ayudes.
RAMOS. (A Marina.) Mientras usted se toma el café, su compañera trabaja.
MARINA. (A Susana.) ¿Qué has contado del café?
SUSANA. (A Marina.) Lo que he visto.
MARINA. Estoy rodeada, ya lo veo. Mire, Ramos, es imposible que yo pueda terminar este trabajo en un día. Nadie podría hacerlo y no voy a consentir que se me insulte y se me (se echa a llorar.)
RUPERTA. (Intenta abrazar a Marina.) Sólo queremos ayudarte, ¿es qué no lo ves?
RAMOS. A mi que nadie me venga con rollos lacrimógenos, que las tías lo tienen bien sencillo. A la mínima echan unas lagrimitas y ¿qué quiere? Que yo sea el malo de la película. Pues aquí no hay película que valga. Quiero esos datos procesados no ya hoy, sino antes de esta tarde. Y si es usted tan inepta como para tomarse cafés y no hacer su tarea, ya puede darse por despedida.
MARINA. (Recuperándose.) ¿Pero no era contrario eso a la política de la empresa?
RAMOS. La política de la empresa cambia según me convenga a mi o no ¿entendido?
RUPERTA. Vamos, señor Ramos, vamos. No sea usted tan drástico.
SUSANA. No entiendo porque la defiendes, la verdad.
RUPERTA. Porque yo soy una buena compañera.
RAMOS. Compañerismo para quien se lo merezca. Para las gandulas cafeteras medio cabras, máximo rendimiento y aquí no se pasa ni una.
(Marina empieza a tener palpitaciones, se lleva una mano al corazón, empieza a temblar, y sale de escena.)
RAMOS. (Gritando.) Pero bueno, a ésa quién le ha dado permiso para irse.
SUSANA. Una crisis de ésas de loca, seguro.
RUPERTA. Si se lo he dicho hoy mismo, si te dejas de tomar las pastillas tendrás una crisis.
SUSANA. ¿Qué ha dejado de tomar las pastillas?
RUPERTA. Eso me ha dicho ella misma.
RAMOS. Nada, nada. No quiero oír nada más, o esa lista está hecha hoy o ¡fuera! Que no quiero incompetentes en esta empresa.

ESCENA VI


(Vemos a Marina y a Ruperta en la sala uno)
RUPERTA. Tú no te preocupes que yo te ayudo. Mira, dejo lo mío que está muy adelantado y te voy dictando.
MARINA. ¿De verdad vas a hacer eso? No sabes cuánto te lo agradezco.
RUPERTA. Nos quedaremos aquí hasta que haga falta, para que mañana por la mañana a primera hora lo tenga el señor Ramos en su despacho.
MARINA. ¡Pero él lo quiere para hoy!
RUPERTA. Cuando te has ido he logrado convencerle que te diera de plazo hasta mañana.
MARINA. ¿Si?
RUPERTA. Sí, claro que siempre puedes estropearlo con algún numerito tuyo.
MARINA. Yo no grito.
RUPERTA. Pero te vas corriendo de las reuniones.
MARINA. He estado a punto de tener un ataque de ansiedad. Y sería el segundo esta semana. Me he ido para controlarme.
RUPERTA. ¿Pero no tomabas pastillas para tranquilizarte?
MARINA. Es que esto no es vivir, ¿no lo ves? Me insultan, abusan de mí y dañan mi salud.
RUPERTA. No hablemos tanto y vamos a por la lista.
MARINA. Además este trabajo es absurdo.
RUPERTA. Será todo lo absurdo que quieras pero es lo que el jefe quiere.
MARINA. ¿Y para qué lo puede querer?
RUPERTA. Él sabrá.
MARINA. Vamos, venga, empieza a dictarme.
RUPERTA. ¿Preparada?
MARINA. (Le tiemblan las manos.) No sé si podré, mira mis manos.
RUPERTA. (Sonrisa de satisfacción.) Ya lo veo, ya.
MARINA. ¿Y por qué sonríes así?
RUPERTA. Pensaba en mi hijo pequeño.
MARINA. Empecemos cuanto antes.
RUPERTA. A A T de tenedor.
MARINA. Bien.
RUPERTA. A A A
MARINA. ¿Triple a?
RUPERTA. ¿No me has oído o qué? Tres a. Espabila, que así no acabaremos nunca.
MARINA. Ya me esfuerzo pero es que esto me subleva. ¿Para qué puede necesitar las abreviaturas de la gente que sale en la letra a del listín telefónico?
RUPERTA. Eso es cosa de los jefes.
MARINA. A ver, dime que viene ahora.
RUPERTA. A D de dedo J
MARINA. A D de dedo J
RUPERTA. A F N de nariz
RUPERTA. A G A
RUPERTA. A I E
RUPERTA. A M de mano C de casa
RUPERTA. A M de mano A
RUPERTA. A O J M de mano
MARINA. ¿Cuatro letras?
RUPERTA. Sí, hija sí. Cuatro. Debe ser de alguien de nombre compuesto.
MARINA. ¿Cuántas páginas faltan?
RUPERTA. (Cogiendo el listín y contando las páginas.) Unas cincuenta.
MARINA. Es imposible terminar esto.
RUPERTA. Intentémoslo.
MARINA. Está bien, sigamos.
RUPERTA. A P de pueblo C de casa
RUPERTA. A P de pueblo M de mano
RUPERTA. A S M de mano
RUPERTA. A I J.
RUPERTA. A P de pájaro I.
RUPERTA. A P de pájaro I.
MARINA. Tengo sueño. Debe ser del Valium que me he tomado cuando he salido del despacho de Ramos.
RUPERTA. Yo te ayudo, pero por ti no lo voy a hacer.
MARINA. Nadie te ha pedido eso. Venga, sigamos.
RUPERTA. Bien.

