Una
joven directiva malagueña denuncia un año
de humillaciones y descalificaciones que terminó
con su despido el pasado 28 de septiembre
I. ALJARO.
MÁLAGA
¿Qué
cantidad de humillaciones, insultos y descalificaciones
puede soportar una persona hasta gritar basta? Desgraciadamente
la mayoría de las veces es la necesidad económica
la que marca la pauta. En otras ocasiones -cada vez más-
la dignidad consigue empujar con fuerza para que se dé
el paso, aunque asuste. Alicia Huertas pertenece a este
último grupo. Esta joven malagueña dirigía
las oficinas de Andalucía Oriental de la compañía
holandesa Randstad hasta que el pasado 28 de septiembre
la despidieron por motivos que considera improcedentes y
en los que alega acoso laboral. El próximo 6 de febrero
el juez decidirá.
"He dedicado a la empresa once años de mi vida
en los que nunca he tenido problemas con nadie", cuenta.
Hasta que llegó su último jefe, quien, asegura,
le fue erosionando la autoestima, le hizo perder ocho kilos
y le obligó a comenzar un tratamiento con ansiolíticos
tras varias crisis de ansiedad y un ingreso hospitalario
en Sevilla.
Sedución
Según relató a La Opinión de Málaga
y consta en el escrito remitido al juez, las primeras tiranteces
entre ella y su jefe comenzaron poco después de que
éste fuera promocionado en diciembre de 2005.
Conflicto
"Los
primeros meses la relación era buena, pero en un
viaje juntos a Marbella, me comentó que se había
quedado sorprendido con mi salario, que cómo había
llegado a esa cantidad siendo mujer, y en Andalucía,
que él sólo cobraba un poco más".
Ella no dijo nada entonces.
Acoso
Los primeros insultos ya la tildaban de "profesional
incompetente que quiere huir a otro proyecto". En realidad,
Alicia aspiraba a participar durante un par de meses en
un proyecto solidario de la Fundación Randstad al
que finalmente no fue por sentirse presionada. Su jefe rechazó
su propuesta de delegar sus responsabilidades en dos personas
-una mujer y un hombre- durante el tiempo que ella estuviera
fuera. "No quiero más mujeres manager",
recuerda que le dijo.
Entorno
y Empresa
El tono de las descalificaciones fue subiendo hasta llegar
a decirle en otro viaje que "el director general pensaba
que era una mierda, una engreída y que él
pensaba lo mismo". "Me dijo que todos mis compañeros
pensaban igual, que nadie me soportaba porque era muy competitiva
e inhumana".
Y así una tras otra, cuenta. "Me degradaba profesional
y personalmente, incluso me dijo una vez que no llevara
tacones, me recriminaba que hablara con jefes superiores
sin consultarle a él antes, que participara en eventos
a los que me invitaban... Eso sí, nunca lo hacía
delante de los demás. Era bastante cínico
y también me enviaba mensajes de felicitación
por mi trabajo, pero cuando se negociaron las subidas salariales,
yo fui la única que no tuvo, ni siquiera el IPC,
porque decía que ya cobraba bastante", denuncia.
De la incredulidad, Alicia pasó a la impotencia y
a la depresión. "No podía hacer nada,
mi autoestima estaba por los suelos, me había vuelto
insegura, obsesionada con el trabajo y con miedo a equivocarme".
Una nueva humillación en Sevilla y el inmediato ingreso
en el hospital por una crisis de ansiedad severa le hacen
decidirse a denunciarlo por acoso laboral en una comisaría
sevillana.
Exlusión
Tres
días después le llegó un burofax en
el que le comunicaban su despido.

Recuperación
http://www.laopiniondemalaga.es/secciones/noticia.jsp?pRef=3138_2_155690__Malaga-despertar-profesional-base-insultos