(Ruperta murmura en voz baja algo ininteligible y las dos salen de escena.)

ESCENA VII


(Vemos la sala uno. Entran Ramos, Susana, Ruperta y Marina. Marina lleva en sus manos un informe. Se sientan los cuatro.)
MARINA. Tenga la lista. La he terminado con la ayuda de Ruperta.
RAMOS. Yo dije claramente que si no estaba lista ayer no la quería para nada.
MARINA. Pero hemos estado toda la noche para terminarla.
RAMOS. Eso no es de mi incumbencia.
SUSANA. Ruperta, ¡qué buena eres!
RUPERTA. (Sonríe.) Sólo intento ser buena compañera.
RAMOS. A ver dame eso. (Marina se lo da y Ramos echa un vistazo.) Esto, ¿sabes para qué lo voy a utilizar?
MARINA. No tengo ni la menor idea.
RAMOS. Para limpiarme bien el culo.
RUPERTA. ¡Qué ocurrente es usted!
(Marina se levanta y se encara con Ramos.)
MARINA. ¿Y usted, quién se cree que es para hablarnos así?
(Ramos queda callado y no aparta la mirada de Marina.)
RUPERTA. Eso que ha dicho el señor Ramos es una broma.
SUSANA. El señor Ramos no suele bromear.
RAMOS. Ahora, Marina, quiero que hagas lo mismo pero con la letra b.
RUPERTA. Bueno, no habrá tantas entradas como en la a.
MARINA. ¿Y para qué lo quiere, para limpiarse más veces?
RAMOS. Yo me limpio las veces que haga falta. Mira, para que veas lo limpio que soy. (Coge los papeles de Marina, los hace trizas y los echa al suelo. Marina queda estupefacta mientas Susana y Ruperta se ríen.)
RAMOS. (A Marina.) Y ya sabe, ahora con la b de imbécil. Claro que siempre se puede usted negar e irse de la empresa.
MARINA. Ayer quería despedirme.
RAMOS. Yo la despediré cuando me salga de los cojones. Mientras tanto tiene que hacer lo que le digo.
RUPERTA. ¡Pobre Marina! (A Susana.) Tiene tan poca capacidad de adaptación. Si no llega a ser por mí no puede terminar el trabajo.
RAMOS. (A Ruperta.) Le prohíbo que vuelva a ayudarla.
RUPERTA. ¡Vaya por Dios!
SUSANA. (A Ruperta.) Ya has oído al señor Ramos.
MARINA. ¡No necesito que me ayude nadie!
SUSANA. (A Marina.) Encima de loca, soberbia.
MARINA. (Gritando.) ¡Yo sólo exijo mi dignidad!
SUSANA. Pues a gritos no la vas a conseguir.
RAMOS. Basta de cháchara y a trabajar todo el mundo. Por cierto, Ruperta, hoy puedes ir a tu casa a dormir, ya que te has pasado la noche ayudando a esta desgraciada (mira a Marina.) Y tú (a Marina.) Tú ya puedes empezar con la b, y como son menos entradas, sigues con la c de coco, que soy yo. Y terminado a la hora de comer.
(Marina sale de escena.)
RUPERTA. Señor Ramos, ¿por qué le pone trabajos irrealizables?
RAMOS. Porque quiero que se vaya, ¿está claro?
SUSANA. Sí, y bien lejos.

(Salen los tres de escena.)


ESCENA VIII


(Sala uno. Vemos a Marina.)
MARINA. Vuelvo a tener palpitaciones (se toma el pulso.) El corazón me va a mil por hora. ¿Y si tengo un infarto? Calma, Marina, calma, que todo va ir bien. Respiración, a ver. (Inspira y expira aire tres veces seguidas.) Mi mente, ¡estoy perdiendo el control de la mente! Estoy toda sudada. Mejor me siento. (Mira su bolso y saca de él una pastilla.) A ver, me tomo esta Valium 10 que es lo que me darían en urgencias, a ver si me sereno. (Se coloca la pastilla debajo de la lengua. Breve pausa.)
(Entran Susana y Patricia. Marina está sentada con los ojos cerrados. )
PATRICIA. (A Susana.) ¿Así es como trabajáis en la empresa?
SUSANA. (A Marina.) Marina, levántate, que ha venido la señora presidenta.
PATRICIA. Con que se incorpore a su puesto de trabajo ya es suficiente.
MARINA. (Levantándose. A Patricia.) ¿Usted es la presidenta de la empresa?
PATRICIA. Sí. Lo soy.
MARINA. (Sollozando, a Patricia.) Mire usted, señora, acabo de tener una crisis de angustia, por eso estaba sentada, para tranquilizarme. En esta empresa me están acosando, quieren que me vaya cuando yo siempre he sido muy competente…
SUSANA. (A Patricia.) Ayer la pillé sin hacer nada y tomándose un café aquí mismo. (A Marina.) ¿O vas a decir que miento?
MARINA. Señora Patricia, por favor, el trato que recibo aquí es inhumano. Me tuvieron aislada sin hacer nada y ahora me encargan trabajos inútiles que el mismo Ramos tira a la basura.
PATRICIA. Si Ramos los echa a la basura será que están mal hechos.
SUSANA. (A Patricia.) Esa es la razón, señora presidenta.
MARINA. Patricia, tiene que ayudarme.
PATRICIA. Hablaré con Ramos de su situación, pero la forma como la he encontrado no habla mucho a su favor.
MARINA. (Exclama.) ¡He tenido una crisis de angustia, provocada por el dichoso señor Ramos!
PATRICIA. No quiero que nadie calumnie a Ramos. Es un excelente profesional.
SUSANA. Vamos, señora presidenta, no perdamos más el tiempo.
(Susana y Patricia salen de escena.)
MARINA. Ya lo veo, nadie va a ayudarme. ¡Nadie! ¿Y que he hecho yo para qué me pase esto? ¡Si yo no he hecho nada! (Llorando.) ¡Quieren que me vaya! Y entonces ¿cómo pagaré la hipoteca de la casa? Tendré que pedir ayuda a la familia y amigos, yo, a mis cuarenta y seis años, quedarme sin trabajo. Esto es una tragedia, una maldita tragedia, maldito sea Ramos, maldita Susana y maldita Patricia. La única con que puedo contar es con Ruperta, aunque tenga cosas raras. Pero ¿quién no las tiene? No me rendiré tan fácilmente, eso es lo que quieren, que me canse., que me agote y acabe tirando la toalla. Pero ¿y la salud? Estoy a crisis de angustia por día, a este paso me dará un infarto de verdad. ¡Esto es peor que el laberinto del minotauro, porque aquí no hay ninguna salida!

TERCER ACTO

(Se ven dos sillones, con una mesita entre ellos. Marina está sentada en uno y Ruperta en otro.)
RUPERTA. No sabes cómo te echo de menos en el trabajo.
MARINA. Necesitaba la baja, si no me vuelvo loca.
RUPERTA. Verte así, con una depresión, ¡es tan triste!
MARINA. Temo que me despidan en cualquier momento.
RUPERTA. No sé si decírtelo o no.
MARINA. Si sabes algo, dímelo.
RUPERTA. Ramos ha comentado "cómo no vuelva en un mes, me dejo de mandangas y la despido".
MARINA. ¡Un mes! ¡En un mes no puedo recuperarme!
RUPERTA. Yo sólo te lo digo por tu bien.
MARINA. La verdad es que cada vez que vienes a verme luego me siento peor.
RUPERTA. ¿Y eso por qué?
MARINA. Como este comentario último. Ahora estaré temblando y cuando se acerque el día que haga un mes con la baja, seguro que tengo otra crisis.
RUPERTA. A mi no mi no me eches la culpa, que sólo es tuya por ser tan débil.
MARINA. Mira, a mi me da la impresión de que eres una especie de correveidile, a Ramos le llamas señor y le haces la pelota, a mí intentas consolarme, se supone, y lo que haces es desestabilizarme.
RUPERTA. (Sonríe de oreja a oreja.) ¿De veras?
MARINA. No veo que lo que digo tenga ninguna gracia.
RUPERTA. Es que tú tienes un sentido del humor algo especial.
MARINA. Será eso.
RUPERTA. Es una pena que lo tuyo con Luis terminara.
MARINA. La gente que te quiere, o eso se supone, tiene que estar con una en los buenos y en los malos tiempos.
RUPERTA. Eres demasiado drástica.
MARINA. No lo soy.
RUPERTA. Entonces eres demasiado exigente.
MARINA. No me lo considero. Yo sólo pido unos mínimos.
RUPERTA. Por tu carácter no te dura ningún hombre.
MARINA. No siempre la culpa es mía.
RUPERTA. Deberías planteártelo si quieres tener una relación duradera.
MARINA. Te agradecería que no te metieras en mi vida privada.
RUPERTA. Yo sólo te aconsejo lo que es mejor para ti.
MARINA. Los consejos son para quien los pide.
RUPERTA. Si me escucharas más seguro que ahora no tenías este problemón, ni estarías deprimida, en casa, a base de pastillas.
MARINA. Toda la culpa es de Ramos y de esa zorra de Susana.
RUPERTA. ¿Pero no te has preguntado quién ha podido darles toda la información que ha generado este conflicto?
MARINA. La verdad es que no.
RUPERTA. Pues piénsalo.
MARINA. Ahora no estoy para pensar.
RUPERTA. Tú misma.
MARINA. Yo misma, sí. Sobre todo ahora, que estoy tirada en el sillón, todo el día pensando en Ramos y sus insultos, en Susana y sus miradas, en la humillación que sufrí delante de la presidenta, como si yo fuera una mierda que ni siquiera hay que recoger, eso soy, una mierda con patas, que se irá ella sola del antro.
RUPERTA. ¿De verdad no sabes quién ha sido el generador de tu problema?
MARINA. No. ¿Lo sabes tú?
RUPERTA. No, por supuesto que no.
MARINA. ¿Entonces por qué me haces estos comentarios?
RUPERTA. Por si tenías alguna idea.
MARINA. ¡Pues como no seas tú?
RUPERTA. (Sonríe de felicidad, de oreja a oreja.) ¡Cómo iba yo a hacer eso!
MARINA. Estoy destrozada. He tenido que mandar mis dos hijos con los abuelos, mis padres. Y Luis, se ha ido, Ruperta, se ha ido, yo no le he echado, ha sido él que me dijo que no aguantaba más.
RUPERTA. No me mientas más, Marina. Si ha sido él que te ha dejado no deberías hacerme creer que la que lo ha abandonado eres tú.
MARINA. Son las cosas del orgullo.
RUPERTA. Tú eres mi mejor amiga. ¿Soy yo tu mejor amiga?
MARINA. Eres la única que me queda.
RUPERTA. ¡Mi Marina, mi pobrecita enferma!
MARINA. No me digas más pobrecita, que por ahora tengo recursos.
RUPERTA. Temo que se acabarán bien pronto.
MARINA. ¿Qué dices?
RUPERTA. Espero que tengas ahorros, ya que los vas a necesitar.
MARINA. ¿Cuándo?
RUPERTA. Cuando te despida Ramos.
MARINA. ¿Crees que será tan cruel de despedirme estando de baja?
RUPERTA. Una vez avanzado el entramado, quién sabe por donde puede salir. ¿No sería mejor que intentaras reconciliarte con Luis?
MARINA. ¿Y cómo?
RUPERTA. Pues teniendo menos orgullo. Le llamas y le pides que vuelva.
MARINA. ¿Para qué? Si me va a decir que no.
RUPERTA. No adelantes acontecimientos. No seas tan negativa. A lo mejor te dice que sí. Anda mujer, llámalo.
MARINA. Ahora no me apetece, quizás le llame luego.
RUPERTA. La verdad es que tirada en ese sillón, con esa cara y esos pelos lo que das es pena.
MARINA. ¿Te doy pena?
RUPERTA. No mujer, a mi no, yo me ponía en el lugar de Luis. Ya sabes como son los hombres, cuando la situación se les va de las manos, se van.
MARINA. Ya lo he notado.
RUPERTA. Debes darle otra oportunidad.
MARINA. Quizás.
RUPERTA. Conmigo siempre ha sido muy amable.
MARINA. Es amable, y también buena persona.
RUPERTA. ¿Ves? Seguro que si le llamas volverá contigo.
MARINA. Tengo el móvil en la habitación.
RUPERTA. ¡No te levantes! Ya te paso yo el mío. (Ruperta saca el móvil de su bolso.)
MARINA. Prefiero llamarle en la intimidad.
RUPERTA. Venga, ahora te has decidido. Quizás más tarde no quieras llamarle.
MARINA. Vale.
RUPERTA. Anda, dime el número, mejor lo marco yo.
MARINA. 639 01 02 03
RUPERTA. ¿Ese es el número? ¿Tan sencillo?
MARINA. Sí, lo es.
(Ruperta marca el número y le pasa el móvil a Marina.)
MARINA. ¿Luis?
LUIS. (Sólo se oye la voz.) ¿Quién es?
MARINA. Soy yo, Marina.
(Luis desconecta el teléfono y Marina solloza.)
RUPERTA. Ahora te puedes quedar más tranquila. ¿Ves? Lo has intentado.
MARINA. ¿Pero no ves que esto me hace sufrir?
RUPERTA. ¡Siempre estás llorando! ¡Es normal que Luis se canse!
MARINA. Ahora no quiere ni hablar conmigo.
RUPERTA. Eso es porque la herida es reciente. Ya se le pasará.
MARINA. No debí haberle llamado.
RUPERTA. ¡Claro que sí!
MARINA. ¿Y eso por qué?
RUPERTA. Me lo dice la intuición.
MARINA. Pues tu intuición se equivoca en este caso.
RUPERTA. Yo nunca me equivoco.
MARINA. ¡Qué suerte tienes! Yo tengo la impresión de equivocarme a cada momento.
RUPERTA. Lo mismo te pasa con Ramos. Deberías ser más humilde.
MARINA. ¿Humilde?
RUPERTA. Sí, más humilde y menos altiva. Y dejar de hablar mal de él, eso también le ha molestado.
MARINA. ¿Cuándo he hablado yo mal de Ramos?
RUPERTA. Tú sabrás.
MARINA. Quizá cuando hablé con la presidenta… ¡Pero sólo le dije la verdad!
RUPERTA. Verdades en este mundo hay muchas.
MARINA. ¡Ya no sé que creer!
RUPERTA. Hazme caso, que soy tu amiga. Ya verás. Organiza una cena en tu casa, invita a Ramos, a Susana y me invitas a mí. Y de ahí saldrá la solución.
MARINA. Para organizar fiestas estoy yo.
RUPERTA. Tranquila, que yo me ocuparé de todo.
MARINA. Pero no vendrán. Además, después de lo que me han hecho ¿cómo les voy a invitar a cenar?
RUPERTA. Será el fin de tus preocupaciones, ya verás.
MARINA. Saldrá mal.
RUPERTA. Yo me ocuparé de que salga bien.
MARINA. No sé, no termino de verlo claro.
RUPERTA. Te reconciliarás con ellos, te pondrás bien, tus hijos volverán a casa y Luis también. Todo volverá a ser como antes.
MARINA. Eso es lo que más deseo en este mundo.
RUPERTA. Entonces, ¿organizo la cena en tu casa?
MARINA. Por probar…

ESCENA II


(Se ve la misma sala, con los dos sillones. Está Marina sola, sentada en uno de los sillones.)
MARINA. Hoy es el día de la cena. Ruperta me dijo que se encargaría de todo y aún no ha aparecido por aquí. No sé si Ramos y Susana vendrán. Y si vienen, pues mira, les invitaré a cenar fuera. Poco dinero que tengo y este gasto. Pero si todo va a ir bien después, quizás valga la pena. ¿Es posible que nos pudiéramos llevar bien todos otra vez, igual que antes? Esa es mi esperanza. Si la cena sale mal no sé que voy a hacer con mi vida. Esta soledad es como vivir en una prisión del alma. No puedo ni atender a mis hijos, soy un fracaso en mi relación con los hombres, un fracaso como trabajadora, un fracaso como ser humano. Sólo me queda Ruperta de amiga, los otros han volado de mi vida, poco a poco, en una especie de goteo. "Ya te llamaré" "Ya nos veremos" y ni llaman ni nos vemos ni nada. Claro que la culpa también es mía, aquí encerrada, empastillada y llorando, ¿quién querría estar cerca de mi? Si ni Luis me soporta, menos me soportarán los demás. Y las mentiras que he tenido que contar… si mis padres supieran cómo estoy me exigirían que me fuera con ellos, ya ves, una persona adulta como yo en el regazo de mamá y papá, y ellos ya tienen bastante con los niños, claro que ya no son niños sino adolescentes… mis padres ya son mayores y no podrían soportar tanta carga. O soy yo, que me niego a que nadie me ayude… A lo peor por eso se ha ido Luis, por no poder soportarme ni un minuto más. Si es normal, no tengo nada que reprocharle a nadie, soy yo que no valgo ni el aire que respiro, soy yo que soy una mierda asquerosa y cubierta de moscas.
(Llaman al timbre. Marina se levanta a abrir la puerta, que está a la izquierda del escenario. Entra Susana.)
MARINA. Gracias por venir. Como ves no he preparado nada. Saldremos a cenar fuera y yo os invito.
SUSANA. ¿No han venido Ramos y Ruperta?
MARINA. Todavía no.
SUSANA. Te seré sincera. Yo he dudado hasta el último momento pero… me ha sabido mal no venir. Ya que preparabas una cena… pero no veo que haya nada preparado.
MARINA. Ya te he dicho que os invitaré a cenar fuera.
SUSANA. Si es así… vale.
MARINA. Sentémonos, yo estoy muy cansada.
SUSANA. Se te ve en la cara.
MARINA. ¡Me encuentro tan mal!
SUSANA. (Con temor.) Pero… ¿de la cabeza?
MARINA. Tengo una depresión muy fuerte.
SUSANA. Lo siento mucho.
MARINA. Sí, me encuentro tan mal que pienso que no tiene sentido que siga viviendo.
SUSANA. Mujer, no digas eso.
MARINA. Después de todo lo que ha pasado en el trabajo…
SUSANA. Es que Ruperta ha dicho unas cosas de ti…
MARINA. ¿Ruperta?
SUSANA. Sí, y ayer la vi con tu marido, paseando por la calle.
MARINA. ¿Con Luis?
SUSANA. Sí, con Luis.
MARINA. ¿Eso te lo estás inventando?
SUSANA. ¡Claro que no!
MARINA. Con Luis…
SUSANA. Fue Ruperta quien nos dijo a Ramos y a mi que tenías problemas psiquiátricos. Si he venido y te lo cuento es porque me remuerde la conciencia. Creo que yo he tenido que ver en este asunto, aunque las órdenes no hayan partido de mi sino de Ramos, y ahora me encuentro mal por ver como estás.
MARINA. (Con asombro.) Así que Ruperta…
SUSANA. A mi los locos que dan mucho miedo, porque cuando era pequeña me llevaron a ver a una tía abuela que estaba en el manicomio. Ahora se les llama psiquiátricos, pero bueno, es lo mismo. Mi madre se descuidó un momento y yo me puse a pasear por allí, y me perdí. Desde entonces las enfermedades mentales me dan pánico y quien las tiene, también. Pero lamento como me he portado contigo.
MARINA. (Para sí.) Toda la culpa no es mía…
SUSANA. Ramos también se ha portado muy mal, ninguneándote de esa manera y agobiándote, yo hablaré con él, si quieres, como soy su secretaria quizá tenga algún ascendente.
MARINA. Susana, no sabes el bien que me has hecho.
SUSANA. Cuando vi a Ruperta con Luis, tu marido, no sé, pensé ¿y ésta que interés tenía en decir que tú eras una enferma mental? ¿Qué interés tenía en subirte cafés? ¿En montar esta cena? ¿En dictarte trabajos que ella sabía Ramos no iba a querer? No sé, dudé de lo que Ruperta decía.
MARINA. Ruperta, siempre Ruperta.
SUSANA. Si lo que pensamos es cierto, ni Ruperta ni Ramos vendrán esta noche. Lo que Ruperta no se puede imaginar es que yo sí he venido y hemos hablado tú y yo.
MARINA. Si lo que sospechamos es cierto, la voy a matar.
SUSANA. No hagas tonterías, que son veinte años de cárcel.
MARINA. Pero de alguna manera debe pagar por lo que me ha hecho.
SUSANA. Yo sólo te advierto, no sabemos si tenemos razón o no.
MARINA. Muchas gracias Susana, de verdad, todo lo que hayamos podido tener tú y yo está completamente olvidado. No importa. Esa zorra va a tener su merecido de alguna manera. Mira (levantándose.) Ya me encuentro mejor.
SUSANA. Esperemos un rato más y si no han venido, yo me voy que tengo cosas atrasadas que hacer.
(Breve pausa.)
SUSANA. Las once y media, ya no vendrán.
MARINA. Por eso esa zorra ha montado esta cena, para darme un poco de esperanza y que después me quedara mucho peor.
SUSANA. Pero mira, no es dios, no lo puede controlar todo.
MARINA. Anda, dos besos mujer.
SUSANA. ¡Claro que sí!
MARINA. Buenas noches, Susana.
SUSANA. Buenas noches, Marina.

(Susana se va.)


ESCENA III


(Marina está sola en su casa. Se pasea por el escenario. En la mesita hay un teléfono móvil)
MARINA. ¡Así que ha sido ella! Y yo contándole mis cosas. Claro que sonreía, lo que estaba disfrutando. ¡Se alegraba de mi dolor! Claro que ella lo había causado, con su cinismo y sus mentiras. ¡Luis! ¿Qué interés puede tener ella en Luis? Y yo dándole el número de su móvil. ¡Sí seré tonta! Y pensando en suicidarme por esa putilla de tres al cuarto. No sé si en el trabajo Susana conseguirá que Ramos cambie de actitud, lo veo difícil, porque cuando el descrédito cae sobre alguien a ver quien lo para y lo transforma. Pero Ruperta se va a enterar. Preguntándome si sabía de quien habían partido los infundios… Cómo ha disfrutado, todos estos meses, y no contenta con joderme en el trabajo venía a mi casa, haciéndose pasar por mi amiga. Mi única amiga.
(Llaman al timbre. Es Ruperta.)
MARINA. Pasa, pasa.
RUPERTA. ¿Vinieron Ramos y Susana? Yo es que ni llamarte pude.
MARINA. (Con sorna.) ¿Y qué te pasó tan urgente?
RUPERTA. Mi hijo pequeño, ya sabes que soy divorciada, mi hijo pequeño se cayó, se abrió una brecha en la cabeza y tuvimos que ir corriendo a urgencias. Cuando terminamos eran las dos de la madrugada y esas no son horas de llamar.
MARINA. (Con ironía.) Claro, claro.
RUPERTA. Te encuentro cambiada.
MARINA. ¿Disfrutabas mucho viéndome tirada en el sillón, llorando mis penas?
RUPERTA. (Con aire inocente.) No comprendo.
MARINA. ¿Te has tirado a mi marido?
RUPERTA. ¡Te has vuelto loca!
MARINA. Ahora sí que todo cuadra. Tú has sido la causante de todo.
RUPERTA. (Juntando las manos.) Yo no he hecho nada.
MARINA. Niégalo las veces que quieras, ahora ya sé quien eres. Y espérate, porque esto no va a quedar así.
RUPERTA. (Sonriendo.) ¿Piensas vengarte?
MARINA. No te lo voy a decir ¿no crees?
RUPERTA. Luis es un verdadero encanto.
MARINA. (Con rabia.) ¡Fuera de mi casa!
RUPERTA. Nos seguiremos viendo si no te despiden. Y ves contando que he sido yo la liante de todo que nadie va a creerte, paranoica.
MARINA. Espero que no me despidan. Y si lo hacen…
RUPERTA. Con tus antecedentes de loca y tu edad nadie va a contratarte.
MARINA. Pues viviré de rentas.
RUPERTA. (Con cara de asco.) ¿Eres rica?
MARINA. Soy rica de una manera que tú nunca podrás entender.
RUPERTA. Aquí lo que cuenta es el dinero.
MARINA. Venga ya, fuera de mi casa.
RUPERTA. Me voy, sí, pero recuerda que Luis ahora está conmigo.
(Ruperta se va.)
MARINA. (Caminando de una parte a otra del escenario.) ¿Será verdad eso de Luis o lo ha dicho sólo para fastidiar? Si lo ha dicho para fastidiar la verdad es que lo ha conseguido. ¡Me hierve la sangre! Quiere quitarme el trabajo y no contenta con eso quiere liarse con mi marido. ¡Lo llamaré! Pero con mi móvil. (Lo coge de encima de la mesita.) A ver (marca los números.) ¡Luis, no me cuelgues! ¡Es muy importante!
LUIS. (Sólo se oye la voz.) Dime.
MARINA. ¿Te has acostado con Ruperta?
LUIS. ¿Qué dices?
MARINA. Ya lo has oído.
LUIS. ¿Será verdad que estás loca?
MARINA. ¿Eso te lo ha dicho Ruperta, verdad?
LUIS. Así directamente no, pero…
MARINA. Te lo ha insinuado.
LUIS. Pues sí.
MARINA. Y tú crees antes a una zorra con tacones que a tu mujer.
LUIS. Yo no sé que pensar.
MARINA. Mira cariño, ya estoy mucho mejor. He tenido una conversación con Susana, la secretaria del director general, que me ha abierto los ojos. Sé que ocurre en el trabajo.
LUIS. ¿Estás mejor? ¿De verdad?
MARINA. Creo que se me ha curado la depresión de golpe. De la rabia.
LUIS. Pero esa rabia…
MARINA. ¡Es rabia por lo que me han hecho!
LUIS. Bien, quizás esta noche vuelva a casa.
MARINA. Estupendo, cariño, así te contaré todo. Y no salgas con Ruperta.
LUIS. Pero si no he salido con ella, me la encontré por casualidad y ella insistió en ir a tomar algo y charlar.
MARINA. ¡La muy puta!
LUIS. No es nada malo. Estuvimos hablando de ti.
MARINA. Ya me contarás luego, ahora tengo que ir a la oficina. No, mejor, llamaré a Susana.
(Marina vuelve a marcar unos números.)
MARINA. ¡Hola Susana! ¿Cómo estás?
SUSANA. (Sólo se oye la voz.) Bien.
MARINA. ¿Está por ahí Ruperta?
SUSANA. No, hoy tiene el día libre.
MARINA. ¿Has hablado con Ramos?
SUSANA. Sí, ya he hablado con él.
MARINA. ¿Y qué dice?
SUSANA. Te dará otra oportunidad.
MARINA. ¿Si?
SUSANA. Eso me ha dicho.
MARINA. ¿Y Ruperta?
SUSANA. De Ruperta no hemos hablado nada.
MARINA. Como comprenderás no quiero trabajar con ella.
SUSANA. Pues me parece que no tendrás más remedio.
MARINA. Ya lo veremos. Gracias por todo, Susana. Pronto volveré.
SUSANA. Eso me alegrará mucho.
(Marina apaga el teléfono.) (Suena el timbre, es Luis.)
LUIS. ¡Hola cariño!
MARINA. (Fría.) ¡Hola!
LUIS. Deja que te explique.
MARINA. Di.
LUIS. No soportaba verte así.
MARINA. Si la respuesta que me vas a dar cuando yo esté mal es irte, no sé hasta que punto nuestra relación tiene sentido.
LUIS. Necesitaba estar fuera de casa para aclarar mis sentimientos.
MARINA. ¿Aclarar el qué?
LUIS. Si te quería o no te quería.
MARINA. Vaya, ¿y has aclarado algo?
LUIS. Sí, que te quiero, estés bien o estés mal.
MARINA. Si esa es la manera que tienes de demostrarlo…
LUIS. ¿Qué quieres que haga ahora? He sido sincero.
MARINA. Ahora la que necesita que te vayas soy yo.
LUIS. ¿Por qué?
MARINA. Porque si tengo que mandar a mis hijos fuera teniendo un marido que podría cuidarlos, si he pensado hasta en suicidarme, sola, aquí, en medio de un sufrimiento atroz, teniendo un marido que podría haberme consolado, no sé hasta que punto nuestra relación tiene futuro.
LUIS. ¿Quieres que me vaya?
MARINA. Sí.
LUIS. Bien, ¿y si quieres que me vaya, por qué me has llamado?
MARINA. Por Ruperta. Me ha hablado como si tuviera una relación contigo.
LUIS. Entonces todavía te importo.
MARINA. ¡Claro que me importas!
LUIS. Eso ya es algo positivo.
MARINA. Dame un tiempo de plazo, no sé, unos meses. Quizá para entonces vea las cosas de otra manera.
LUIS. Espero que no rompas nuestro matrimonio.
MARINA. Lo que decida entonces ahora no lo sé.
LUIS. Me voy.
MARINA. Estaremos en contacto telefónico.
LUIS. Sí, cariño.
(Luis se va.)
MARINA. Después de esta historia ya no volveré a ser la misma. No sé si volveré con Luis o no, no sé si Ramos me dará otra oportunidad como ha dicho Susana o cambiará de opinión, no sé si continuaré trabajando con Ruperta o no, lo que si sé es que nunca más volveré a ser la que era. ¡Cómo es posible que exista tanta maldad! Asimilar la maldad que existe en este mundo, y la injusticia, me va a llevar mucho tiempo. Ya no seré la misma no, después de esta experiencia. Cómo una amiga puede llevar dentro tanta envidia, que intente destruir tu vida de esta manera. ¿Podré volver a confiar otra vez en alguien? ¿Podré? ¿Podré volver a trabajar allí otra vez? ¿Y si dentro de poco tiempo Ruperta vuelve a calumniarme y todo vuelve a empezar? Lo mejor será que empiece a buscar otro trabajo desde ya, llamar a mis padres para que vuelvan mis hijos a casa y todo eso, ¡ya se verá!

(Cae el telón.)

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Acoso Moral

Nota previa:

El libreto de esta obra fue leído en calidad de primicia el domingo 22 de noviembre del 2003 en el marco del I Congreso sobre Acoso Moral en el Trabajo celebradas en Vitoria-Gasteiz .

La lectura estuvo a cargo de afectados por acoso laboral pertenecientes a las siguientes asociaciones contra el acoso : AVAL (País Vasco), ACAL (Madrid), ACAM (Cuenca), ASACAPT (Aragón), ASASCAPT (Asturias) y MOBBING NO! (Catalunya).